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A 15 años de la desaparición de Raúl Alfonsín

Quienes por más de 30 años tuvimos el honor de acompaña a Raúl Alfonsín, vemos con una enorme emoción que el pueblo en su gran mayoría, lo recuerda con respeto y reconocimiento por su conducta y su intensa trayectoria de estadista al servicio de la República, pero que también vemos con pesar como el partido, al que lideró por casi 40 años, no ha formalizado ni solicitado un pedido de desagravio o disculpas, al actual presidente de la República Javier Milei por tantas expresiones y actitudes de odio a la figura del expresidente.

Redacción
30/03/2024 23:01
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Por Roberto Suárez, Especial para Jornada

Porque más que a la presunta "casta" política, lo que Javier Milei tiene entre ceja y ceja es a la UCR. Eso deriva de sus continuos ataques contra el partido centenario: asegurando que el "fracaso" argentino se inició con Hipólito Yrigoyen, a principios del siglo XIX .

Pero, sobre todo, Milei apuntó sus cañones contra Raúl Alfonsin, al que  llamó como "el fracasado hiperinflacionario de Chascomús". Con ese carga de odio, salió a luz un video del ultraderechista en el Canal de la Ciudad. Allí cuenta que su mejor terapia fue comprar un muñeco, al que le pegó la cara de Alfonsín, y así, descargarse emocionalmente. Todo eso, dicho entre risas.

Milei, en todas las campañas como candidato a diputado o a presidente sostuvo que Alfonsín fue “el peor presidente de la historia” y reiterando siempre lo del muñeco con la cara del expresidente radical para pegarle. El ultra derechista, sostuvo como candidato que la “línea alfonsinista” de radicalismo, la “de izquierda”, es “parte del problema” en Argentina, mientras que la “línea nacional” es “parte de la solución” porque “es liberal”.

Hoy al cumplirse 15 años de la muerte de Raúl Alfonsín, es momento de repasar su vida con aciertos y errores, pero donde se destaca una trayectoria intachable que lo lleva a recibir ese consenso que lo hace trascender al mundo de los inmortales.

Sin duda que a Alfonsín, en los últimos años de su vida, por encima de sus méritos, contradicciones y desaciertos, la ciudadanía en su gran mayoría lo reconoció como a un conductor que ayudó a transitar, desde la dura crueldad de la dictadura hacia la difícil construcción de la República. Muchos argentinos que tal vez no comulgaron con sus ideas apreciaron su condición de hombre de bien, como un guardián de las reservas morales del país. Entre tantos demagogos, tantos prometedores de paraísos inalcanzables, el expresidente en los últimos tiempos se había convertido en el anciano de la tribu, capaz de cantarle las cuarenta a cualquiera o de convocar al sentido común.

La figura de Alfonsín quedó finalmente en la historia como la de un gran líder demócrata latinoamericano, moderado pero perseverante en la conjunción de idealismo y realismo, y la de uno de los dirigentes políticos de mayor y mejor trayectoria de la Argentina. Nadie, o casi nadie, duda hoy de la honradez personal, de sus convicciones democráticas y de las capacidades intelectuales del expresidente, que lo diferencian claramente de varios otros que han ejercido las más altas funciones en la política.

Quienes tuvimos el enorme orgullo de conocerlo de cerca podemos manifestar que fue un hombre austero, prolijo en sus cuentas personales, nunca le interesó tener bienes materiales, trabajador incansable hasta altas horas de la noche y además gran madrugador. Un intelectual lúcido, lector incansable y autor de varias obras que van desde su primer libro “La cuestión argentina”, hasta el último

“Fundamentos de la República Democrática”, pasando por “Democracia y Consenso”, títulos imprescindibles para interpretar los últimos años de la vida política, desde la experiencia del hombre de Estado y el trabajo intelectual de quien recorrió el espinel de la filosofía política y jurídica. Orador brillante y fogoso, imbuido de valores éticos y morales incuestionable, idealista, cascarrabias, apasionado y perseverante.

Líder natural de principios republicanos muy profundos, luchador incansable y defensor de la democracia a ultranza. El perfil de Alfonsín se puede definir como dialoguista y como tal lo profesaba, firme defensor de sus ideas, pero jamás propenso a la descortesía, el rencor o la descalificación al oponente. En su concepción, si la política no se nutría del diálogo terminaba en agresión.

Defensor de la democracia por antonomasia, no la concebía sino como un proyecto de largo plazo, retroalimentado por el diálogo fecundo y constructivo. Su proceder fue totalmente coherente con su prédica; en el llano lo practicó sin retaceos y, en su función de gobierno, mantuvo innumerables reuniones con políticos de todas las extracciones y, con exponentes de todos los sectores de la sociedad.

Su figura, luego de 15 años de fallecido, revive en momentos en que pareciera que la política languidece, reemplazadas por las posturas mediáticas sin contenido, en épocas en que escasean las propuestas y el reclamo inmediato reemplaza a la palabra racional, cuando el diálogo parece evaporarse y en momentos que el negacionismo gana adeptos apoyados por el gobierno ultraderechista.

 Hay que seguir mirando hacia arriba a esa estrella, que ilumina el cielo nacional con su ejemplo de honradez, tolerancia, incitación al diálogo y a la pacificación. Porque Alfonsín como muchos otros grandes de nuestra historia mueren, pero pocos mueren para renacer.

Más que a la presunta "casta" política, lo que Javier Milei tiene entre ceja y ceja es a la UCR. Eso deriva de sus continuos ataques contra el partido centenario: asegurando que el "fracaso" argentino se inició con Hipólito Yrigoyen, a principios del siglo XIX .

Pero, sobre todo, Milei apuntó sus cañones contra Raúl Alfonsín, al que  llamó como "el fracasado hiperinflacionario de Chascomús". Con ese carga de odio, salió a luz un video del ultraderechista en el Canal de la Ciudad. Allí cuenta que su mejor terapia fue comprar un muñeco, al que le pegó la cara de Alfonsín, y así, descargarse emocionalmente. Todo eso, dicho entre risas.

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