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El mundo ya no es lo que era. Nosotros tampoco somos los mismos

11/07/2020 22:07

Por Emilio Vera Da Souza, Redacción Jornada

El mundo ya no es lo que era. Y nosotros tampoco somos los mismos de antes. Ya nada será igual y eso parece que es percibido por todos los que tienen posibilidad de usar sus sentidos, aunque no sean cinco, aunque alguien no tenga mucho sentido.

A algunas personas les asustan los cambios, y por eso se niegan. A otros, los cambios no les convienen y por eso se resisten, y a los más, los cambios no los alcanzan o eso piensan… y no les importa.

Están los que prefieren la quietud de lo conocido, el refugio de lo que no se modifica, la seguridad de lo que no se inmuta. Y hay quienes las mudanzas les generan estrés, lo desconocido los altera, lo incierto los descontractura.

Pero están los otros… los que lo movido los entusiasma, lo ajetreado los incita, lo ágil los llena de adrenalina y los empuja a moverse.
Muchos en estos días están así: cambiando, mutando, reinventándose, asimilando lo nuevo, buscando horizontes desconocidos.
No quiero decir nada de los que saltan al vacío, los que se tiran a la pileta sin agua, los que lo arriesgan todo sin contemplaciones o los que no tienen ningún resguardo y no les importa nada.

Quiero hacer referencia a los que sí… a los que sí les importa pero igual prefieren cambiar, a los que son innovadores y tienen la picardía de avanzar, que toman recaudos, pero siguen hacia adelante. A esos me refiero. Estos días tienen esa impronta.

Muchos piden que hablemos de política en forma directa. Y piden eso porque les parece que hablamos de otra cosa. Las elecciones individuales también son consideraciones políticas. La expresión mínima de la decisión de un ser independiente, cualquiera sea, es una decisión política.

Aunque se resista. Aunque no quiera. Aunque reniegue de su condición de persona, de ciudadano, de habitante de un lugar.

Cada una de sus acciones son acciones que generan consecuencias y con cada una, bien o mal, se las tendrán que rebuscar en el futuro. Porque las decisiones individuales, aparte de ser políticas, tienen consecuencias. Las decisiones familiares también… y para qué decirle sobre las decisiones sociales o que involucran a los vecinos, amigos, parientes, etc.

Las autoridades de gobierno deciden y eso les influye y nos influye. El gobierno nacional, el provincial, el municipio, la justicia, los cuerpos legislativos, las comisiones directivas, del club, de la vecinal, del consorcio, de la cooperadora de la escuela. Todos se dedican a hacer política. Aunque no lo quieran. Aunque no lo admitan. Aunque odien a los políticos.

También las decisiones son tomadas en un contexto acotado llamado tiempo. Ese tiempo, aparte de ser inexorable, nos permite crecer. Sino existiera el tiempo no habría cambios, evolución, re-evolución.
Adiós Darwin si no hay tiempo.

Y yo pienso que es mejor la evolución a la quietud de lo que permanece sin alteraciones. Eso es lo que nos va pasando. Crecemos. Algunos más lento. Otros a velocidad que no notamos. Pero así nos transcurren estos días. Algunos síntomas de la evolución o la ausencia de evolución podemos verlos en forma evidente, sobre todo con el uso de algunas definiciones.

Acá, por los barrios de los bordes de la metrópoli, tratar a quienes son diferentes con adjetivos llenos de desprecio ¿nos hace más evolucionados? Lo dudo.
Tratar a quien nada tiene con indiferencia y lejanía, no lo hacecambiar.
Pero agredirlo y estigmatizarlo tampoco. Y hay quienes así lo hacen.

Yo lo escucho en estos días.
Yo lo veo asiduamente por estos días. En las redes. En los chats. En El Barrio. En la vida real. En la verdulería. En la calle vacía. En los colectivos vacíos. En los negocios cerrados. En todos los lugares. Donde nadie camina por el encierro. En donde nadie está por miedo.

Y me parece que hay quienes sufren el temor de lo desconocido, sufren el miedo de no querer pensar que alguna vez podrían estar y no saber cómo continúa ese drama si los encuentra como posibles protagonistas.
Por eso hablan de los pobres, de los diferentes, de los que nada pierden porque nada tienen, de los que niegan cualquier posibilidad de cambio para ellos.
Los que tienen miedo piensan que los que nada tienen no se merecen asignación, ni escuelas, ni computadoras en las escuelas, ni vacunas, ni documentos, ni nada.

Para los que piden que hablemos de asuntos importantes, hay muchos que esperamos ver cómo es esto del reparto de la riqueza, porque el reparto de la pobreza ya lo hemos visto.
Y hemos visto susconsecuencias, y he visto el dolor que les causa la pobreza a las personas que veo en las calles de mi barrio, en las calles de mi ciudad, donde camino casi todos los días, según la terminación del documento. Donde alguna vez volveremos para intentar vivir mejores.

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Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista Diario Jornada.