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José González: un nuevo y estimulante lanzamiento

Es este un espacio dedicado para el descubrimiento musical. Semana a semana estaremos comentando los variopintos baluartes de la música de hoy y también haremos uso del «arte del desescombro»: revitalizar aquello que nunca debió perder vigencia.

08/11/2021 20:29

Es cierto, he estado algo lento. José González sacó su último disco luego de hacernos esperar cinco años; el lanzamiento fue el día 17 de septiembre y yo hace tan solo una semana que he caído en la cuenta. Seguramente debo atribuir el descuido a la cantidad irrefrenable de contenido que pulula por el ambiente y que las más de las veces nos embota los sentidos a fuerza de bombardearnos sin pausa.
Para quien no lo sabe, José González es, sí, un músico de ascendencia argentina, pero nació en Gotemburgo, Suecia, luego de que sus padres emigraran a causa del golpe de Estado de 1976. El muchacho comenzó su actividad musical alrededor de los 17 años, pero no fue sino hasta sus 27 que ganó notoriedad gracias a su disco Veneer, en el cual se encuentran creaciones destacables, como por ejemplo: Heartbeats. Con la virtuosa presencia de su guitarra, González nos pasea siempre por melodías delicadas y mayormente uniformes que remiten a la ensoñación. Sin dudas se trata de música para acompañar el descanso, ¡pero cuidado!, aquí nadie dice que debemos dormir, antes al contrario, hay que prestar mucha atención.

 


El sueco-argentino nos ha ofrecido su última entrega y en ella puede verse más que nunca su estilo resultón del que no pareciera querer desprenderse (y que, valga decirlo, cada vez «psicodeliza» un poco más). Las canciones son una sucesión de lo que parecieran mantras, aunque por supuesto, con algunas particularidades. El disco se denomina Local Valley o Valle Local, mismo nombre, este último, que da bautizo a la canción número seis del álbum, canción que, por otra parte, se encuentra cantada en español. Oportunamente, nos encontramos situados en una de las características más interesantes de este disco: es políglota. González viene a afirmar esa remota idea que he tenido acerca de que «anglosajonizarlo» todo —según yo expongo siempre— está pasando de moda. Nuestro músico nos canta dos canciones en castellano, una, la que hace pocos segundos hemos nombrado, la otra: El Invento, para mí una de las delicias del disco (y primer sencillo del mismo); pero también nos canta en sueco, cosa que será puesta de relieve en las siguientes líneas.

 


José es vegetariano y, aunque yo carezca de información precisa acerca de su filosofía, su sesgo naturista, por decirlo de alguna manera, se ve plasmado no solo en la portada del álbum, sino también en la presencia de nemorosos sonidos, entre los cuales sobresale el protagonismo del siempre atractivo gorjeo del —si no me falla el oído— ruiseñor, que acompaña el canto de nuestro muchacho en Lasso In, Honey Honey y que también está presente en Visions que, dicen por ahí, es la mejor canción del disco —particularmente, y aunque me agrade mucho, no comparto esa impresión—. Por lo mismo, haremos un breve repaso por algunas las demás canciones, destacando una que otra cosa. En Lila G. me recuerda vivamente al estilo de Nick Mulvery, que tanto me gusta, utilizando un rítmico y agradable estilo tribal que pareciera encontrar su continuidad en la siguiente canción Swing. Como dijera más arriba: se trata de canciones que parecen mantras (en este caso por sus cíclicas melodías). En fin, las obras del álbum se suceden armoniosamente, pero yo debo decir que el tesoro al final del arcoíris es En stund på jorden, canción —aludida más arriba— de la artista sueca Laleh que yo he conocido, como es de esperarse, gracias a José. La versión de nuestro cantor asciende, para su servidor, a la mejor creación del álbum.

 


Solo resta destacar que González es un apasionado seguidor de Silvio Rodríguez. Háganme el favor de escucharlo mientras piensan en el cubano, y verán similitudes pasmosas en el estilo de su voz y en la manera que tiene de doblarla en el estudio; cosa que bien recuerda a los discos Silvio (1992) y Rodriguez (1994). Y también debiéramos hacernos la pregunta de si el europeo no busca algo más con ese estilo psicodélico; estilo presente en las artes del disco, como así también en el pulso de sus canciones. ¿Conocerá González los efectos de algún psicotrópico? Quizá...

 


Luego me cuentan qué opinan de su música. Mientras tanto, yo seguiré dándole al play.