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Sin Messi, el Barcelona vive una dura crisis de identidad

25/09/2021 21:05

“Que n’aprenguin” –“que aprendan”, en castellano- es una reconocida frase que soltó el entonces presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta, en enero de 2004, y  que pudo escucharse en un documental posterior y se refería a la forma en que sus dirigentes consiguieron contratar desde la Juventus al gran volante neerlandés Edgard Davids

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Eran otros tiempos, en los que un exultante Laporta, sacaba pecho, muchas veces bañado en champagne sobre su traje y en interminables fiestas junto a sus amigos y compañeros de junta directiva, entre ellos Sandro Rosell y Ferrán Soriano, surgidos de la generación llamada JASP (Jóvenes Pero Suficientemente Preparados).

Todo aquello parece ya muy lejano, y si aquel 2004 fue el inicio de un adolescente argentino que debutaba en la Primera azulgrana llamado Lionel Messi en tiempos del director técnico holandés Frank Rikjaard y el reinado de Ronaldinho, hoy Laporta se encuentra otra vez a cargo de la presidencia del club, pero se terminó enfrentando duramente con Rosell (que fue preso por corrupción) y Soriano acabó ligado al Manchester City.

Este Laporta de hoy no podría jactarse de sus actos y ni siquiera de haber podido cumplir su mayor promesa, que fue la de conseguir mantener a un Messi ya hombre, con 34 años, padre de familia y más de 700 goles en el club, que batió todos los récords pero que se marchó al Paris Saint Germain (PSG) llorando porque los dirigentes le comunicaron que no podían hacer frente a su contrato ni aún aceptando renunciar a la mitad de sus ingresos.

“El Barcelona felicita a un jugador del PSG por ganar la Copa América”, ironizó días atrás el columnista del diario deportivo catalán “Sport”, Albert Masnou, para ilustrar el sinsentido actual de un club que se encuentra a la deriva y no tiene ideas cuál es el camino que debe transitar luego de haber matado a la gallina de los huevos de oro.

Muchos se preguntan por qué el Barcelona no pudo hacer frente a los 40 millones de euros anuales que aceptaba cobrar Messi (que debía regresar en condición de libre por lo que sólo había que arreglar con él en forma directa) y sí ahora planea gastar 75 millones por el muy buen delantero Dani Olmo, del Leipzig, en los próximos mercados de pases. El empresario mediático Jaume Roures, avalista de Laporta para que éste pudiera asumir su mandato, llegó a manifestar que no entendió qué pudo ocurrir en las últimas horas para que el Barcelona y el rosarino no acordaran “cuando hasta donde sé estaba todo acordado”.

Lo cierto es que aquel equipo azulgrana que fue modélico en el mundo, que agotaba la venta de merchandaising en cualquier parte del mundo –este periodista fue testigo de cómo no quedó ni una sola prenda en la tienda oficial de Yokohama antes de la final del Mundial de Clubes de 2011 ante el Santos de Neymar-, que tuvo en la terna de postulantes al Balón de Oro de la FIFA de 2010 a los tres jugadores de la cantera (Messi, Xavi Hernández y Andrés Iniesta) y que deslumbró a todos con su juego por abajo, un marcado 4-3-3 que se basaba en la posesión de la pelota y ni siquiera creía en los contragolpes ni en el juego aéreo en los córners,  ante el Granada lanzó 54 centros para que en uno de los tantos zapallazos, el marcador central uruguayo Ronald Araujo empatara sobre el final de cabeza, y como local.

Ya nada es lo que era. Parece haber sido de otro tiempo cuando muy buena parte de la prensa catalana se quejó ante el “Tata” Gerardo Martino, en la temporada 2013/14, porque después de años el Barcelona perdió al final del partido el porcentaje de posesión de pelota ante el Rayo Vallecano por 52 a 48, aunque los de Messi ganaran 4-0. Había que respetar la filosofía de juego por encima del resultado.

