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El fútbol argentino y la guerra contra las sociedades anónimas

El pasado 20 de diciembre -no podía haber mejor fecha emblemática- el presidente argentino Javier Milei anunció un gran paquete de medidas de “necesidad y urgencia” entre las que, en su número 334 se implementó la “modificación de la ley de las sociedades para que los clubes de fútbol puedan convertirse en sociedades anónimas si así lo quisieran”, en lo que, sin dudas, representa el regreso de uno de los mayores desafíos a los que la AFA y los clubes se vieron sometidos en los últimos tiempos, habiendo logrado resistir el embate anterior durante el pasado gobierno de Mauricio Macri entre 2015 y 2019.

30/12/2023 21:37

Por Sergio Levinsky, desde Barcelona

Macri -hoy presidente de la Fundación de la FIFA y, para muchos, aspirante a suceder a Gianni Infantino como titular de la entidad futbolística mundial y verdadero impulsor de este decreto- ya lo intentó varias veces en el pasado. En los años noventa chocó con el entonces presidente de la AFA, Julio Grondona, en una votación donde contó solamente con su propio sufragio, y luego, en su gobierno nacional, apretando a los clubes por el lado de la subida de las alícuotas hasta un siete por ciento en el caso de negativa a los cambios jurídicos.

Ahora, tras aquella experiencia fracasada, y que dio lugar a que resignadamente, en 2017 le diera la venia al actual presidente de la AFA, Claudio Tapia, para que llegara al poder del fútbol en el famoso pacto de Mar del Plata con su ex suegro y ex presidente de Independiente, Hugo Moyano (alianza entre Boca, Racing, Independiente y Huracán con los muchachos del Ascenso Unido), vuelve con todo a sabiendas de que hay que atacar enseguida y con prisa pero sin pausa, y busca el ingreso de capitales para la compra de clubes argentinos de fútbol de manera inmediata, pero ¿cuál es la necesidad y cuál es la urgencia para que esto tenga que salir por decreto?

En el fútbol español rigen las llamadas SAD (Sociedades Anónimas Deportivas) desde 1992, cuando el Estado (en aquel tiempo, bajo un gobierno socialista, el de Felipe González) se vio obligado a cambiar el statu jurídico de la mayoría de las entidades del balompié por sus enormes deudas y su situación económica ruinosa. Entonces los saneó, se apoderó de sus ingresos en las quinielas (apuestas de resultados) y apenas cuatro, con buena administración, continuaron siendo asociaciones sin fines de lucro: Real Madrid, Fútbol Club Barcelona, Athletic de Bilbao y Osasuna. Todos los demás son SAD. ¿Pero esa actualidad es la de los clubes argentinos de finales de 2023 o principios de 2024?

Desde esta columna venimos insistiendo en que el problema más acuciante del fútbol argentino pasa por las malas administraciones. Este periodista realizó la primera tesis de la historia de la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires relacionada con el fútbol. Su director, Héctor Palomino, sugirió revertir el modelo pensado originalmente, que eran los egresos de los clubes rubro por rubro, para investigar los ingresos, que terminaron sorprendiendo y hasta impactando al autor: los rubros eran casi interminables y estamos refiriéndonos a 1988. Treinta y cinco años más tarde, esos ingresos se multiplicaron casi exponencialmente con la globalización, la Ley Bosman (1995) y el mayor desarrollo del marketing.

La industria del fútbol argentino, lo hemos advertido reiteradamente, debería ser la envidia de las otras porque cumple con los requisitos básicos del éxito: posibilidad de exportar y con vínculos directos en el exterior, y en moneda fuerte extranjera, para luego vivir en pesos, pero, además, con chances de regenerarse permanentemente con nuevos jugadores surgidos de sus propias divisiones inferiores que podrían emigrar en un círculo infinito.

Esto significa que los clubes, con ingresos por transferencias al exterior, marketing, derechos de TV, abonos a palcos y plateas, cuotas societarias, marcas de indumentarias en sus camisetas, naming de los estadios y tantas otras posibilidades, deberían estar pletóricos, con piletas olímpicas, albergar numerosos deportes, ofrecer un servicio de calidad a sus asociados y crecer de manera constante aún con las crisis del país.

Sin embargo, esto no ocurre porque se contratan jugadores de más, o sin necesidad, porque los entrenadores son siempre los mismos que andan rotando, muchas veces cercanos a los representantes que se van quedando con parcelas del club a cambio de prestarle jugadores con un plazo corto para sacarles rédito y exportarlos -ellos-, porque solapadamente y fuera de presupuesto, o desde la Caja B, deben pagarles a las barras bravas para que no les rompan la institución, y porque a espaldas de los socios, se pagan fortunas a los protagonistas de los respectivos planteles y se tapa con jugadores veteranos, muchas veces, a las jóvenes figuras que podrían aparecer. Es decir, se terminaron conformando mafias que se fueron apoderando del fútbol con la anuencia general dirigencial, y cuando aparece una excepción, como Javier Cantero, en Independiente, el sistema necesita barrerlo pronto de ese lugar para perpetuar el negocio.

