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El Barcelona se juega su identidad

Salvo por algunos pocos columnistas que lo vienen alertando como pueden, muchos hinchas y gran parte de los socios del Fútbol Club Barcelona parecen adormecidos, inertes, sin darse cuenta de que estos meses son y serán decisivos para el futuro del club por la enorme deuda que arrastra y que va derivando en que buena parte de los actores principales que merodean la entidad ya comiencen a lanzar globos de ensayo de un eventual pase a una sociedad anónima, algo a lo que siempre se resistió.

03/02/2024 22:37

Por Sergio Levinsky, desde Barcelona

 

El actual presidente, Joan Laporta, el mismo de los gloriosos tiempos de los grandes equipos, los Balones de Oro, las Champions Leagues y la bandera del mejor fútbol que por muchos años se haya visto en todo el mundo, aseguró en estas horas, en una larga entrevista, que mientras de él dependa, el Fútbol Club Barcelona nunca será una sociedad anónima ni se plantea siquiera el modelo del Bayern Munich, por el que los socios retienen el porcentaje mayoritario del capital y el resto lo manejan distintas empresas que tienen una especial sinergia deportiva con la entidad alemana.

Lo cierto es que el Barcelona viene experimentando un importante quedo futbolístico en los últimos tiempos a partir de las carencias económicas por su deuda de 1300 millones de euros a manos de grandes fondos de inversión y bancos como Goldman Sachs y JP Morgan, que salvaron distintas situaciones límite y al mismo tiempo, contribuyeron a la remodelación del Camp Nou, el estadio que el club utiliza desde 1957 y que volvería para el 125 aniversario en noviembre próximo, mientras ahora el equipo oficia de local en el estadio Olímpico de Montjuic, al que concurre muchísima menos gente que lo habitual por estar emplazado en una zona montañosa y de difícil acceso.

Pero no sólo eso: los aportadores de dinero también lo hicieron para la construcción del llamado “Espai Barça”, una zona parquizada que contempla un conglomerado que una el estadio remodelado con otras arenas para la práctica de otros deportes, obligados por la situación edilicia y también, para seguir compitiendo contra el Real Madrid, que con una enorme inversión termina de reconstruir un moderno Santiago Bernabeu en pleno centro de la capital española.

Si se menciona al Real Madrid, también hay que señalar que si siempre fueron duros adversarios con el Barcelona, hoy puede decirse que están más cerca de ser enemigos, aunque estén atados a un mismo proyecto futuro de competiciones, la llamada Superliga de Europa, una idea del presidente blanco, el muy poderoso empresario de la construcción, Florentino Pérez, quien viene sosteniendo que los más jóvenes no se interesan más por el fútbol por lo largo de los partidos, las permanentes ofertas de otras actividades y lo previsible de los resultados de las competencias.

Disgustado con la UEFA porque los partidos de la Liga de Campeones de Europa son pocos en el total y el dinero de los derechos de televisión es escaso, hace tiempo que viene intentando convencer a los poderosos de las principales ligas del continente para armar un torneo en el que sean las propias entidades las que decidan el derecho de admisión y que la cantidad de partidos de una misma temporada superen por mucho a los de la Liga de Campeones, para ganar mucho más dinero. Pérez, seguido del Barcelona y la Juventus, había conseguido el apoyo de los seis equipos top de la Premier League inglesa, del Atlético de Madrid, el Milan y el Inter de la Serie A, el Bayern Munich y el Borussia Dortmund alemanes y el PSG, pero a último momento, la mayoría decidió apartarse por razones políticas.

Desde entonces, Real Madrid y Barcelona, en solitario, se pusieron a buscar otros socios, que ahora Laporta cita: Nápoli, Roma, Olympique de Marsella, Sporting, Benfica y Porto de Portugal, dos equipos belgas y tres holandeses, entre otros, con los que dar un puntapié de salida no más allá de la temporada 2025/26, para competir con la Liga de Campeones de la UEFA, a partir de un reciente fallo del Tribunal de Justicia europeo que nunca mencionó al nuevo torneo sino que apenas se limitó a señalar que ninguna entidad puede arrogarse en Europa del monopolio de la organización de certámenes, aunque el presidente de la UEFA, el esloveno Alecsánder Ceferin, ya advirtió que aquellos que jueguen una eventual Superliga, no podrán participar en el torneo oficial de su entidad.

