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Adiós a Pelé, símbolo del fútbol más bello

Cuesta creerlo, pero los que amamos el fútbol  nos quedamos, desde hoy, sin uno de los tres genios que dio este deporte. Víctima de un cáncer, falleció a los 82 años “El Rey” Pelé, Edson Arantes do Nascimento.

29/12/2022 20:20

Por Sergio Levinsky

Este cronista, siendo argentino, sin pertenecer a su misma generación, no pudo evitar derramar lágrimas al enterarse de la noticia. Y se debe, seguramente, a tantos recuerdos. Al deslumbramiento por tanta belleza desde un televisor blanco y negro que transmitía aquellos mágicos partidos de la majestuosa selección brasileña, con los relatos de Ricardo Arias, en el legendario Mundial de México de 1970, cuando Pelé levantó la Copa Jules Rimet por tercera vez en su carrera, y Brasil se la quedó definitivamente, dando lugar a que el también genial poeta y ex embajador, Vinicius de Moraes, cantara por el mundo, acompañado de María Creuza y Toquinho, “La Copa del mundo es nuestra”, un orgullo nacional. No era para menos. Pelé lo hizo todo en ese Mundial, acompañado, también, por otras enormes estrellas como Jairzinho, Gerson, Tostao, Rivelino, Clodoaldo, Carlos Alberto.  Ese equipo, el mejor de toda la historia del fútbol para quien esto escribe, ganó absolutamente todos los partidos oficiales que disputó, desde la clasificación hasta la final, nada menos que ante la Italia del “Catenaccio”, a la que no tuvo problemas en marcarle cuatro goles, desde un soberbio cabezazo inicial de “O Rei”, hasta el genial “no look pass” del “diez” a Carlos Alberto, que entraba por la derecha y sacó un zapatazo fulminante. Nadie se le pudo resistir. Ni el mejor Perú de todos los tiempos en cuartos de final, ni la Inglaterra campeona del Mundial anterior.

Pero Pelé fue muchísimo más que eso. Se convirtió en una gran estrella con apenas 17 años, cuando fue convocado para el Mundial de Suecia y lesionado, tuvo que esperar para debutar en el tercer partido ante la Unión Soviética del gran arquero Lev Yashin, “La Araña Negra”, aunque su primer gol fue ante Gales y, según contó tantas veces él mismo, fue el que le dio la confianza para sentirse útil dentro de su equipo y llevarse la primera Copa, la que tanto ansiaba desde que con nueve años vio llorar a su padre, Dondinho, por la amargura de aquel “Maracanazo” que generó Uruguay en 1950. Desde ese momento, juró que iba a reponer aquella derrota con alegrías y se propuso llegar muy lejos. Se convirtió en un atleta, un jugador espectacular que gambeteaba, cabeceaba, protegía la pelota como los dioses y corría lo necesario, porque su velocidad era el trote, el pase justo, la aceleración perfecta. Pelé vino a la Argentina a jugar el Sudamericano de 1959 que no pudo ganar, porque se lo llevó el equipo albiceleste, pero ya dejó estelas de lo que era y pinceladas de lo que vendría en un Santos imperial, ganador de las Copas Libertadores e Intercontinentales de 1962 y 1963. Dorval, Mengalvio, Coutinho, Pelé y Pepe, forman parte de la leyenda dorada del fútbol paulista y brasileño. El equipo “Peixe” era tan apetecido en el mundo que se la pasaba de gira en gira, y de allí la enorme cantidad de goles, entre oficiales y no oficiales de una leyenda como la suya: 1283. El gol mil, de hecho, se lo marcó a un argentino, “El Gato” Edgardo Andrada, en un partido entre santos y Vasco da Gama, y de penal. “Me acordé de la Navidad y de los niños”, dijo cuando dio una vuelta olímpica, rodeado de micrófonos, grabadores e hinchas que se colaron para sumarse a los festejos de una cifra mítica, casi imposible de alcanzar.

Ya para entonces, Pelé (llamado así, según algunos historiadores, porque la madre le decía que si no estudiaba sería un pelele, pero según otros, porque en los potreros, a los chicos les decían “pelados”) era bicampeón mundial, aunque en Chile 1962 jugó muy poco porque lo lesionaron y Amarildo debió entrar en su lugar, siendo Garrincha la gran figura “verdeamarelha”. Y luego llegaría lo máximo, la gran madurez de México 1970.

Pero Pelé fue mucho más que un jugador de fútbol. Fue el símbolo del fútbol más bello. Cansado de tantos problemas en el fútbol de su país, renunció a la selección y no quiso jugar el Mundial de Alemania Federal en 1974 y se marchó al Cosmos de Nueva York, donde generó un gran impacto en una sociedad poco habituada al “Soccer”. Se lesionó por un lapso importante, le trajeron a Franz Beckenbauer, a Johan Neeskens, a Giorgiob Chinaglia y el Palmeiras no quiso ceder al crack argentino Norberto “Muñeco” Madurga, que brillaba en el “Verdao” paulista. Se retiró en 1977 en un recordado partido entre Cosmos y Santos, gritando “Libertad, libertad” ante los cientos de micrófonos.

Como personalidad del fútbol que fue, se codeó con primeros ministros, presidentes, monarcas y papas. A donde viajaba en el mundo, era recibido con bombos y platillos, como el rey y el genio del deporte más popular de la tierra. Se dedicó al marketing, y acostumbraba a sacar de sus cajones relojes que promocionaba para regalarlos a sus ocasionales entrevistadores, como quien esto escribe en la Copa América de Ecuador en 1993, que fue desarmado al ser tratado de “Sergio”, a secas, y siempre con una sonrisa.

Pelé fue ministro de deportes de Fernando Henrique Cardoso, autor de una fuerte ley que protegía a los futbolistas, y también generó grandes polémicas cuando estuvo mucho más cerca de la candidatura de los Estados Unidos como sede del Mundial de 1994 que de la propia Brasil. Aquella aparición en el partido inaugural con la corbata con las barras y las estrellas molestó demasiado a muchos de sus compatriotas, que de todos modos siempre estuvieron dispuestos a perdonarlo por su esplendoroso pasado.

Dejó seis hijos de varios matrimonios y se le conoció un amorío con la conductora televisiva Xuxa, pero Pelé trascendía todo eso. Sí apareció en varios contrapuntos de celos, amores y odios, cuando Diego Maradona saltó a la notoriedad, años más tarde. Los reunió por primera vez la revista “El Gráfico”, en un encuentro ya legendario en Brasil, cuando Pelé tocó la guitarra y el chico argentino que sería su sucesor como genio del fútbol recibió algunos consejos muy útiles sobre su carrera futura, pero los años los fueron separando y enfrentando, hasta que el brasileño visitó al argentino, en 2005, en su programa “La Noche del Diez” y pareció que pese a la competencia natural e histórica, el amor por el fútbol estaba por encima. Acaso hoy estén tirando paredes en el cielo, riéndose de todos los que gritan por una camiseta u otra.

Pelé, genio del fútbol, es el primero que nos enseñó, desde la TV, que los que amamos este deporte tenemos un enorme código en común en todo el planeta: la belleza del juego siempre se impone a cualquier especulación y se transforma en universal. Por eso Pelé fue un rey sin banderas, al que desde hoy todo el fútbol del mundo llora, porque lo empieza a extrañar. Por suerte, queda su legado, esa maravilla con una pelota que puede contemplarse en películas y videos.