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El conflicto con Chile: ¿otra vez jugando con fuego?

04/09/2021 20:36

Piñera, presidente de Chile, con un decreto arremetió sobre los derechos argentinos en la plataforma continental. La presidenta del Pro, señora Bullrich, aquí, convalidó esa prepotencia con un comunicado. Ver para creer

Por Rodolfo Braceli, Desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Creer o reventar. En plena campaña electoral, la oposición chilena a su vez respaldó la arremetida territorial de Piñera. Mientras tanto, aquí, la presidenta del principal partido de oposición le hizo una zancadilla a una política de Estado tradicional: hasta ahora el peronismo y el radicalismo coincidieron en respetar ese criterio. Hasta ahora. Inaudita, incomprensible, insoportablemente torpe la intervención de una referente como la señora Bullrich, que no actuó a título personal, actuó comprometiendo con su firma al macrismo. Al proponer un diálogo en “un pie de igualdad con Chile”, de algún modo justifica y convalida el derecho al reclamo chileno. Para decirlo en lenguaje de vereda: el texto de la señora Bullrich, desde el punto de vista de la política exterior, atrasa, mete la pata hasta el cuello y triza una política de Estado que desde hace décadas venía siendo compacta. La solución mediante un diálogo en “un pie de igualdad con Chile”, ya de arranque da por obvio que Chile tiene “razones” para semejante reclamo. El reclamo pone en riesgo 5 mil kilómetros cuadrados de la plataforma continental argentina y otros 25 mil kilómetros cuadrados de lecho y subsuelo que forman parte del Patrimonio de la Humanidad. Pero esas extensiones ya eran una discusión saldada. Ahora de pronto se están poniendo en cuestión, y como hecho consumado, los límites acordados en el dramático tratado de paz y amistad conseguido tras una muy tensa pulseada en 1984 durante el gobierno de Raúl Alfonsín y el del dictador Pinochet (que en paz descanse).

   No hace falta ser experto en geopolítica para advertir que –comunicado de la señora Bullrich mediante– nos hemos “comprado” un enorme problema en una disputa que, en el más optimista de los resultados, ahora a lo sumo podemos empatar. Si “ganamos” la discusión “en un pie de igual”, habremos recuperado lo que ya teníamos. Con la convalidación de la arremetida de Sebastián Piñera no sólo ponemos en tela de juicio miles de kilómetros cuadrados sino que, además, queda abierta a futuro una ventana a un conflicto de consecuencias insospechadas. Están en juego kilómetros de suelo, de subsuelo, millones de barriles de petróleo y más millones de pesca. Lo peor del caso es que peligra aun más de lo que ya peligraba nuestra porción de derechos sobre la Antártida. Nada menos, nada más. ¿Nada más? Están en juego algunos conceptos del Himno. Damas y caballeros, por ese comunicado que firma la presidente del Pro está en juego alguito más: se está rifando nuestra dignidad. ¿Hemos empezado a jugar con fuego?

    Sin ir demasiado lejos observemos que, por suerte, la oposición no es sólo la señora Bullich y la sigla que preside, el Pro. Rápidamente le salieron al cruce voces de todos los sectores políticos que integran la comisión de Relaciones Exteriores para manifestar su unánime repudio al patético comunicado. Representantes de la comisión del Senado que preside Adolfo Rodríguez Saá están redactando un texto que desde ya cuenta con el apoyo explícito de otros senadores, entre ellos Juan Carlos Romero, Pablo Blanco y Julio Cobos.    

    Un detalle que hiela sangre, que espeluzna: hagamos memoria: con el asunto del canal de Beagle estuvimos a un pelo de meternos en una guerra fraticida. Ahora el macrismo liderado por la señora Bullrich, con la farsa del dialoguismo atraza casi cuatro décadas, pone en discusión el claro respaldo que la mismísima ONU le dio a la posición Argentina.

    Esto es un papelón tamaño elefante. Esto es el festival de la incoherencia. Esto es el apogeo del servilismo cholulo en materia de política exterior. ¿Será posible que a la entrañable amistad del señor Macri con el señor Piñeiro la tengamos que pagar –y padecer– una millonada de argentinos, algunos indignados, otros ruborizados? Lo jodido y espantoso de la cuestión es que este furcio (con c) o fursio (con s) o furzio (con z) de un sector opositor necio puede llegar a tener consecuencias que nos remiten a una palabra fea, fiera, atroz, la palabra guerra. (Enseguida continuamos con el tema guerra).

   Antes, una observación más: a las Malvinas las perdimos mediante una (des)guerra craneada bajo el coraje etílico de un puñado de militares de oficina. Cuando aconteció el encontronazo por el Beagle, lo dicho: por un pelo no nos embarcamos en una guerra entre hermanos de placenta que, al decir fanfarrón de uno de los valientes Menéndez, al tercer día la teníamos ganada. Justamente al tercer día íbamos a brindar con champagne y lavándonos las patas en el Pacífico.

    Lo evidente y palpable es que el comunicado del Pro, difundido con la firma a pulso de la señora Bullrich, nos mete en un oscuro callejón sembrado de espinas. Por ejemplo, en estos días en Chile no se permitió que bajara en sus puertos la tripulación de la Fragata Libertad. Es decir, que ya empezamos a “calentar las tribunas”. El natural y saludable “amor por lo propio” empieza a ser sustituido por el enervante y peligroso “amor propio”. Esto sí que es una güevada. Muuuy peligrosa.

   El litigio que asoma por el reclamo encarnado por Sebastián Piñera y  convalidado por el vergonzoso y vergonzante comunicado de la señora Bullrich nos lleva a revisar la conducta del Pro en relación a nuestro sur y a nuestras Malvinas. En el enero de 2019 desde esta columna nos ocupamos del tema. Empezamos por decir que la mayoría de los medios desde hace tiempo funcionan como máquinas de picar papel; en este caso la carne de las noticias. Así es que las noticias duran menos que cañitas voladoras. La fugacidad engendra banalidad. Y la banalidad es un modo de la obscenidad.

