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Caso Byron Castillo: nacionalismo y sentido común

Con la melodía de “Top Gun”, el club mexicano León presentaba en las últimas horas a su nueva contratación, el ecuatoriano Byron Castillo, quien por fin podía respirar tranquilo luego de haber vivido semanas muy angustiantes en las que lloró y esperó ansiosamente el fallo de la FIFA que tuvo en vilo al mundo del fútbol.

11/06/2022 22:18

Por Sergio Levinsky. Especial para Jornada

Es que Castillo vivió un calvario desde que la Federación Chilena, a través de su prestigioso abogado brasileño Eduardo Carlezzo, presentara una demanda ante la FIFA solicitando que la selección ecuatoriana perdiera todos los puntos de la reciente clasificación mundialista, en la que finalizó cuarta, por supuesta mala inclusión de este jugador de 23 años, que militaba en el Barcelona de Guayaquil.

Lo que llamó la atención de esta demanda de la Federación Chilena es que sostenía que en ocho partidos, la selección ecuatoriana había presentado una alineación indebida por supuesta falsificación de documentos porque, argumentó, Castillo en verdad no había nacido en Ecuador sino en Colombia, y presentó ante la FIFA la documentación correspondiente.

Lo llamativo, en este caso, es, desde el sentido común, que Castillo no sólo había jugado varios partidos de clasificación sudamericanas sin que ninguna asociación rival reclamara por su presencia ni siquiera posteriormente, cuando hay tanto en juego, y que el jugador haya pasado por tantas aduanas, propia y extranjeras, sin que ni su Estado encontrara ninguna irregularidad en su documentación, ni los otros países que visitó. De esta manera, o hubo negligencia de todas las administraciones, o el jugador tuvo la habilidad de burlar a todas o, sencillamente, sus documentos siempre estuvieron en regla, como todo parece indicar.

Por otra parte, el argumento presentado por la federación chilena acerca de que Castillo nació en Colombia y no en Ecuador sólo podría tener valor por el lado reglamentario de que un jugador no nacido en el país al que representa debe tener como mínimo cinco años de residencia (que también los cumplía) porque de nada importa, de otro modo, el lugar de nacimiento si es que el país al que representa con la selección en que juga (en este caso, Ecuador) lo admite y reconoce como ciudadano y confirma que la documentación que le entregó sea en el momento que fuere, es legal.

En el momento en que la Federación Ecuatoriana de Fútbol presentó los papeles en los que constaba que el Estado ecuatoriano reconocía esa documentación como verdadera, ipso facto se acababa el caso porque de ninguna manera la FIFA puede comenzar una investigación ad hoc porque jamás un organismo deportivo puede estar por encima de un Estado nacional, algo que, obviamente, la FIFA explica muy bien en su fallo, que no sólo desestima la presentación chilena, sino que archiva el trámite.

Así fue que la FEF presentó ante la FIFA dos documentos que contenían las dos sentencias firmes de 2021 de la Justicia ecuatoriana. En una, el estado ecuatoriano declara a Castillo ciudadano ecuatoriano de pleno derecho y en la otra, se conminaba a entregarle la cédula de identidad nacional ecuatoriana.

De esta manera, rápidamente se dio por tierra con cualquier pretensión del organismo futbolístico chileno que termina en un papelón a partir de la simple idea de obtener en los escritorios lo que no pudo conseguir en la cancha por segunda clasificación sudamericana consecutiva, que es llegar a jugar la fase final de un Mundial, en este caso el de Qatar.

La pretensión chilena era que la selección ecuatoriana perdiera esos catorce puntos obtenidos en el campo de juego durante las presentaciones de Castillo en los ocho partidos que jugó y a su vez, al pasar algunos de esos puntos a Chile, su selección terminaba en el cuarto lugar (y no en el séptimo original) y por lo tanto, consiguiendo una plaza directa para Qatar 2022.

El organismo chileno había presentado ante la FIFA como documentación una partida de bautismo de Castillo del 25 de diciembre de 1996 en la diócesis de Tumaco (Colombia), para demostrar que no es cierto que nació en Playas (Ecuador) como se viene dudando desde que el jugador participaba de los torneos juveniles de selecciones., al punto de que en 2017 fue la propia FEF la que lo descartó para el Sudamericano sub-20 ante la posibilidad de que surgiera alguna irregularidad.

Carlezzo, el abogado de la parte chilena, también utilizó como argumento que Castillo se formó en el Club Sport Norte América, sancionado en 2018 por falsificación de documentos de decenas de jugadores para que pudieran participar con nacionalidad ecuatoriana.

A la Federación Chilena le quedan ahora diez día para solicitar los fundamentos del fallo de la FIFA y otros cinco para apelar, y en el caso de que nada se modifique, podría derivar el caso al máximo tribunal mundial del deporte, el TAS, pero la decisión final de este organismo podría ser casi al borde del inicio del Mundial o quién sabe, más tarde aún.

La única manera de que el fallo del TAS se adelante es que se solicite un procedimiento de urgencia pero para eso, ambas partes deben acordarlo, y no parece que vaya a ser el caso de la Federación Ecuatoriana. Más bien todo lo contrario: ahora la Federación Chilena se expone a posibles juicios del jugador y de la FEF por daños y perjuicios.

Algunos creen que la Federación Chilena realizó estos movimientos, con lamentables shows mediáticos incluidos,  más para mostrar una reacción política ante su propia platea que por convicción, y consiguió que desde algunos sectores se agitara la inútil bandera del nacionalismo.

Lo que se gana en la cancha no puede perderse en los escritorios. Todo indica que la selección ecuatoriana, dirigida por el argentino Gustavo Alfaro, estará en el Mundial. Chile, con una “Generación Dorada” que ganó dos Copas América (2015 y 2016) se quedará otra vez afuera de la máxima cita.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.