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OLA VERDE Y OLA AZUL

12/12/2020 20:24

Se votó ley de interrupción del embarazo en Diputados. Volvió a ganar el “sí” como en 2018, ahora con mayor ventaja (14 votos). Se verá en Senadores, donde entonces quedó sin aprobar. Afuera, la algarabía de las –y los- que habían esperado toda una tarde tórrida y una larga noche, y la tristeza del otro lado. Eran más del lado verde, sin dudas. Pero el celeste también representa un sector de la opinión nacional, de largo arraigo


Por Roberto Follari, Especial para Jornada

No son sectores simétricos. El movimiento de mujeres de las últimas décadas se ha hecho en la lucha por instalar cumplimiento de derechos previamente no reconocidos. Propone la igualdad de géneros, el reconocimiento para [email protected] trans y  [email protected] travestis, el final de la violencia machista. Al conceptualizar el patriarcado, algunas han hallado una especie de teorización general sobre la historia. El movimiento celeste surge, en cambio, de la defensiva frente a la ola verde, y esto lo hace inevitablemente reactivo: no imaginaban sus mentores y mentoras, que con el tiempo tratarían de ocupar calles y hacer caravanas. Están en obligación de responder con eficacia a la emergencia de una sujetación social que hace unas décadas era impensable.

  Un sector importante de las verdes, y uno quizá mayor de las celestes, comparten calladamente cierto desdén por los políticos de cuya decisión ahora dependen. Se autoadjudican los logros, y no suelen aportar al número que permita plasmarlos. Si los políticos votan lo que el sector quiere, simplemente “cumplen con el mandato popular”. Cuando votan otra cosa, es por venales, ignorantes o traidores. La política se pone en tensión para responder a una importante demanda social, pero es poco reconocida: casi siempre es puesta en el fácil puesto de “los malos”. Pero si bien el protagonismo principal es por lejos propio de los movimientos de mujeres, sin la política sus demandas no pueden plasmarse como legalidad.

 Discusión por tv. Está Mariana Carbajal, que escribe en medio progresista sobre temas de género. Del otro lado, especialista en Embriología. Canal de centro izquierda  –fácil saber cuál, no abundan-, donde todo debiera favorecer a la escritora. Sorprendente: durante 40 minutos, la científica conservadora maneja ampliamente la situación. Declara que las estadísticas oficiales mienten, y Carbajal no sabe responder: como si la sola declaración de la otra mujer bastara, cuando supone que mienten todos los gobiernos, como si macrismo y peronismo fueran idénticos. Dice que “la ciencia” afirma que desde la concepción hay vida, y ante la perplejidad de la otra panelista, más el periodista y la periodista presentes, sólo el divulgador filosófico de apellido impronunciable, ensaya una parcial respuesta. Como si en la ciencia no cupieran las diferencias de interpretación sobre los datos, y como si fuera obligación de la moral y del derecho, reproducir sin criterio lo que dice “la ciencia”. Partido que ganaba la oradora celeste por 4 a 0. Carbajal mostraba que la burbuja no ayuda a pensar: repetir posturas entre quienes opinan igual, poco contribuye a argumentar ante antagonistas.

  No empató al final, pero disminuyó en mucho la ventaja. Es que, buscando un ángulo que le fuera más favorable, habló del deseo de la mujer, de respetarlo y asumirlo. Allí resbaló su interlocutora. Con la misma seguridad que traía, lanzó que el sexo es para la reproducción –sin más-, y que esta va sólo en el matrimonio. Argumento contradictorio con la disminución de los abortos: en vez de evitar llegar al embarazo por vía de los anticonceptivos, el conservadorismo va contra estos. Inevitablemente, con ello favorece los embarazos no deseados. Tampoco desde allí suelen aceptar la educación sexual, que es muy útil con la misma finalidad. 

  Abundan los argumentos “ad hoc”, que se hacen más obvios en [email protected] [email protected], pues de pronto se acuerdan de que “hay hambre” y de que habría que ocuparse de ella en vez de abordar este tema –la mayoría de [email protected] contribuyó al hambre colectiva votando a Macri-, o proponen supuestas soluciones para los embarazos de las mujeres pobres, de las cuales mayoritariamente no se han ocupado.

  Se notó en el desdén por la Ley de los 1000 días, que implicará ayudar a las que quieran seguir con su embarazo: eso les interesó poco, y de hecho el proyecto  no vino de sectores conservadores, sino del gobierno nacional. Es que la invisibilidad de las mujeres pobres es lo que más está en juego: los lugares siniestros donde deben apelar al aborto clandestino, los tugurios del sufrimiento callado y de la muerte, donde la humillación y el secreto se suman a la vulnerabilidad corporal. Son ellas las que menos estaban en la calle, pero son las más genuinas receptoras de esta media sanción en el Congreso.-

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.