Claro que si el Barcelona está atado a su enemigo Real Madrid, cuando sus presidentes apenas si mantienen la relación, es porque el JP Morgan aporta 15 mil millones de euros para el nuevo certamen, mientras que la Superliga prepara su canal de streaming para transmitir gratis la totalidad de los partidos, sostenidos por publicidad cautiva, lo que a su vez podría generar un desastre a los principales medios que suelen transmitir estas competencias y tal vez sea por esto -o no sólo- que un empresario de medios e independentista catalán como Jaume Roures, tan ligado a los azulgranas, esté tratando de explicar en cuanto micrófono le pongan delante que no estaría mal aplicar en el club el modelo del Bayern que Laporta resiste: al fin de cuentas -sostiene- vender una parte a los grandes capitales (entre los que podría incluirse él mismo desde Mediapro, uno de los grandes conglomerados mediáticos) deja a los socios en el control del paquete mayoritario pero ahora, de un club sin deudas.

El proyecto de Superliga, entonces, es el único motivo que mantiene al Barcelona cerca del Real Madrid cuando al mismo tiempo sostienen una enorme batalla por el tema arbitral desde la existencia de la difusión del caso Negreira por el que se supo desde 2023, a partir de una investigación periodística, que el club catalán le venía pagando al ex árbitro José María Enriquez Negreira hasta 7,5 millones de euros desde los tiempos de Josep Luis Núñez y Joan Gaspart, al menos desde principios de siglo, por un supuesto asesoramiento mientras el árbitro era, a su vez, vicepresidente del Comité Arbitral y éste le facturaba al club.

Esta información derivó en un escándalo no sólo desde la prensa de Madrid, que comenzó a poner en duda todos los títulos del Barcelona en este último tiempo (incluso, de los gloriosos años de Josep Guardiola como entrenador) sino que el caso derivó en la Justicia civil, aunque en estos días hay una puja entre el juez, que cree que se trata de un soborno a un funcionario público a partir de la base de que para él la Federación Española es un organismo público, y el fiscal, que considera que al no ser público el cargo de Enriquez Negreira, el caso no tiene sentido.

Sin embargo, el Real Madrid  no sólo se apersonó en el juicio sino que se considera damnificado, ante la creencia de que el Barcelona, con este pago al ex árbitro, adulteró la liga e influyó en sus resultados, algo que niega rotundamente el club catalán, que sostiene que esos pagos eran por asesoramiento, aunque por detrás su entorno defiende que la pretensión era lisa y llanamente controlar al Real Madrid, el que siempre manejó el Comité Arbitral a partir de contactos políticos y que es el verdadero favorecido de siempre en los partidos oficiales españoles.

Con el caso aún sin resolver, pero con la sospecha instalada por la prensa madrileña y por la propia Liga (su presidente, Javier Tebas, es otro de los adversarios de Laporta e implacable a la hora de la aplicación del Fair Play Financiero, que no le permite a los catalanes contratar jugadores mientras mantengan una deuda muy alta), antes de cada partido de la liga española, el canal institucional Real Madrid TV publica antecedentes de los árbitros que le tocan al equipo blanco, y por lo general señalan sus errores pasados, una forma -se dice en Barcelona- de condicionarlos.

“No hace falta decir lo que todos ven y ya lo dijo días pasados el Cholo (Diego) Simeone”, manifestó Xavi Hernández, el entrenador del Barcelona, en referencia al Real Madrid y los arbitrajes, y a su colega del Atlético Madrid y director técnico argentino del Atlético de Madrid.

Precisamente el Atlético es el mayor adversario del Barcelona para sus objetivos inmediatos en los que se juega una importante tajada de dinero: por el momento no participará de la próxima Supercopa de España en enero de 2025 en Arabia Saudita porque en ella estarán los dos finalistas de la Copa del Rey (en la que los azulgranas ya fueron eliminados) y los dos primeros de la liga (entre los que no se encuentra en este momento), perdiendo de cobrar un mínimo de 7 millones de euros, mientras que hasta hoy irá al Mundial de Clubes de los Estados Unidos de 2025, porque España tiene dos plazas y una es para el Real Madrid, campeón de la Champions 2022. La segunda plaza, por el momento, sería para el Atlético, al que el Barcelona deberá superar haciendo una mejor campaña en Europa, algo que no parece fácil.

Por todo esto, los próximos tres meses, hasta que termine la temporada 2023/24, serán cruciales para el Barcelona. Se juega demasiadas cosas a la vez y deberá buscar entrenador nuevo, al anunciar Xavi que dejará su cargo el 30 de junio.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.