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Navidad y otras cuestiones

El sentido religioso de la Navidad ha quedado para unos pocos, y en estos casos, a veces como  un ritual. Aquello en que la exigencia de amor por los otros puede conmover la vida, no es algo que se asocie demasiado a la Navidad.

25/12/2021 22:32

Por Roberto Follari, Especial para Jornada

Más bien es tiempo de aguinaldo, de inicio de vacaciones, de bienestar y apelación al consumo. Y lo es aún en tiempos de economía difícil y de deuda irreparable con el Fondo Monetario (el que marca responsabilidades evidentes de Macri, pero disimula su propia parte en el asunto).

  También el Jesucristo de estampitas ha ayudado poco a la imagen de lo que fue, acorde al testimonio de los Evangelios. Algunas frases dejan claro que no por un momento de cólera es que procedió a echar a los mercaderes del templo: era la intransigencia ante el mal, en ese caso la avaricia. Cristo no había venido a proclamar un amor blandengue: “No he venido a traer la paz, sino la espada”, clamaba. Era el rechazo a la mala fe o al fetiche del dinero, tan presentes en nuestra época.

  En todo caso, sí Navidad es ocasión de encuentro familiar. Esa problemática institución que es la familia, que encarna no pocos recovecos y “novelas” (diría Freud), se encuentra habitualmente en estos días, y más allá de alguna indirecta incómoda que suele aparecer, generalmente se come, bebe y comparte en relativa armonía.

  No es poco, en tiempos de imposición mediática de “la grieta” nacional. Se ha logrado avinagrar la convivencia social con un rictus de indignación permanente, aunque no se sepa de qué. Contra todo hay que despotricar. Es cierto que no son tiempos fáciles, que la pandemia castigó en lo social y lo económico, pero también –y precisamente por ello- es tiempo en que debiera dejarse lugar a la esperanza. Por el contrario, prender la tv es el camino al cadalso de la pelea permanente, casi siempre tan enconada como absurda.

  Claro que hay conflicto en la política. Si no lo hubiera, sería que todos estamos de acuerdo, lo cual es obviamente imposible. La unanimidad y el pleno consenso funcionan sólo por la fuerza. No hay que rehuir de las diferencias de perspectiva y de proyecto acerca del país.

  Pero de ahí a la guerra mediática generalizada del “todos contra todos” o “todos contra una”, hay mucho trecho. De ahí a la indignación impostada, a las risitas cómplices y bobas de algunos periodistas que parecen ignorar mínimos cánones profesionales, a la invención de noticias falsas o a la deformación sistemática de otras, hay un abismo. Abismo que hace rato muchos en la Argentina han saltado.

  Desde hace una semana tenemos un país sin presupuesto para el 2022, y los mismos que impidieron tenerlo, ahora se quejan de que se perderán obras en sus provincias: obvio, ¿qué otra cosa podría ocurrir?

  Lo cierto es que ahora vienen las vacaciones, luego de dos años sin haberlas tenido: ojalá no haya descuidos en exceso. La jugada de la principal oposición nacional, ya se conoce: consiste en impedir que haya medidas sanitarias, y luego en decir que hay demasiados contagios. Ya lo hicieron, y parece que lo volverían a hacer: se oponen ahora al certificado vacunatorio para asistir a lugares de reunión pública. Es decir, mientras sube enormemente el número de contagios (de 1500 a 11.500 en poco más de tres semanas) llaman a no hacer nada, para luego decir que no hubo medidas de prevención.

  En fin: no es cuestión de política, sino de sentido común. Cuidémonos personalmente, cuidemos a los nuestros. Entre las fiestas y las posteriores vacaciones, es malo el pronóstico. En todo caso a reforzar el uso de barbijo y el distanciamiento, así como la vacunación. Con muchos vacunados, la tasa porcentual de aumento de casos graves será mucho menor que la de los contagios.

  Y que el espíritu navideño, que es el del amor exigente y comprometido, nos lleve a pensar en nuestro destino común como argentinos. Esta pelea insensata en lo mediático, lo judicial y lo político nos está llevando a la imposibilidad como país: mientras los dos grandes espacios ideológicos nacionales seguimos en beligerancia eterna, un pez mucho más gordo nos ve pelear para después comernos a todos. Eso es la deuda externa: un cuello de botella irresoluble. O nos ponemos en serio a deponer hostilidades inútiles, o cualquiera que gobierne a partir de finales del 2023 ha de gobernar sobre las ruinas, en un país empobrecido y obligado a pagar por un tiempo interminable.-

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.