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Ante el fracaso en el Congreso, Milei y Villarruel llaman a Macri

Reacción enojada de Milei ante la impericia para el manejo de una ley multiforme y excesiva. La quita de los aportes del tesoro y del Fonid para educación a las provincias, puede abrir a una economía del país que dé la espalda a la Capital Federal y a los bancos porteños.

10/02/2024 21:52

Milei se anotició en Israel del fracaso de la ley ómnibus: un proyecto mayúsculo que se desvaneció ante la imposibilidad de convencer a los aliados del gobierno de puntos muy densos, como el otorgamiento de facultades especiales al presidente, o la posibilidad de privatizar la mayoría de las empresas estatales del país.

Francos y Caputo no sabían que, enviada la ley a comisiones, quedaba anulada la votación en general y todo volvía a fojas cero. Francos, el encargado de convencer con sonrisas de las medidas más duras y extremas, se enteró mientras hablaba por tv. La pretensión del gobierno de hacer política sin saber de política empezó a mostrar sus agujeros.

De Loredo lloró insólitamente por no poder lograr una ley que no era de la UCR (y que un sector de su partido rechazó), mientras Pichetto se hartó de pedirles prudencia a un conjunto de negociadores intransigentes y maximalistas. Todo se cayó a pedazos cuando la furia de Milei, tocada de resonancias bíblicas por estar en una tierra tan sensible para judíos y cristianos, se lanzó contra sus aliados, a los que calificó desusadamente de “traidores”, exponiendo sus fotos y sus nombres.

Ya las intervenciones del presidente en Israel han sido problemáticas. Una cosa es la solidaridad con los muertos -que fue sólo con los 1200 israelíes, con indiferencia por los 28000 palestinos-, otra es meter a la Argentina en un conflicto bélico que tendrá consecuencias de largo alcance. Lo mismo que cuando se envió a Ucrania un helicóptero: ese país parece que ya perdió la guerra, y hoy “sus amigos” de Rumania y Polonia ven cómo repartirse parte del territorio ucraniano, mientras en EE.UU. se va pasando del negocio del gas y de las armas, al negocio de la reconstrucción de ese país.

Ni hablar de la visita al Papa, que se dará ahora con la canonización de mama Antula. La súbita aceptación hacia el Pontífice tras haberlo rechazado por tv, y tras declaraciones ofensivas contra la justicia social de la cual habla Francisco, llevan a más de una incógnita sobre el encuentro. Tampoco colaboran la falta de designación de embajador/a en El Vaticano, o la presencia en la Secretaría de Culto de un personaje que no sólo ha ofendido a católicos, sino también a musulmanes y judíos.

La reacción intempestiva

Lo cierto es que la furia de Milei tras la derrota, llama la atención por sus ribetes antiinstitucionales. Posteos del presidente combinado con la figura de un Terminator que elimina enemigos, o haciendo referencia a la reacción de Moisés ante la veneración del becerro de oro, muestran una intemperancia que está fuera de parámetros conocidos.

Esto se completó con una especie de cumplimiento de la amenaza lanzada previamente por Caputo y otros miembros del gobierno: si no se aceptaba la ley, los argentinos deberían sufrir más. De modo que se lanzó una especie de revancha contra los gobernadores (es decir, contra las provincias) que reconoce pocos antecedentes, y que es de dudosa legalidad: los dineros públicos son abiertamente usados como elemento de presión; algo que no es inédito, pero que rara vez se ha exhibido de manera abierta, y se ha hecho contra tantos gobernadores y provincias a la vez.

Cabe subrayar que los bruscamente señalados como “traidores” son los de la oposición amigable, los que querían que la ley saliera, los que tuvieron larguísima paciencia para debatir, leer, esperar, ser rechazados, volver a reuniones dentro y fuera del Congreso. Han sido barridos por una reacción inimaginable, puestos como objeto de persecución. Y ahora castigados por una quita presupuestal sin precedentes, reafirmada por las agresivas declaraciones de Adorni, una especie de tosco gladiador más que un vocero.

Mientras, la inflación continúa altísima, y seguro se dirá que “está bajando” porque en diciembre fue 25% y ahora estaría en derredor de 20%. Sigue siendo el doble de la inflación que recibió este gobierno, y se suma a aumentos de tarifas, y ahora al incremento en el boleto de los micros. El golpe al bolsillo de los porteños -y sobre todo a la gente del conurbano- ha sido formidable. Y como Milei en su reacción le ha quitado el subsidio de transporte a las provincias, pronto se sentirá peor en todo el país.

El presidente sigue hablando de dolarizar, como si fuera ésa una bandera que la mayoría de los argentinos compartiera. Si se toma esa decisión, será un conflicto más, sumado a los muchos que hoy existen.

