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¿Juntos es una coalición, o una formación del PRO?

Es cierto: la UCR gobierna en tres provincias, y una de ellas es Mendoza. Pero fuera de ello, el PRO ha manejado la coalición JxC a piacere: la ritual interna que perdió Sanz con Macri –que nunca se  planteó seriamente como contienda- dio lugar a aquella declaración del ahora ex presidente donde señaló que la alianza era electoral pero no gubernativa, y que él gestionaría sólo con el PRO, Ni hablar de esa socia menor que es la Coalición Cívica, que sirve de fuerza de choque televisiva a menudo, pero que a la hora de los bifes no gobierna ni un municipio.

Redacción
14/05/2022 21:58

Por Roberto Follari, Especial para Jornada

  Cuando Morales tomó la dirección de la Unión Cívica Radical intentó darle otro perfil a la situación, sobre todo en atención a que es un gobernador en funciones, y además, que pretende ser candidato presidencial. Sumado a un Lousteau cuyo oportunismo es conmovedor (viene a dar lecciones a un partido al cual pertenece apenas desde anteayer, mientras hace obvio acuerdo con Rodríguez Larreta), las esquirlas del PRO que le llegan son de trazo grueso. Macri pide por la prensa que el PRO “se diferencie de la UCR”. Y por cierto, toda la acción política del partido de los globos amarillos va en esa misma dirección.

  Por una parte, en cuanto a línea política, la aparición de Milei refuerza el marcado derechismo en que se vienen ubicando Bullrich y Macri. Es cierto que ambos han fracasado desde el Ejecutivo (ella fue ministra en los lamentados tiempos de De la Rúa), pero la gente se olvida, y hoy los dos miden respetablemente bien –más ella que él-. De tal modo, los cuidados de Morales para no aceptar la antipolítica tipo Milei, o su declaración de que “la deuda la tomamos nosotros”, importan nada a la dirección del PRO, que continúa sin inmutarse con su línea cada vez más extremista, en busca del voto perdido en manos del ultraderechista histriónico.

  Con el más moderado en el PRO, que es Rodríguez Larreta, también le va mal, pues aparece a todas luces cierta la idea de que el alcalde porteño tiene un acuerdo con Lousteau, para que éste sea candidato en la ciudad a cambio de que el hombre de los rulos haya dividido al bloque de UCR –y con perspectiva de hacerlo con todo el partido- en Diputados de la Nación. De modo que con el único precandidato del PRO con que Morales/UCR podría tener acuerdos programáticos (Larreta insiste en acordar con todos excepto el kirchnerismo y la izquierda) no puede avanzar, pues el alcalde porteño está coligado a un adversario interno en la UCR, con el cual Morales estuvo a punto de tomarse a golpes. 

 En cuanto a línea política la UCR queda, por lo dicho, desplazada desde el PRO. En cuanto a  candidaturas, ni hablar: para Macri y su sueño de “segundo tiempo”, la UCR no existe. La cuestión es ir viendo las encuestas, hablando con políticos y empresarios, saliendo al exterior para la curiosa acción de dictar conferencias o cursos –curioso para su estilo de formación política-, y tratar de desplazar a Rguez. Larreta del centro del escenario, a la vez que coquetear con Bullrich en la difícil tensión de que si él no es candidato ella sería su “representante”, pero si él quiere serlo, ella va a resultar su competidora.

  Lo cierto es que no tienen en cuenta a la Unión Cívica Radical en su conteo de empujones y de posibilidades: candidata y candidatos, son sólo los del PRO. No hay la menor intención de competir seriamente con los aliados, de darles alguna chance, o de considerarlos como adversarios internos: se los trata como inexistentes, en continuidad con lo que ocurrió desde 2015 a 2019.

  En la Unión Cívica Radical no parece haber reacción suficiente ante la situación, quizá porque es percibida como natural: así fue desde un principio, y parece que hay quienes piensan que así ha de permanecer en el futuro.

  Es que falta considerar el funcionamiento del poder permanente, el económico, eso que algunos llamaron “Círculo Rojo”. Está claro que para el mismo, el PRO es garantía de fidelidad a sus intereses, así como lo sería en primera instancia Milei (este último aún promueve cierta desconfianza, tendrá que pasar algunas pruebas concretas). Y la UCR ha sido garantía de no enfrentar al PRO, si alguna vez hubiera estado en desacuerdo con sus políticas.

  Pero alguien de la UCR gobernando es una incógnita para esos dueños de la Argentina: los recuerdos de Alfonsín y los relativos a De la Rúa no los dejan dormir bien. De tal modo, la suerte parece echada: la UCR quiere levantar cabeza dentro de su coalición, pero allí nadie más quiere que lo haga. Y los grandes socios de JxC, los agentes del capital concentrado, no se arriesgan a perder las seguridades que les brinda el PRO.

  Salvo algún fuerte cambio de aires en el país, no luce como panorama modificable. Y el próximo candidato presidencial de JxC, guste a quien le guste, vendría nuevamente desde el PRO.-

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.