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De Loredo y Ley ómnibus: apoyando al “quilombo”

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De Loredo y Ley ómnibus: apoyando al “quilombo”

El diputado cordobés por una parte y Pichetto por la otra, mostraron su impaciencia con las agresiones, desprolijidades y marchas atrás con las que el oficialismo “premió” su apoyo a la ley. Pero mantienen ese apoyo no por republicanismo: lo hacen por sus ideologías de derecha.  

03/02/2024 22:28
“Esto es un quilombo”, lanzó a mitad de semana De Loredo

“Esto es un quilombo”, lanzó a mitad de semana De Loredo ante múltiples canales de televisión. “Lanzan el bote al mar pero no tienen los marineros”, se explicó, apuntando a un oficialismo que ha dado sobradas muestras de amateurismo en el tratamiento de la mega/ley enviada al Congreso. Destratos, acusaciones de ser coimeros o idiotas útiles; intervención de personajes cambiantes que negociaban una cosa y luego desaparecían porque el presidente no la aceptaba. Como Massot -otro caso de total molestia pero apoyo a la ley-, que declaró en el recinto: “Nosotros les votamos la ley, y somos el enemigo”.

De Loredo apoyó al quilombo, y a un gobierno al que calificó, en su discurso final, de “antidemocrático”. No importa: apoyamos igual, apoyamos a cualquier costo porque -con lenguaje de fingida ingenuidad- “queremos acompañar al gobierno, y darle sus herramientas”. Que el gobierno haya duplicado la inflación en dos meses sin mostrar plan productivo alguno, que los niveles de presencia policial alcancen tonos apocalípticos en los alrededores del Congreso, que se haya lanzado un hiper/DNU que hace agua en muy diversas instancias judiciales, que el presidente diga que va a “fundir” a las provincias, no mellan la férrea voluntad de aportar “al quilombo”.   

De Loredo

Es más: De Loredo mostró vocación teatral, mirando todo el tiempo hacia el bloque del peronismo con aires desafiantes, y lanzó que “todo es culpa de ustedes”, que estamos como estamos por razón del peronismo. Y cierto es que se estaba mal en diciembre, pero es evidente que se está mucho peor ahora, de modo que los problemas actuales no son continuidad de los anteriores, sino potenciación multiplicada. Y ello, por una elemental razón: el gobierno de Milei no ajusta por la herencia recibida -que requería un margen de disminución del gasto-, sino que ajusta mucho más de lo necesario, y lo hace por doctrina. Es obvio que el paleoliberalismo de Milei plantea el ajuste como receta única y universal. Es lo que hubiera hecho si hubiera venido después de Menem, de Cristina o Macri, da igual.

Es la única dirección que el paleoliberalismo concibe: ataque frontal al Estado y a la inversión y el gasto estatales, con el empobrecimiento relativo de la gran mayoría de la población, que pierde acceso a derechos y servicios y sufre aumentos despiadados de los precios y las tarifas. Los combustibles ya subieron 100% con Milei, y se dice que pronto habría nuevo incremento.  

Es curiosa la tranquilidad de conciencia de De Loredo: se “olvida” que su partido fue seguidor pasivo del macrismo: gobernaron, y gobernaron mal. También gobernaron y gobiernan provincias. ¿Le debe la Nación grandes logros a ese radicalismo tenue y ausente? ¿Es glorioso perder y perder elecciones, para siempre ir a cobijarse en posiciones conservadoras que son lo contrario de lo que proponía Raúl Alfonsín?

En todo caso, dicen que enfureció cuando supo que Manes y otro diputado de la UCR votaron contra la ley. Parece que exige obediencia en el bloque, pero no practica obediencia a los organismos partidarios: la Convención Nacional se pronunció expresamente contra la megaley, así como el presidente del partido. Pito catalán en ambos casos: De Loredo, es notorio, no actúa por republicanismo y apego a normas, sino lo hace acorde a ideologías. Es un derechista y juega para la derecha, aunque desde allí se los desestime, agreda, humille. Al final de su discurso se exaltó más, al hablar del maltrato de parte del gobierno: pero fue para acabar mostrando la supuesta grandeza de apoyarlo a pesar de todo. Pero apoyar quilombos y antidemocracia, no es republicano: es ideología ultraconservadora, nada más.

 “¿Qué esperabas de De Loredo?”, me musitan desde Córdoba, “si es yerno de Aguad”. Y uno puede pensar diferente del suegro, pero no parece ser el caso del diputado formado en colegios religiosos. Aguad es conocido por las relaciones que mantuvo con el gral. Menéndez, jefe del proceso represivo de la dictadura en el III Cuerpo de Ejército, quien murió con variadas condenas judiciales.

Pichetto, Micky Vainilla y la represión

El de Pichetto es otro caso curioso. Harto de los vaivenes de sus amigos del gobierno, de sus ataques públicos y descalificaciones, estalló varias veces: alegó “mal humor”, trató de cobarde a Caputo por no ir al Congreso, pidió que dejaran de aplaudirlo en el recinto porque “esto no es una fiesta”, llamó “tarado” a Sturzenegger, pidió que dejaran de lanzar amenazas. Se lo vio cansado y contrariado.

Pero dejar de apoyar a la derecha, por más que sea desastrosa, no está ahora en su libreto. En alguna época cumplió con sorprendente lealtad los designios de Cristina en el Senado: destacable, porque es obvio que no acordaba en lo ideológico. Pero con el tiempo reconcilió su identidad política con su ideología, y pasando a lo que fue JxC, pudo proferir con calma sus ataques habituales contra la inmigración paraguaya, peruana o boliviana, o insistir con delirios pasmosos como los del supuesto “comando mapuche/venezolano/iraní” (¿??).