Hoy, el mismo Laporta mantiene un pulso con su entrenador, otro legendario ex jugador del club, el neerlandés Ronald Koeman, autor del gol más emblemático de la historia, con el gol de tiro libre a la Sampdoria en Wembley en 1992 que le dio al Barcelona la primera Champions League.

Si bien trató de ser equilibrado en sus declaraciones (cosa que evidentemente le cuesta mucho), Laporta nunca quiso a Koeman en este mandato porque no le convence su juego ni el modo en que llevó adelante estos meses con el plantel y porque fue elegido por la dirigencia anterior y le aceptó eyectar al gran goleador uruguayo Luis Suárez en buena parte, para deshacerse de un contrato caro pero también p0ara dejar a Messi sin su mejor amigo en Barcelona.

Entonces, ahora, ante la seguidilla de tan malos resultados como insípido juego de un equipo vacío, desvencijado, envejecido y sin ideas claras, el presidente del Barcelona de la sonrisa eterna que antes se golpeaba el pecho, ahora sopesa tres ideas para reemplazar a su entrenador, que ya no habla en las conferencias de prensa sino que lee comunicados, en los que dice que los hinchas deben olvidarse de ganar la Champions y conformarse con llegar en la liga en el lote de los de arriba.

Así es que según los rumores de la prensa allegada, Laporta baraja los nombres de Roberto Martínez (catalán que dirige a la selección de Bélgica), Xavi Hernández (quien lleva varias temporadas en Catar) y el italiano Andrea Pirlo.

No parece fácil que Martínez vaya a emular lo que hizo Koeman de dejar la selección de Países Bajos para tomar el fierro caliente de un Barcelona que se encaminaba a las elecciones presidenciales y que gracias si arañó una Copa del Rey, por lo que no parece lógico que a un año del Mundial vaya a abandonar a los “Diablos Rojos” con Romelu Lukaku, Eden Hazard, Thibaut Courtois o Kevin De Buyne para venir a este Barcelona de ahora, como tampoco parece fácil que Xavi prefiera volver a su tierra para tomar la decisión de ir colocando en el banco de suplentes a sus amigos y ex compañeros Gerard Piqué o Sergio Busquets.

Si el que quedara fuera Pirlo, por el momento su único gran antecedente como director técnico es haber perdido el título de la Serie A italiana con la Juventus tras diez años consecutivos consiguiéndolo, lo que no es absoluta garantía de fracaso absoluto, pero tampoco parece ser sinónimo de éxito o de una experiencia requerida para hacerse cargo de un equipo con las exigencias del Barcelona.

Es cierto que aún no pudo debutar Sergio Agüero (inscripto in extremis porque no daban los números y aún lesionado), y que una de las grandes figuras del futuro, como Ansu Fati (quien heredará el número diez) recién ahora estarán en el campo luego largos meses de inactividad y aún falta que se readapten un resistido Philippe Coutinho y un irregular Ousmane Dembélé (por ambos se gastó todo el dinero que entró por Neymar en 2017), pero por el momento, este Barcelona no transmite casi nada, y fue perdiendo socios, abonos al estadio Camp Nou y lo que es peor: todo el movimiento turístico que generaba Messi en el pasado.

Este Barcelona que no encuentra todavía su camino, y en el que el neerlandés Memphis Depay trata de buscar algún acompañante con quien descargar su excelente juego de ataque, fue hiriendo de muerte a la gallina de los huevos de oro sin preparar un plan alternativo, aunque desde hace años que sabía que esto algún día podía pasar: que los Xavi, los Iniesta y los Messi se fueran o acabaran sus carreras, pero hizo poco y nada.

Entonces, aquel “Que n’aprenguin” ya quedó fuera de época. Acaso Laporta debería preguntarse qué aprendió él mismo en todos estos años, ahora que volvió a la presidencia del Barcelona.