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El fútbol sudamericano, furgón de cola de Europa

El proceso no comenzó ahora sino con la llamada “Ley Bosman”, a mediados de los noventa, cuando a partir del juicio civil de un jugador belga, el fútbol europeo debió aceptar el libre tránsito de todos los jugadores con pasaporte de ese continente.

18/12/2021 22:41

 

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Los equipos más poderosos, aunque la gran mayoría, en líneas generales, se llenaron de jugadores de distintos países y entre ellos, los sudamericanos con pasaporte europeo, que a su vez, dieron lugar a que el cupo de extranjeros, es decir, no comunitarios, fuera ocupado por otros nuevos sudamericanos que al adquirir la nacionalidad europea por años de residencia, dejaban el cupo a otros nuevos.

Así es que la emigración de futbolistas sudamericanos a Europa se hizo masiva y generó otras consecuencias económicas, culturales, deportivas y políticas que fueron separando cada vez más al fútbol europeo del resto del mundo hasta llegar a estos días con una notable diferencia a favor del Viejo Continente, que es el que dicta las reglas de juego.

Desde lo económico, la cantidad de estrellas cada vez mayor de todo el mundo y la diferencia de valor del euro (o la libra esterlina) sobre el resto, hizo que todos aspiraran a jugar en las principales cinco ligas europeas que, además, a sabiendas de la muy mala situación del continente y del peso de su moneda, se acostumbró a pagar mucho menos por lo que un jugador vale o puede darles.

Desde lo deportivo, el hecho de que la gran parte de la élite sudamericana juegue en clubes europeos determinó que ya resulta muy difícil para una selección de nuestro continente poder mantener una tradición en el juego toda vez que sus futbolistas se encuentran en gran parte de la temporada formando pate de otros sistemas tácticos, de otra manera de ver el juego y resulta cada vez más difícil adaptarse a un plantel que se ve no más de un mes en todo el año, y en no más de una semana por cada compromiso.

Así es que Europa fue necesitando cada vez menos de Sudamérica (como del resto de los continentes, a los que, en verdad, nunca tomó como competencia). Todos los buenos jugadores están o aspiran estar en ella. Los seleccionados sudamericanos, al no poder imponer su estilo, terminan sin más remedio que copiar el modelo proveniente del otro lado del océano, que es, incluso, el que imponen los medios de comunicación porque los partidos de las mejores ligas no tienen competencia entre los espectadores por la enorme diferencia de espectáculo y de estrellas que pueden brindar. De esta forma, siempre se impone el original a la copia, con muy escasas excepciones. Un ejemplo claro es el Mundial. No sólo el último campeón sudamericano fue Brasil en el lejano 2002 sino que ya en Rusia 2018, los cuatro semifinalistas fueron europeos. En los mundiales de Clubes, desde 2007 a la actualidad y jugándose anualmente, sólo Corinthians consiguió batir al Chelsea en 2012, hace ya nueve años.

Sin necesidad de contar con Sudamérica, de la que ahora se llevan a la mayoría de sus jugadores cuando aún no llegaron a la Primera o apenas si llevan una temporada, el fútbol europeo se fue cerrando. Ni los amistosos de selecciones hicieron falta. Entonces, la UEFA leyó bien la realidad y creó la llamada Liga de las Naciones, un tercer torneo, además de la Eurocopa y de la clasificación al Mundial, que permite competir, con ascensos y descensos en cuatro categorías y al mismo tiempo, ocupar así las escasas fechas FIFA libres del año y evitar enfrentar a equipos nacionales que no sean del continente.

De esta forma se mataron varios pájaros con el mismo tiro, porque al competir entre sí, se logra evitar que todos los jugadores europeos viajen fuera del continente para amistosos, de los que antes volvían o cansados o con chances de lesionarse y entonces los clubes poderosos podían perderlos para sus ligas o los torneos continentales como Champions o Europa League, algo que se conoce con el inquietante nombre de “Virus FIFA” (algo así como que la FIFA y su romántica idea de priorizar el nacionalismo sobre la economía de los clubes poderosos, generaba un problema a Europa).

Por si faltara poco, a todo esto se agregó en los últimos años una alarmante búsqueda desesperada de negocios por parte de una inescrupulosa dirigencia de la Conmebol, que se encontró al asumir con que las principales fuentes de financiación de la entidad estaban tomadas por la generación anterior, que cayó con el FIFA-Gate en 2015. Había que salir a buscar otros recursos. No en vano, el lema fue desde el inicio “Pensar en Grande”.

Entonces, la actual dirigencia no se inmutó cuando trasladó la final de la Copa Libertadores de 2018 entre River y Boca a Madrid, habiendo tantas opciones de sedes en el continente sudamericano, o para hacer jugar los torneos continentales en medio de una pandemia. Había que recaudar.

Sumado a esto, aparece la falta alarmante de ideas o, al menos, la intención de no esforzarse demasiado en pensar porque pasó a ser prioritario el hecho de acercarse a la UEFA y si se puede, copiar cada uno de sus movimientos. La final única en las Copas de equipos, los shows en los sorteos con el mismo tipo de animación (y hasta con clubes repetidos en sus “azarosos” beneficios de los dos lados del océano), luego se agregó la eliminación del valor doble de los goles del visitante y el último botón de la muestra fue la asociación entre las dos entidades, con una oficina en Londres y la chance de jugar cada cuatro años una nueva Copa (otra más) entre los campeones de la Eurocopa y la Copa América.

Por si faltara poco, en estas horas nos enteramos que el esloveno Aleksander Ceferin, el titular de la UEFA, prepara otro golpe al calendario, ya reventado de fechas de partidos de toda laya: la invitación a la Conmebol para que sus diez seleccionados participen en las distintas categorías de la Copa de las Naciones. Sí, tal como se lee: los diez seleccionados sudamericanos participando en una copa europea, que acaso pase a ser bi continental desde 2024.

Si una clara causa de la creación de este torneo es anticiparse a la FIFA (gran adversaria de la UEFA) con su idea de Liga Mundial de selecciones y hasta del Mundial cada dos años (porque esta Liga de las Naciones sería un Mundial cada año aunque sin el resto de los continentes), una consecuencia de lo mismo será que ahora en las fechas FIFA de amistosos, Europa y Sudamérica serán las que se cierren a cotejar con el resto, que se las tendrá que rebuscar para competir en un nivel aceptable.

A mismo tiempo, al tener a las selecciones sudamericanas jugando en Europa, se bloquea el “Virus FIFA” también as ellas, con lo que prácticamente se pasa a controlar un altísimo porcentaje del total de los futbolistas, para que no se quejen los dirigentes de los clubes poderosos, que ya vienen amenazando a la UEFA con armar una Superliga a discreción.

Lo que también resulta evidente es que, tal como en aquel desfile militar del 4 de julio de 1991 en los Estados Unidos, en tiempos de “Relaciones Carnales”, cuando algunos armamentos argentinos aparecieron detrás del despliegue local en el día de su independencia, el fútbol sudamericano se está convirtiendo cada vez más en el furgón de cola de Europa.

 

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.