   El de Malvinas se ha convertido como un tema accesorio. Y veamos si no: a mediados del diciembre de 2018 pasó esto, insólito y gravísimo. Resulta que nada menos que el embajador argentino en el Reino Unido, en un twit nombró como “máximas autoridades” de las islas Malvinas a las autoridades actuales del gobierno británico. ¡Nada menos! A este descabellado reconocimiento, ¿cómo calificarlo?: ¿Metida de pata? ¿Fursio con ese? ¿Furcio con ce? ¿Furzio con zeta? Mucho más que todo eso: en ese reconocimiento de “máximas autoridades” de las islas al gobierno británico: ¿hay torpeza? ¿hay ignorancia? ¿hay ineptitud?, ¿o hay un acto fallido? Hay ¡ayyyyyyyy!!

   Aquella declaración fue a tal punto escandalosa que por un rato consiguió el repudio unificado de representantes de las bancadas opositoras y oficialistas, (entre ellos, Guillermo Carmona, Daniel Filmus, Cornelia Schmidt, Elisa Carrió). Todos coincidieron en convocar al representante argentino en el Reino Unido para dar explicaciones. El brillante “embajador”, mientras transcurría la sesión en la Cámara Baja, rápidamente difundió una carta dirigida al canciller Fauri. En ella expresaba que “lamenta profundamente las confusiones que se generaron” debidas a su “twit”. Y añadió, con envidiable lucidez: “Dejo constancia que las legítimas autoridades de las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes son el Gobierno Nacional y el Gobierno de Tierra del Fuego”. ¡Bravooo! ¡Chocolate por la noticia! (“Tarde piaste”, dijo la verdulera.)

   A propósito de esta noticia; pasadas unas semanas, ¿quién se acuerda hoy de ella? El insólito asunto pronto, como de costumbre, quedó traspapelado, a merced del olvido y de la indiferencia activa. El argumento / atenuante, que se utilizó para minimizar y disimular la garrafal declaración de nuestro embajador (de carrera) en el Reino Unido fue que se trató de una “expresión desafortunada”. ¿Desafortunada o afortunada? Porque esas expresiones, así calificadas, sirven para revelar la opinión y el escondido sentimiento de quienes las expresan. Delatan, hacen caer las caretas; el “error”, descomunal, pone en evidencia a quien lo comete. Como ahora está sucediendo con el pusilánime comunicado de la señora Bullrich. Alguien que, hace semanas nomás, propuso canjear las Malvinas por vacunas. Se disculpó diciendo que lo suyo fue una ironía. Señora, esa ironía banaliza unas islas que están sembradas de vidas desgajadas. Además, ¿para qué canjear islas por vacunas, si las vacunas –al decir de su amiga Lilita, “envenenan”?

    Efectivamente, allí en el sur murieron cientos de casi criaturas, combatiendo en las islas y con el hundimiento del Belgrano. Después de esa carnicería absurda, aquí, en este mapa patrio, se suicidaron más de 400 ex soldados. Más murieron aquí que combatiendo en las Islas.

    Ante todo eso, ¿cómo calificar estos sincericidios de la señora Bullrich y del ex embajador argentino en Gran Bretaña? Ante tamañas torpezas los adjetivos, extenuados, colapsan. El daño real a la tan mentada “república” se traslada a nuestra democracia, siempre a merced de las nostalgias autoritarias; hoy, encima, alentadas por la “moda Bolsonaro”, con las que simpatiza la aquí tan mencionada señora.

   Se notará, a todo esto que al exembajador ¿argentino? ante el Reino Unido, no lo he mencionado por su nombre. Pero resulta que este hombre tiene nombre y tiene apellido: se llama Carlos Sersale. En realidad su nombre completo es Renato Carlos Sersale di Cerisano. Es diplomático “de carrera” y economista. En verdad, su curriculum es notable. Hasta acredita un premio Konex. Al parecer nació en 1950 ¡y en Argentina! Seguramente habla el idioma inglés con fluidez. No está claro si llegó a renunciar por su descomunal metida de gamba. Si es que este buen hombre renunció, ¿lo habrá hecho en castellano o en inglés?

   Posdata. Pero dejémonos de chacota. Lo evidente y papable es que el comunicado del Pro, al proponer discutir con Chile “en un pie de igualdad”convalidalas pretenciones trasandinasde posicionarse sobre la plataforma continental argentina. Ignorando con esto el tratado respaldado por la ONU.    

   No sólo se pone en tela de juicio los 5 mil kilómetros cuadrados de la plataforma continental argentina, y los 25 mil kilómetros cuadrados de lecho y subsuelo. Se arriesga el futuro de nuestra porción de Antártida. La defensa de nuestra soberanía, es decir, de nuestra dignidad podría significar algo que se llama guerra. Detrás de todo está la posesión del agua. El mundo avanza hacia la sed ecuménica. Pronto, muy pronto el agua valdrá tanto como el oro. Con la salvedad de que el oro no se puede beber.

   La ligereza de este patético comunicado sincera, evidencia, un sentimiento y un pensamiento altamente peligrosos. Los adherentes a ese texto han perdido el eje, han perdido la noción, han perdido la identidad patria, han perdido la vergüenza. La torpeza cometida puede hasta significar una guerra, desde ya perdida. Lo malo de la guerra es que los verdaderos responsables siempre salen completamente ilesos. Lo peor de lo malo de la guerra es que siempre sucede entre hermanos. Y se hace con seres humanos que nacieron de madres.


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