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La batalla por el litio

Lo llaman “oro blanco”, por la riqueza que puede atraer. El litio es, junto con Vaca Muerta, una de los últimos recursos estratégicos a que puede acudir la Nación para salir de la postración de deuda eterna en que está (desde que Macri llamara de nuevo al Fondo Monetario Internacional).

Redacción
22/10/2022 21:53
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Por Roberto Follari, Especial para Jornada

  No es un metal escaso: pero sí son pocos los sitios en que está concentrado. Los salares del noroeste argentino poseen alrededor del 12% de las reservas mundiales, y junto a los de Bolivia y Chile cerca de la triple frontera entre estos países, juntan el 85% de las reservas de fácil extracción de todo el planeta.

  La suba del valor del litio ha sido casi permanente en los últimos años. Es que sus usos son centrales: es de las nuevas formas de energía limpia, que empiezan a reemplazar a los hidrocarburos (transición que se está retrasando con la guerra en Ucrania). Y es un material central para las computadoras y los celulares, implementos cotidianos para buena parte de la población mundial. Además, se usa para diversas aleaciones, e incluso para modos novedosos de la fusión nuclear.

  Bolivia tiene una empresa estatal que hace parte de la explotación, y obtiene porcentajes de la que realizan empresas privadas. Chile, incluso con el dictador Pinochet, declaró al litio mineral estratégico, obligando a las empresas privadas a dejar alrededor del 40% de ganancias al Estado chileno. Se ha establecido también que se revenda parte del litio obtenido a empresas chilenas, a un precio preferencial.

  Hasta en un país de economía ultraliberal como Chile, hay amplia participación del Estado en la obtención de beneficios del litio. Pero en Argentina, no hay casi nada de eso: apenas existe una empresa estatal de la provincia de Jujuy, que tiene el 8,5% de las acciones de una compañía que es mayoritariamente privada. En todo lo demás, campea el privatismo absoluto.

  Al no tener nosotros una ley especial sobre el litio se aplica la ley de minería sancionada en tiempos de Menem, que es leonina: apenas el 3% de los beneficios son para la Argentina. Los salares son casi siempre de propiedad privada; y también privadas –casi siempre extranjeras- son las compañías que realizan el proceso de extracción, que es simple y no exige demasiada inversión.

  Encima de ello, los recursos naturales, según la Constitución reformada en 1994, son de las provincias, no del Estado nacional. Si bien hay ciertos resquicios legales que permitirían alguna regulación nacional con eficacia sobre las provincias, la situación conlleva la necesidad de pactos interjurisdiccionales, que impidan que Jujuy, Salta y Catamarca (las tres provincias que monopolizan los salares) tomen al litio como recurso exclusivamente propio, o que dejen operar al capital extranjero sin restricciones.

  El desparpajo con que funcionarios de los Estados Unidos se han referido en ocasiones al litio regional y argentino como riqueza “nuestra”, deja claro cómo miran desde fuera este recurso fundamental, la codicia que el mismo promueve, y el valor extraordinario que condensa.

  Mientras, Argentina ha hecho importantes avances tecnológicos en producción de baterías, que han dado lugar a un triciclo que recorrió desde La Plata a Mar del Plata, luego a un automóvil que funciona casi sin ruido y hasta a 70 km por hora, incluso a un pequeño ómnibus. Esto se ha diseñado y producido en dependencias especializadas de la Univ. Nacional de La Plata. El Ministerio de Ciencia y Técnica está hoy trabajando también en la producción de baterías, que pueden potenciar enormemente la ganancia en relación al metal en bruto.

  Las baterías pueden dar lugar a trabajo nacional, y a una fuerte sinergia de ganancias que circulen en la Argentina. De por sí, son un avance de importancia. A la vez, habrá que trabajar para pactos del Estado nacional con las provincias del Noroeste, que velen por un aprovechamiento estatal de este recurso (tanto a nivel provincial como nacional), que se nos está yendo de a poco del país, sin que hagamos lo suficiente para que sea una de las bases de la recuperación nacional.-

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.

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