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Parar o no parar (esa no es la cuestión)

Es muy probable que los paros se sigan sucediendo y nada de lo que podría ser solucionado, se encamine. El hartazgo que explicitó la elección presidencial de 2023 y la famosa caracterización de la casta también alcanza a los líderes sindicales aunque ellos parezcan no haber registrado ese mensaje.

10/05/2024 08:17
La CGT aseguró que el paro fue "contundente"
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Como sucede desde hace más de 40 años (sí, cuatro décadas) en Argentina se suceden los paros nacionales generales sin que tal decisión, que se presume extrema, no se pueda dejar de leer de otra forma que la de influir en la discusión de coyuntura; o lo que es más grave aún: en las intenciones partidarias de quién domina el universo sindical, el Partido Justicialista (PJ).

Y si bien está claro que siempre, todo paro es político, aquí la discrecionalidad con la que se ejecuta (ciertas veces) y ceguera con la que se no se advierten situaciones que al menos ameritarían algún tipo de protesta en otros contextos, no deja de sorprender por lo desembozado de la estrategia.

El sindicalismo argentino, burocratizado, enquistado en lógicas del siglo XX, partidizado hasta la obsesión, ha ido mellando su prestigio bien ganado en la defensa de los derechos de los trabajadores que le dio origen, o más acá en el tiempo, en la lucha por el regreso de la democracia.

Hoy, sindicalistas eternizados en sus gremios, con estilos de vida muy difíciles de explicar, que se activan según quién se siente en el sillón de Rivadavia, parecen caricaturas de una época pasada y un estilo demodé.

Y es que desde el '83 hasta esta parte, gran parte del sindicalismo no ha hecho más que ponerse al servicio del peronismo, como maquinaria de tracción electoral en sus triunfos y arrastrado en sus cuestionamientos en las derrotas. Un libreto repetido, y en algún punto, agotado.

Lo que es una herramienta legítima y con resguardo constitucional como el derecho de huelga, se transforma así en un dispositivo de acción automática para oponerse a un gobierno con el cual no se comulga. Se la lleva al barro de la arena política y ahí se la bastardea.

No es novedad que Argentina está atravesando un más que delicado ciclo económico, producto de errores y desatinos que incluyen a todo el arco político, incluso al que los sindicalistas suelen asiduamente acompañar en sus actos de campaña.

Por ello, junto con medidas de fuerza que en contextos de alta inflación y pérdida de poder adquisitivo (arrastrados y también heredados del pasado reciente) aparecen como razonables, bien podrían venir acompañadas de la imprescindible autocrítica y señalamiento de responsabilidades hacia sus propios referentes partidarios.

Pero lejos de empatizar con el sufrimiento de los millones de argentinos que están padeciendo el ajuste de estos días, sólo buscan un rédito político que puedan ofrecer en las mesas partidarias en las que los sindicalistas también se sientan. Y deciden.

El paro general nacional del jueves, no trajo un nuevo capítulo en esta historia ya contada. Por el contrario, la confirmación de un proceder de hipersensibilidad y reacción con un gobierno en verdad nuevo como el de Javier Milei (apenas 5 meses en el poder y ya dos paros generales) que se contrapone con la vista gorda en la última (y lamentable experiencia peronista kirchenrista) como fue la que encabezó Alberto Fernández con la inestimable colaboración de Cristina Kirchner y de quien terminó siendo el hombre fuerte de ese proceso político, súperministro en la debacle y candidato derrotado: Sergio Massa. Ese proceso de doble/triple comando, que incrementó la pobreza casi al 50% y dejó una inflación del 211 % en su último año, pero que ni aún así, recibió un solo paro general en cuatro años.

Es por ello que no extraña que más allá de la decisión de las cúpulas sindicales, o las dificultades ante la restricción del transporte público, muchos argentinos (en especial en Mendoza) tomaron la decisión de cumplir con su trabajo y desconocer así que pese a la gravedad de la situación económica, entienden que parar no es la solución.

Si de verdad la irrupción de Milei puede llegar a significar un reseteo de la política argentina y del accionar de los grupos de presión que interactúan con ella (sindicatos, empresarios, medios de comunicación, la Justicia) será necesario también que cada cual sea capaz de la suficiente introspección como para recuperar el vínculo que alguna vez tuvo con la sociedad. 

De lo contrario, es muy probable que los paros se sigan sucediendo y nada de lo que podría ser solucionado, se encamine. El hartazgo que explicitó la elección presidencial de 2023 y la famosa caracterización de la casta también alcanza a los líderes sindicales aunque ellos parezcan no haber registrado ese mensaje.

 

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