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María Soledad, a 31 años. El femicidio continúa

09/10/2021 19:40

Hace 31 años obreros de Vialidad encontraron desnudo, violado, mutilado el cuerpo de María Soledad Morales. Femicidio. ¿Nos suena la palabra?

Por Rodolfo Braceli, Desde Buenos Aires. Especial para Jornada

La palabra, tan frecuente en estos tiempos, la pronunció recientemente la religiosa Martha Pelloni en un reportaje realizado por Télam Radio. Dijo Pelloni que aquello fue un caso de “femicidio y de trata también, porque la drogaron y la violaron en manada”. Todo consumado por los hijos del poder y de la noche. Pelloni, exrectora del colegio al que asistía María Soledad, fue la impulsora de las Marchas de Silencio. Esas marchas cambiaron la historia de Catamarca. Catamarca en aquel momento fue la capital nacional del silencio estruendoso. Un faro para el país entero.           

   Permiso, voy a compartir algunos fragmentos de mi libro “Madre argentina hay una sola”. Imprescindible hacer memoria: 

    “Maestra, habitante de unos de esos sitios en donde “nunca pasa nada”, Ada Morales sufrió la desgarración de su vida con la violación múltiple de su hija casi niña, María Soledad, apenas mujer, 17 años. Con tenacidad y furia que no necesitó gritos, buscó la imposible verdad en una provincia en donde feudo, mafia y poder constituían un amasijo de opresión naturalizada. Pero lo imposible es imposible hasta que deja de serlo, hasta que una madre contagia a un pueblo y convierte las Marchas de Silencio en una trompada a las dormidas conciencias. Esto cambió, en los años 90, no sólo la historia insolada de Catamarca sino la historia histérica de la Argentina exitista y frenéticamente banal. (Ramal que para ramal que cierra. Pizza con champaña. Venta de las joyas de la abuela con la abuela incluída).

    Con Ada Morales, la madre María Soledad, conversé en marzo de 1999. Escuchémosla: 

   –… Ando a las corridas porque mi papi está internado, tiene 73 años, lo ha alcanzado el cansancio de vivir… Volviendo para la casa he visto camiones del partido del presidente Menem que ha venido a apoyar a la gente del malvivir que quiso esconder el crimen de Sole. Regalan cajas; encima de que somos pobres nos quieren sacar lo único que nos queda, la dignidad. No podrán. Con las Marchas del Silencio aprendimos a gritar y volteamos a la corrupción y ahuyentamos al miedo. Con la monjita Martha Pelloni y con miles, nada más que armados de silencio, a los abusadores poderosos de siempre los hicimos esconder en la cárcel de sus mansiones repletas de oro, lujos y podredumbre….

   “… Mi Sole querida pudo haberse librado de todo lo que le hicieron a su cuerpito porque casi se me muere en el vientre. A los ocho meses de gestación tuve una neumonía, pero ella nació nomás el 12 de septiembre de 1972. De mi pecho tomó tres meses y después mamadera y más adelante purecitos. Sole, justo al año caminó. Era de lo más linda, linda como fue siendo siempre, hasta que le mortificaron el cuerpo y la mataron.

   “… Cuando Sole andaba por los dos años, casi la picó un alacrán. Y ella ha dicho a media lengua: ‘Yo me asusté de miedo’… Cuando tanto le ofendieron el cuerpo se habrá asustado de miedo tanto, tanto mi pobrecita…

   “… A Sole le hicieron eso el sábado 8 de septiembre de 1990. El viernes a la tarde estuvo y se volvió a ir al colegio, para preparar todo para la fiesta de la noche. Me dijo que le dolía la cabeza. ‘Hija, si está así no vaya”. Y Sole me dice ‘Mamá, van a decir que yo, la que más necesita, no fui a trabajar para recaudar los fondos.’ Y fue a la fiesta. Quedamos en que después quedaría en la casa de su compañera Marisa. 

   “… El sábado yo tenía malestar en mi corazón. A las cuatro de la tarde estaba lavando y me vino un escalofrío insoportable. Y sentí la voz de Sole: ¡Mami! Su mami era un llamado desesperado o un adiós. Entonces dejé el lavado y la busqué por la casa porque pensé que me estaba haciendo broma. ¡Sole! ¡Sole!… pero mi hija no estaba.

   “… Al otro día  nada y nunca más, nada… Yo sé que cuando uno sueña no puede tocar a las personas queridas. Pero me conformo con acostarme y soñar a Sole, con verla de lejos. Los sueños tienen otra cosa fea, uno se los olvida enseguida… Pero hay un sueño que se me quedó… yo la veo a mi hija bajando por una senda muy verde. Y me llamaba ¡mami mami! Y corro a su encuentro, pero ya cerca ella se daba vuelta y se me va y yo ya no la alcanzo… Ella se va envuelta en un largo manto blanco, vuela siempre como si fuera un pájaro. Y yo me quedo ahí, quieta, viéndola irse volando volando…

    “… No he parado de luchar para que se sepa toda la verdad y se juzgue a todos los culpables. Pero se me han caído los brazos dos o tres veces, saturada por el engaño y la mentira… qué floja soy…  Yo, mamá desesperada por una hija muerta y encima ensuciada por el mal decir de cierta gente, necesitaba a mi mamá. Pero yo no la tengo. Hay momentos en que uno no puede vivir sin mamita. 

   “… Han pasado los años, Sole no volvió. Pero no me acostumbro… No dejaré de luchar. ¿La pena de muerte? ¡No! Eso nunca. Dios nos ha dado la vida y no podemos pedir eso. Además, no nos engañemos: si hubiera pena de muerte sería sólo para los pobres que no pueden pagarse un buen abogado… A mí no me gusta cuando el presidente Menem sale a pedir pena de muerte, ni cuando viene a comprarnos el alma y el corazón regalándonos cosas.

    “… A veces flaqueo, qué vergüenza. Entonces me pongo a conversar con Sole. Le digo que tengo guardadas sus cosas, y los poemas que escribió…  Abro su mueble… De Sole quedó un arito de oro, perlita, que había perdido la rosca de atrás. El otro se lo llevó puesto en una de las orejas que después le cortaron… Yo siempre beso ese arito suyo.

   “… A los poemas de Sole no dejo que los toque nadie, porque el papel se gasta más rápido que las personas. A veces los leo en voz baja… Ay, cómo me la despedazaron hasta dejarla sin un solo latido. Y eso fue cuando a mí me vino el escalofrío y sentí su voz ¡mami mami! Mi vida, ¿dónde estás?, ¿dónde estaba yo?

   “… Usted me pregunta qué le diría si yo si tuviera la posibilidad de estar ahora un ratito con ella. Le besaría manos, ojos, orejitas… ay, la apretaría contra mi corazón y al oído le diría: ‘Sé que te tengo que soltarte, pero antes quiero decirte: Perdón Sole, te pido, por no haberte dado la libertad que merecías y necesitabas para ser una chica menos ingenua, menos inocente. Perdoname, hija.”

   Posdata.    La capital de la mentada república Argentina, allá por el 1999, ya no era Buenos Aires, era Catamarca. Allí había una juntación de seres que marchando en silencio descaretaron a la infamia. Y el poder degenerado se cagó encima y trató de huir y pisó lo que se hacía y resbaló y cayó de jeta y reptó buscando el amparo de las cloacas. Y el Silencio tuvo la palabra. Y la Vida, por fin alzada por la dignidad, empezó a tener algún sentido.

[email protected]   ===    www.rodolfobraceli.com.ar

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.