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Infantino y la eterna pretensión de separar el fútbol de la política

Fue muy rara la conferencia de prensa del presidente de la FIFA Giani Infantino en la Sala Virtual Uno del Convention Centre a horas del inicio de un nuevo Mundial. En general, no se esperaba que de su parte, y no obligado por las circunstancias (esto es, empujado por las preguntas de los periodistas), terminara politizando la reunión, pero fue él quien lo decidió, de alguna manera jugando al contragolpe, para ponerlo en términos futbolísticos, ya que estamos en este contexto.

19/11/2022 22:46

Por Sergio Levinsky, desde Doha. Enviado Especial.

E Infantino fue con todo, porque aprovechó la ocasión (tenga razón o no) para que el mundo entienda que no tiene un pelo (de hecho, no lo tiene) de tonto y que su bagaje es bastante fuerte, respondiendo con buena expresión en cuatro idiomas (castellano, italiano, inglés y francés de acuerdo a las preguntas) y con una postura que puede ser discutible, pero que nadie puede afirmar que no es rotunda y con una buena base de sustentación.

Infantino quiso que quedara medianamente claro que los “ataques” periodísticos hacia la situación de Qatar y los Derechos Humanos es una mera construcción con un cierto grado de hipocresía (discurso que cae muy bien en una platea que podríamos llamar “falso progresista”) y que parte de la idea de que Occidente no está para dar clases de nada con sus propias carencias y sus propios problemas internos.

No fue casual que Infantino haya dicho que para que el periodismo occidental criticara a Qatar y las restricciones internas en el país organizador del Mundial que se inicia hoy, “primero hay que mirarse en el espejo” y hasta se definió, un poco con grandilocuencia, como “un luchador por los Derechos Humanos” y puso como ejemplo sus reuniones con mandatarios de Irán o Afganistán `para que faciliten el acceso de la mujer al fútbol, o como factótum para que se iniciaran los vuelos directos entre Israel y Qatar, dos países que no tienen relaciones diplomáticas, “gracias al fútbol” y que incluso, en esos vuelos viajan juntos israelíes y palestinos, que se encuentran en un conflicto permanente. O, del lado occidental, que hasta los años noventa (y lo repitió, por las dudas) las mujeres no tenían derecho a votar en algunos cantones suizos.

“Lo que sucede es que las consecuencias de estos actos no se verán ahora sino en el futuro”, plantea Infantino, que contesta con una pregunta cuando le plantean que cómo Inglaterra va a enfrentar sin más a Irán en este Mundial con los problemas que están teniendo las mujeres en el país asiático que son de conocimiento público. “¿Acaso en Inglaterra no hay ningún problema para que usted me plantee eso?”, dice, desafiante, y agrega “es que no es un partido entre dos regímenes sino apenas entre dos equipos, y hay millones de personas en esos países que quieren ver fútbol, y no los queremos dejar por un tema ajeno”.

 

 

“Por favor, atáquenme a mí, crucifíquenme si quieren, pero les pido que dejen en paz a Qatar, a los futbolistas, a los entrenadores y a los árbitros. Celebren la llegada de un Mundial que se juega en un país pequeño en el que nadie se habría imaginado ser sede y tener todo esto tan cerca como nunca soñó”, implora el políglota presidente de la FIFA, tan diferente a su antecesor Joseph Blatter en cuanto a un discurso, ahora, más cercano a los deseos del progresismo teórico.

Infantino preparó hasta un discurso para la pregunta sobre por qué lleva meses viviendo en Qatar, lo que le valió una dura crítica reciente de Blatter acerca de que él “es el presidente de la FIFA y no un miembro del Comité Organizador y no tiene nada que hacer allí”, dijo el ex mandatario suizo entre 1998 y 2015. “Yo no vivo en Qatar -intentó corregir Infantino- sino que paso mis días en Qatar pero vivo en Zurich. Pero yo viajo todo el tiempo, soy un ciudadano del mundo, y no por eso vivo en ninguno de todos los países que visito”, indicó.

Pocas veces, o acaso nunca, un presidente de la FIFA fue tan al hueso en temas tan complicados de abordar para una figura pública de ese calibre, al punto de que no eludió ningún aspecto, ni siquiera el de la prohibición de beber cerveza en los estadios aunque uno de los mayores auspiciantes de la FIFA sea Budweiser. “A los que quieren beber cerveza, mi opinión es que si por un día no lo hacen por tres horas, creo que van a poder sobrevivir y si es por la gente de la marca que es nuestro sponsor, nos acaban de respaldar por cuatro años más, hasta el Mundial 2026, porque saben que cada país tiene sus reglas pero de fondo confían en nosotros”.

 

 

“Para nosotros, cada una de las 211 asociaciones que forman parte de la FIFA, son lo mismo porque somos una organización global. Es cierto que este Mundial implicó pasar la competencia a fines de año y que muchos protestaron, pero nos debemos a todos”, dice Infantino aunque no parece fácil rebatirlo, pero Human Rights sì lo hizo cuando lo reprendió cuando comenzó con este discurso de que hay que enfocarse al fútbol y vivir el “ahora” y celebrar “la fiesta”, una pretensión de sacar una foto y olvidar la película, lo que parece realmente difícil porque somos políticos y cada decisión que tomamos es política e implica renunciar a otra. Algo así como querer tapar el cielo con un pañuelo.

Tal vez sería más fácil imaginarnos si ahora estuviéramos en 1978 y a un día de comenzar el Mundial de Argentina, y viniera Infantino a decirnos (a todos) que dejemos de lado lo que pasa con la dictadura militar y centrémonos en la “fiesta del fútbol”. ¿No les suena familiar?

 

El problema no es sólo la peligrosa derivación de un discurso pretendidamente progresista y globalizador (que de paso capta votos y voluntades) sino que muchos sabemos la verdadera causa por la que, finalmente, estamos todos aquí y no en otro lado. Y esa causa no tiene, por ahora, las pruebas suficientes. Pero si ladra como un perro, mueve la cola como un perro, tiene cuatro patas como un perro, y dice guau...generalmente suele ser un perro.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.