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La selectiva centralidad de Cristina Kirchner

No son pocos quienes advierten que este intento de recuperar una épica y el discurso antagonista con el que el kirchnerismo ha sabido, no sin sobresaltos, llegar hasta acá, probablemente sea para Cristina Kirchner la plataforma para una nueva candidatura presidencial en 2023

Redacción
09/09/2022 10:47

 

Tras una semana más de fijación exclusiva en la figura de Cristina Fernández luego del repudiable atentado del que fue víctima, el país se debate ahora entre la reacción sobreactuada del oficialismo con su tentación a establecer una ley que supuestamente regule “el odio” (y con ello, la posibilidad de dar paso a formidables dispositivos de control de opinión), y la incredulidad de vastos sectores sociales sobre lo sucedido, pese a la multiplicidad de imágenes disponibles.

Sin claridad aún sobre las motivaciones de los atacantes, ni tampoco sobre la manera en que se llevó a cabo ese intento de magnicidio (mucho menos del espasmódico papel de la custodia oficial), otra vez el rol de la Justicia argentina cobra vital relevancia en un nuevo caso emblema.

Es que luego de la contundente acusación contra la vicepresidenta a cargo del fiscal Diego Luciani en la causa Vialidad, y en particular por sus incompatibles vínculos comerciales con Lázaro Báez, parece haberse desatado una exacerbación de la polarización y los desencuentros que dieron paso a todo lo demás. Y como si fuera poco, la conmoción de la violencia política.

Primero fueron las vigilias en el departamento en Recoleta, luego la polémica por las vallas y hasta dónde permitir ese desmadre de aguante militante en el espacio público. Incluso, con la judicialización del operativo de prevención dispuesto por la Ciudad de Buenos Aires. En definitiva, todas acciones que el kirchnerismo aprovechó para profundizar aún más su estrategia de victimización y persecución en pos de encolumnar a todo el peronismo.

Sin embargo, la todavía misteriosa acción de los únicos detenidos por el atentado, Fernando Sabag Montiel y su novia Brenda Uliarte no hizo más que confirmar lo ya conocido: la absoluta centralidad de Cristina en la escena política, algo que nadie discute. Al punto que esta nueva situación desde la extrema debilidad en la previsible antesala de una condena por corrupción, ha puesto a bailar a todo el oficialismo, pero también a toda la oposición.

Todo esto, en un país con una inflación anual que camina hacia el 100% (de hecho hay productos que ya han aumentado más de ese porcentaje en 9 meses); con casi el 40% de pobreza y un 45% de niños pobres; que acaba de ejecutar un profundo ajuste en áreas sensibles como la salud y la educación y cuya visibilización fueron las protestas de estos días por la falta de pago a los prestadores que atienden a chicos con discapacidad. Y que además, implementó una segmentación de tarifas que elevará sensiblemente el costo de los servicios públicos.

Sobre todos estos asuntos esa estudiada centralidad de Cristina, estadista y estratega, no se ha expedido. Ni antes, ni mucho menos después de un episodio tan traumático que apunta a dar una vuelta de página para no decir una sola palabra que vaya más allá de una defensa que no responde a los delitos que se le imputan, ni al modus operandi sobre la obra pública que se le cuestiona.

Ante a esto, Alberto Fernández y su gabinete se ve en la encrucijada de defender a la líder del Frente de Todos con su misma lógica discursiva de acusaciones a la Justicia, la oposición y los medios, pero a su vez intentar una convocatoria al diálogo que alivie las tensiones sociales de las últimas semanas; y que ello, le de aire a un gobierno casi exhausto de impotencia.

No son pocos quienes advierten que este intento de recuperar una épica y el discurso antagonista con el que el kirchnerismo ha sabido, no sin sobresaltos, llegar hasta acá, probablemente sea para Cristina Kirchner la plataforma para una nueva candidatura presidencial en 2023, capaz de dar por terminado el hasta ahora fallido gobierno de Alberto, de cuyo fracaso tampoco termina de hacerse cargo. O al menos, de una segura postulación como senadora nacional para mantener sus fueros por 6 años más.

Lejos de cualquier racionalidad, cerca de todo misticismo, una Cristina protagónica de una nueva reinvención personal, pero ausente para fundamentar tanto sobre su pasado como lo que no funciona en el presente, es la explicación de tan parcial centralidad que omite y oculta en sus márgenes, los padecimientos de quienes sólo pretenden ser tenidos en cuenta alguna vez.