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Nuevo gobierno: expectativa e incertidumbre

Muchos de quienes han votado a Milei son personas sin ideología explícita, de las que no suelen ocuparse de política. Desean mejorar su vida y tienen esperanza de que así sea ahora: a menudo no son lectores de programas, ni analistas de planes económicos. Ya se les ha avisado que viene una escalada de la inflación, ahora con aumento de tarifas, devaluación progresiva y estancamiento recesivo.

Redacción
09/12/2023 21:34

Por Roberto Follari, Especial para Jornada

Se les dice y dirá que ello es fruto de la herencia recibida, tal cual tanto hemos escuchado durante el macrismo. La cuestión es cuánto se mantendrá la expectativa positiva ante un panorama que ha de contradecir buena parte de las esperanzas depositadas. Nadie podrá decir que Milei no les avisó: pero es verdad que los seguidores se ocuparon más de la campera de cuero y la motosierra, que de alguna idea precisa de qué hacer en el gobierno.

  Las idas y venidas en la definición del gabinete son constantes, pues el ideologismo abstracto del nuevo presidente ha tenido que aterrizar bruscamente en la realidad. Estaba contra el Papa, pero hay que dar loas al Papa. Estaba contra las ideas del ambientalismo, pero ha tenido que enviar una delegada a la Cumbre Internacional. Estaba contra el “comunismo” de Lula pero tuvo que invitar a Lula a la asunción, si bien el presidente brasileño no ha de venir. Y así siguiendo.

  Con el colorido asunto de “la casta”, ni hablar. Hay de todo en el gobierno menos algunos de los iniciales compañeros de ruta, como Píparo y Marra. Quedan varios funcionarios del actual gobierno, siempre en puestos secundarios; ministros clave que son del PRO, incluyendo curiosamente una fórmula completa (Bullrich/Petri) que había sido desechada por el voto popular; menemistas residuales, trayendo hasta ese apellido a la dirección de Diputados. Y no es, principalmente, un rasgo de generosidad y apertura: es, por una parte, que el nuevo presidente no tiene equipos ni un partido con estructura nacional consolidada. Tiene que reclutar donde se pueda. A la vez, la furia apocalíptica desplegada en los actos partidarios, ha devenido ahora en reflexión: el gobierno naciente deberá obtener apoyos parlamentarios importantes. El aislamiento y el fundamentalismo de mercado, no aportan en esa dirección.

  Lo de la herencia, que efectivamente deja un país con problemas, no tiene relación alguna con el plan de ajuste que propone Milei: ese es su eje ideológico, su idea/fuerza, y él no tiene propuesta alternativa. No es sostenible que las decisiones del nuevo presidente estén motivadas por la situación económica, pues son su postura reconocida y permanente, independiente de cualquier herencia.

  ¿Qué país viene? Los que tienen más idea de política, están menos diáfanos que los votantes despolitizados. Se hace difícil saber qué vendrá, pues es un escenario nunca visto antes en el país. Esto no es dictadura, ni menemismo ni macrismo, pero hay que mirar a esos pasados como orientadores de una brújula sobre el presente.

  En lo económico, la estanflación ha de golpear severamente: responderán movimientos sociales y sindicatos, y la propuesta de Bullrich ya es conocida: apelar a las fuerzas de seguridad. Se verá qué suceda allí, mientras se calibra la reacción del resto de la población, esa no activa en las calles y que mayoritariamente ha votado al nuevo gobierno.

  La ley ómnibus es de incierto destino: la distancia tomada con Macri ha dejado muy empobrecida a LLA en el Congreso. Tampoco el nuevo Menem mostró habilidad para conformar las comisiones, que serán básicamente opositoras. Y el tratamiento puede atrancarse, pues no es una ley singular sino un enorme paquete unificado.

  Si se quiere gobernar por decreto, como se ha insinuado, echando la culpa al Congreso de “poner piedras en el camino”, el futuro puede ser muy oscuro. Es obvio que, estando los legisladores presentes y dispuestos a trabajar, no se puede pasar por encima de su voluntad. A Milei lo eligió el pueblo: pero a los legisladores, también.

  En ese caso, la tensión política se sumaría a la producida por la economía, y es difícil imaginar el panorama. Porque la democracia no es sólo que el gobierno sea elegido por el voto ciudadano: también implica que los procedimientos sociales y gubernamentales se cuadren a la ley y el derecho. Y vaya si a los 40 años de democracia no estamos atentos al cumplimiento necesario de sus términos.

  Claro que hay una Villarruel, emparentada con personajes de la dictadura, en el lugar primero de la sucesión presidencial: por ahora sin apoyos y aislada, pero se verá en el futuro. Un Macri magullado por quien simuló subordinársele, buscará seguro alguna retaliación, escondida en los pliegues de un apoyo declarado al nuevo gobierno.

  Todo está por ocurrir, casi nada es previsible. Ojalá que el tiempo que se avecina prolongue la vigencia estricta de la democracia y de los derechos, que desde hace ya cuarenta años supimos conseguir.-

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.