Hay en Pichetto, a pesar de ello, rasgos reales de defensa de las instituciones: en eso, es más creíble que De Loredo. Pero sus ataques a indígenas y latinoamericanos varios, lo pusieron en la mira: “es Micky Vainilla”. Cuando se lo dijeron, señaló que no sabía de ese personaje. Es de creerle, no se necesita ver a Capusotto para sostener esas posturas extremas.

El asunto es que se nota la ideología de los personajes: es la razón de su apoyo a un gobierno en el que no creen, un gobierno que los amenaza y que es un quilombo.  Y es la razón de que no les inquietaran los excesos represivos en torno del Congreso.

Desproporción total: a menudo eran más efectivos de seguridad que manifestantes. Estuvieron la Policía de la CABA, la Federal, Gendarmería y Prefectura. Qué hacen allí estas dos últimas fuerzas, es insólito. Hemos naturalizado que los que deben cuidar fronteras y cursos de agua, estén dedicados a reprimir la protesta social. Es momento de una discusión social que ponga en su lugar a estas fuerzas, que de seguridad se han convertido en represivas por voluntad de Bullrich.

Patricia Bullrich

Operativos desmesurados y propios de una sociedad policializada. La provocación dio frutos: finalmente, se logró que un grupo de inadaptados incendiaran basureros y tiraran algunas piedras. El día anterior habíamos visto múltiples personas ensangrentadas, fruto de bastonazos, golpes con escudos, uso de los cascos, gas pimienta, grupos en motocicletas que dispersan con violencia, balas de goma en cantidad, camiones hidrantes…¿qué más se podría utilizar? Las manifestaciones fueron pacíficas miércoles, jueves, y gran parte del viernes. Al final, la bronca contenida contra la prepotencia policial se descargó, aunque en total asimetría en favor de los Robocop policiales. El argumento de cierta tv de que “los manifestantes pegaron a los policías” es absurdo: basta ver la provisión enorme de herramientas represivas de las llamadas “fuerzas del orden”, que dan un espectáculo dantesco.

Fuerzas que a veces no son del orden, son de ataque a la manifestación social. Nadie cree que su preocupación es sostener el libre tránsito, ese es sólo pretexto para agredir a la protesta. La calle Entre Ríos fue largamente cerrada el jueves por la misma policía: ellos sí pueden darse el lujo. Y una marcha no es un piquete: la marcha se mueve, el piquete no. Una marcha exige el uso de la calle. Además, el “protocolo” de Bullrich no tiene fuerza de ley y, por el contrario, ha sido cuestionado por Naciones Unidas. Se llega al disparate de pretender que los grupos sociales paguen a quienes los reprimen, en un mecanismo que hubiera complacido a Stalin.

Un policía llevaba en su ropa simbología de LLA: veremos si es cierta la promesa de Bullrich de sumariarlo. Porque quedan varias preguntas: ¿desde cuándo es legal que la policía filme a los manifestantes? ¿no es eso un material obvio para el espionaje y la persecución? Y también: ¿por qué los efectivos no llevan su nombre puesto sobre el uniforme? Es una exigencia que contribuiría a evitar que, como ocurrió el día jueves, más de diez periodistas fueran heridos por las fuerzas de seguridad.

Punto por punto: mucho por discutir

El bloque que dirige Pichetto no es un bloque, sino una total heterogeneidad: allí votaron contra la ley las dos personas del socialismo, así como Stolbizer y De la Sota. Y entre quienes votaron a favor, varios dicen que discutirán mucho en particular.

Se pasó al martes por propuesta de LLA: lo que indica que todavía no logran ponerse de acuerdo el gobierno y sus amigos de la supuesta oposición.  Por cierto, la precariedad conceptual del vocero oficialista en la Cámara resultó pasmosa.

El proceso de discusión puede ahora ser lento, más allá de lo que se siga acordando en bares, domicilios privados y hoteles cercanos al Congreso. Es que quedan cuestiones enormes: parece que reapareció el artículo antes rechazado por el cual se quiere quitar a la Anses el Fondo de Garantía, lo que sería enorme golpe a los jubilados; quienes empiezan a organizarse, como el conmovedor grupo de “Jubilados insurgentes”.

Está el lío entre Milei y los gobernadores -esos a los que había que “fundir”- por el “impuesto País”. Están las privatizaciones, lanzadas al voleo y en cantidad. Están los cambios al código civil y al código penal, que incluyen medidas autoritarias para la represión política. Están las inaceptables -pero ya aceptadas por los amigos del quilombo- facultades extraordinarias, que se pretende otorgar a quien ha mostrado claras propensiones a pasar por fuera del Congreso y de las reglas. Están los mecanismos para toma de deuda, que debiera garantizarse que tengan exigencia de trámite legislativo.

Y después de todo eso, el mamotreto tendrá que ir al Senado. El trámite será largo. Lo que resulte será un híbrido (bastante lejano de lo que quiso inicialmente el gobierno, pero en todo caso con muchos logros en esa dirección), y llegará mucho después de lo que se supuso desde una presidencia apresurada. El “triunfo” gubernativo, si se confirmara, será pírrico: servirá para la tribuna, pero en el camino quedaron cientos de artículos eliminados y reformados. De los que habrá más, seguramente.

Mientras, la gente piensa en su bolsillo, en un mes en que empiezan los tarifazos y ya no habrá el auxilio del espíritu veraniego y el medio aguinaldo para los empleados formales. Duele ir al supermercado: los changuitos lucen cada vez más escuálidos.

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