Además de la carestía cotidiana en crecimiento y aparentemente sin límites, están los frutos de la represión desmedida y multitudinaria que organizó Bullrich frente al Congreso. Impidió cortar calles a los manifestantes mientras la policía cortaba esas calles; metió a Prefectura y a la Policía Aeroportuaria en la represión, lanzó camiones hidrantes y litros de gas pimienta, en cumplimiento de un protocolo de vidriosa legalidad. Lo cierto es que desde el poder judicial se le ha pedido un informe sobre lo sucedido, así como las Naciones Unidas han rechazado abiertamente tanto el protocolo como la operación represiva. Mientras, los nombres de los agentes de seguridad sobre sus uniformes, te los debo.

Gobernadores en acción: y ahora Macri

Cuesta imaginar cómo podrán hacer muchos pobladores para pagar las nuevas tarifas, cuando ya les es imposible comprar lo elemental en el almacén o el supermercado. De parecido modo, cuesta imaginar cómo podrán hacer los gobernadores para cumplir con sus pagos y obligaciones, sin que el Ejecutivo cumpla con apoyos que nunca han sido una concesión graciosa, sino una devolución necesaria. Recordemos que la Nación no existe en el aire, no es otra cosa que la suma de las provincias y su capital: lo que es de la Nación, lo es de derecho también de sus provincias.

Lo cierto es que ante esta monumental furia contra gobernadores que eran amigables con el gobierno de Milei y Villarruel -los casos de Llaryora y Pullaro son muy claros-, hay que ver por dónde puedan ir las reacciones desde eso que malamente se suele llamar  “el interior”.

Ya empezaron a usarse en Posadas puertos locales para evitar salir por Buenos Aires: seguramente habrá muchos sitios de exportación alternativos a la capital nacional, así como a sus bancos. Han sonado -no sabemos con cuánta seriedad- rumores de apelar al Pacto de San José de Flores, que permite a la prov. de Buenos Aires (que precede a su inserción en la Nación) emitir moneda propia, y tener cierta autonomía económica. ¿Podrían otras provincias reemplazar sus aportes por exportación a la Nación por aportes -que les sean devueltos- a la provincia de Buenos Aires? Es una salida posible: seguro que más de un abogado y más de un comerciante y economista están trabajando para afinar el lápiz y proponer modos en que las provincias devuelvan al gobierno nacional las “gentilezas” que este les está propinando: que en verdad nos está propinando a los provincianos, que somos un 90% de la población del país.

Por supuesto, la posibilidad de las cuasi monedas ha de aparecer. La cual puede arruinar incluso los sueños dolarizadores de Milei, pues podrían seguir funcionando aún en un país dolarizado, y haría del dólar una moneda compartida con otras muchas que estarían circulando en las provincias. Obvio que esto afectaría también al déficit fiscal nacional.

En medio de todo esto, Milei llama a Macri para que lo salve en la Rosada. Un Macri que es el único presidente que se presentó para reelección, y la perdió en la Argentina: pero alguien que, al lado de Milei, es un muy avezado político.

Claro que la relación entre ambos no parece que vaya a ser tranquila: Macri quiere mandar, y Milei se siente humillado si le pasan por arriba. Macri deberá usar su astucia -que no le falta- para ser quien mande sin que se note. Es él quien tiene experiencia, tiene una estructura partidaria, contactos y equipos: no siempre exitosos, pero al menos existentes. Diferente a la improvisación generalizada que viene exhibiendo LLA (completada esta semana con un inconsulto proyecto contra la ley de interrupción del embarazo, y por otro de Milman -que es del PRO- promoviendo un improbable plebiscito sobre la caída ley Ómnibus).

Pero no es fácil que las relaciones cortadas frontalmente por Milei se reinicien de buen modo con la que fue “oposición amigable”, la cual no sólo ha sido defraudada, sino atacada, humillada y escarnecida. Y lo sigue siendo en la quita del apoyo presupuestal a las provincias, donde gobernadores cercanos al gobierno nacional -Mendoza es uno de ellos- han quedado en situación de desconcierto.

No todo el PRO querría pegarse a LLA. ¿Qué será de Rguez. Larreta, de “traidores” como Frigerio, como Monzó? Y quienes están más en sintonía con la derecha, como Lospenato: ¿soportarán los tratos que les tocarán de ahora en más, ya no sólo como aliados sino como parte directa de la fuerza gobernante?

El gobierno tiene oportunidad de salir de su aislamiento legislativo. Pero corre también un riesgo: que aquel a quien ha llamado, simplemente se lo coma. Sin más que su propio nombre, con un cúmulo de colaboradores de escasa experiencia, sin estructura ni equipos, Milei y Villarruel puede ser que nos estén dando la entrada a un nuevo gobierno de quienes salieron terceros: del macrismo y el PRO.