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Histórico: con más garra que fútbol, Argentina repitió en el Maracaná

Lo que parecía un desastre organizativo y un partido a punto de suspenderse por una vergonzosa represión policial, terminó en festejo loco de los jugadores argentinos en el césped, y sus compatriotas saltando en las tribunas del legendario estadio Maracaná de Río de Janeiro.

22/11/2023 01:00

Por Sergio Levinsky, desde Barcelona

La selección argentina campeona del mundo, que inició una época virtuosa en esta joya arquitectónica construida para el Mundial de 1950 cuando venció a Brasil en la final de la Copa América 2021, dos años más tarde volvió a conseguirlo y por la clasificación a la Copa del Mundo de 2026, al imponerse por 1-0 con un gran cabezazo de Nicolás Otamendi tras un córner desde la izquierda de Giovani Lo Celso, y muchos, con el tiempo, se olvidarán de todo lo friccionado que fue el partido hasta ese momento.

Nunca, en toda la historia de clasificaciones mundialistas, la selección brasileña había perdido como local y ese dato también muestra la relevancia del éxito, más allá de que los locales no contaron con varias de sus figuras por lesión: Ederson, Danilo, Militao, Casemiro, Neymar, Paquetá y Vinicius Junior. Es más de medio equipo, y es una excusa aceptable para su entrenador Fernando Diniz, el mismo que consiguió recientemente la Copa Libertadores con el Fluminense.

Había dudas lógicas con la selección argentina porque cinco días atrás no había jugado bien ante Uruguay en la Bombonera y había perdido con justicia. La ocasión de enfrentar a Brasil en el Maracaná era justo lo que necesitaba este equipo con espíritu ganador, como para dar vuelta la página, aunque en cuanto al rendimiento, especialmente del medio hacia arriba, siga en deuda.

Lo cierto es que el equipo de Lionel Scaloni sigue puntero en el grupo sudamericano con 15 puntos sobre 18, una muy buena cosecha para el final de esta etapa en 2023 y recién en la segunda parte de 2024 volverá la clasificación con otros seis partidos, en lo que ya termina otro año en positivo.

El comienzo no pudo ser peor. Los dos equipos habían salido a la cancha pero la represión policial hacia los hinchas argentinos en la tribuna era tal, que tuvieron que acercarse los protagonistas a apaciguar los ánimos, pero todo siguió igual y entonces el capitán albiceleste, Lionel Messi, comunicó a la terna arbitral que así no se podía jugar y el plantel visitante regresó al vestuario, ante las quejas de los rivales. Todo parecía encaminarse a una suspensión que recordaba la de la clasificación anterior, aunque allí se jugaron unos pocos minutos y todo acabó cuando la agencia sanitaria quiso impedir que participaran algunos jugadores supuestamente por no haber dado a conocer su ruta de viaje en tiempos de Covid. Ahora, el tema era la represión inconcebible.

Tras media hora de espera, con los ánimos más tranquilos, los jugadores volvieron al césped y el partido se jugó, aunque demasiado interrumpido por la enorme cantidad de faltas de los dos lados y casi nulas chances de gol. Apenas contamos una del delantero brasileño Martineli, que tampoco fue de peligro excesivo.

El equipo argentino mostraba solidez atrás y oficio en el medio, pero casi nada en ataque, con Lionel Messi muy limitado por molestias físicas, y otra vez Julián Álvarez desconectado del juego. Brasil llevaba el peso del partido, pero sin muchas ideas. Empujando hacia adelante pero muy bien controlado por los dos centrales, Nicolás Otamendi y Cristian Romero, y la ayuda de los volantes, más preocupados por defender que por atacar.

Poco y nada cambió en el segundo tiempo, apenas un mano a mano con Martinelli que tapó muy bien “Dibu” Martínez, pero cuando el equipo argentino pudo adelantarse un poco en la cancha, lo aprovechó muy bien y así llegó el córner de Lo Celso y el gol de Otamendi, con un cabezazo limpio, lejos del alcance de Alisson Becker.

Diniz, el director técnico de la selección brasileña, realizó varios cambios, metiendo cada vez más jugadores en ofensiva y hasta quitó a un marcador central, Gabriel Magalhaes, para adelantar las líneas buscando el empate, pero ya se encontró con un muro albiceleste, incluso cuando Messi ya salió porque no podía más y fue reemplazado por Ángel Di María, quien se despidió en andas de las tierras sudamericanas con la camiseta nacional luego de una brillante carrera, porque sólo disputará, de aquí en más, amistosos y la Copa América de Estados Unidos antes del retiro con la Selección.

Los minutos finales se parecieron mucho, demasiado, a lo que ocurrió en la final de la Copa América dos años atrás y en el mismo estadio. Brasil quiso, pero no pudo. Chocó contra su propia impotencia. Y un equipo argentino que fue sólido, defendió bien y tuvo oficio, maquilló su falta de creatividad de estos últimos tiempos con un triunfo histórico, inolvidable.