Es esto, y no otra cosa, lo que da luego lugar a que reaparezca Macri, luego de no haber podido conseguir su propósito durante su presidencia, para imponer una vez más esta idea de las sociedades anónimas desde la justificación de una crisis que no tiene que ver con lo que aduce -la insostenibilidad del sistema de las asociaciones civiles sin fines de lucro- sino basado en los resultados de administraciones cuanto menos incapaces.

Por si faltara poco, el pasado 23 de noviembre, en la última Asamblea de la AFA, los clubes se manifestaron clara y masivamente contra un cambio en el estatuto, con la sola excepción de Talleres de Córdoba, que a esta altura enarbola en solitario el deseo de ser SA porque sí existen otros formatos, pero de gerenciamiento del fútbol dentro de lo que se acepta como una asociación civil sin fines de lucro, como es el caso de Defensa y Justicia. Si aquello fue un intento de marcarle la cancha a Milei cuatro días después de haberse impuesto a Sergio Massa en el Balotaje, un mes más tarde, el pasado 23 de diciembre, en ocasión de la final por el Trofeo de Campeones en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, los dos equipos, River y Rosario Central, salieron a la cancha con la pancarta “El fútbol no tiene necesidades ni urgencias”.

Por otro lado, la ley 20.655, conocida también como Ley del Deporte -actualizada en 2015 como ley 27.202, que consagra el principio de autonomía de las entidades deportivas, quedaría, de esta manera, al igual que el estatuto de la AFA -que prohíbe el ingreso de las SA en su artículo 1 y en el 9 dice que los clubes “deberán ser asociaciones civiles sin fines de lucro”- por debajo del DNU de Milei/Macri. Esto dará lugar a una nueva batalla de la guerra entre el intento de privatizar los clubes, y la resistencia de estos a pasarse al nuevo modelo.

¿Qué puede ocurrir? Por ejemplo, que Talleres de Córdoba pretenda ser el alumno bueno del nuevo modelo y quiera participar de los torneos como SA, por lo que, según el estatuto de la AFA, sería rechazado y como el DNU lo autoriza, daría lugar a que el Estado decida intervenir la AFA y de esta forma, cambiar el statu jurídico a partir de entonces.

“Si vos tenés la posibilidad de que grupos inviertan en el fútbol y desembolsen mil millones de dólares, ¿no está bueno?”, se preguntó en la semana, con falsa ingenuidad, el ministro de Justicia y asesor de Racing Club, Mariano Cúneo Libarona (más tarde, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, exageró la cifra en cinco mil millones). Parece que el funcionario tiene muy mala memoria. Racing estuvo muy cerca de desaparecer como entidad a fines del siglo XX, como consecuencia del gerenciamiento de ”Blanquiceleste SA”, mientras que San Lorenzo se salvó por los pelos porque sus socios e hinchas se opusieron a que asumiera la multinacional ISL, ligada a la FIFA y que traía el expresidente del club, Fernando Miele. A los pocos meses, ISL se fundió.

Tampoco se cuenta la verdad sobre el tan ponderado fútbol brasileño, donde sobran los ejemplos de malas administraciones y capitales golondrina como cuando Parmalat dejó con las manos vacías al Palmeiras porque ya había hecho su negocio, o cuando el grupo Berezovsky hirió de muerte al Corinthians luego de prometer un nuevo estadio, dejándolo en el descenso en 2007 luego del paso de Carlos Tévez, Javier Mascherano y del entrenador Daniel Passarella, entre tantas figuras.

No se cuenta tampoco, dentro del éxito de grupos como el City. Las cuentas opacas de muchos clubes de la Premier League inglesa, o que el torneo es excluyente para las clases media baja y baja por los altos costos de las localidades, o que en el camino desaparecieron decenas de clubes arraigados, porque el capitalismo salvaje los fue exterminando.

Lo que no dice tampoco Cúneo Libarona es que para que entren unos dudosos mil millones de dólares a los clubes, estos deberán ser entregados a sus dueños, sin importar el valor de sus conquistas, sus recuerdos, su historia. ¿Cuánto valen las siete Copas Libertadores de Independiente, las seis de Boca, las cuatro de Estudiantes de La Plata, o la intercontinental ante el Manchester United de Bobby Charlton, Dennis Law o George Best?

“¿A quién carajo le importa quién es el dueño si le ganás a River 5-0 y sos campeón del mundo?, ¿O preferís seguir en esta miseria que tenemos de fútbol de peor calidad?, ¿vos preferís perder 4-0 contra el Milan pero decir ‘soy nacional y popular’ antes de pegarle un baile de novela?”, se preguntaba el presidente Milei para justificar la entrada del capital privado en el fútbol.

Milei, hincha de Boca y admirador de Martín Palermo, parece no recordar que, en 2000, y siempre siendo una asociación civil sin fines de lucro, Boca, y especialmente su denostado Juan Román Riquelme, le daba un baile al Real Madrid de los “Galácticos” en Japón, y tres años más tarde volvía a coronarse en el mismo país ante el Milan campeón de Europa, y con presupuestos muchísimos más bajos. El presidente de ese club, sin capitales privados, era un tal Mauricio Macri., quien gracias a esos títulos terminó proyectándose primero a jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y luego a la presidencia de la Argentina, utilizando para ello el argumento de la buena administración de la entidad xeneize.

¿No se tratará de eso, entonces, al fin y al cabo?

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.