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Asume Javier Milei: se termina la Argentina del relato

Casi sin discursos épicos y tras varias décadas en las que el relato fue más protagonista que los hechos, el domingo próximo asume Javier Milei la conducción del país. Lo único que ha dicho con claridad, es que llegan tiempos “durísimos”.

07/12/2023 17:24
El país siempre tuvo relatos

En los últimos 80 años Argentina ha vivido épocas muy duras, casi insoportables económicamente. Sin embargo, en todo este tiempo, algo se mostró de manera uniforme: siempre hubo relatos para sobrevivir.

Ya fueran eslóganes de campaña, frases hechas o discursos de tribuna, siempre hubo formas de manejar desde las palabras, las complejas situaciones que la sociedad atravesó.

Desde aquel “primer trabajador”, como fue considerado Juan Perón por sus seguidores entre 1945 y 1955, hasta que los argentinos éramos “derechos y humanos” en los 70 (mientras en los suburbios desaparecían personas), siempre nos manejamos con frases, eslóganes o dichos de políticos y funcionarios que marcaron el rumbo.

Sin embargo, a partir del próximo domingo, el país tendrá un gobernante cuyo discurso fundamental no fue hacer promesas de cuestionada verosimilitud (aunque lo de ir contra la “casta” está por verse).

Javier Milei llega al sillón de Rivadavia (otra frase hecha), de la mano de una sinceridad brutal. Despojado de enunciados típicos de la política, el nuevo presidente no se cansa de advertir que los tiempos que vienen serán “durísimos” y, en los últimos días, que seremos víctimas del fenómeno denominado “estanflación”, estancamiento económico con inflación.

De este cóctel ya tomamos varias veces, aunque nunca nadie supo explicarlo claramente. Mucho menos, antes de gobernar el país.

Atrás quedaron las aseveraciones históricas como “…con la Democracia se come, se educa…” con la que Raúl Alfonsín ilusionó a la República emergente hace 40 años. O la famosa “revolución productiva” y el “salariazo”, con la que Carlos Menem consiguió el voto mayoritario en los 90.

También quedaron atrás los dichos sobre el tipo de cambio, como el que lanzó el ministro de facto Lorenzo Sigaut en 1981 (gobierno militar de Roberto Viola): “El que apuesta al dólar pierde”. Sin embargo, todos perdimos. O cuando luego del atroz corralito de 2001, Eduardo Duhalde aseguró: “Quien depositó dólares recibirá dólares”.

Un par de años después, su sucesor, Néstor Kirchner, se despachaba con un fuerte ataque al diario Clarín, al asegurarle: “"Nosotros no lucramos. Tenemos convicciones e ideas. No estamos en el negocio de la política. Estamos en la transformación de la Patria”. Años después, decenas de sus amigos, seguidores y hasta su familia, eran involucrados en distintas causas.

Fue justamente Néstor quien inauguró una especie de filosofía del relato en el arte de gobernar. Como presidente, cada evento que encabezaba era transformado en acto político y con estudiado énfasis, marcaba el camino a seguir a la militancia, buscando que el mensaje llegara a cada rincón del país.

Su esposa, quien le sucedió durante 8 años, siguió y profundizó ese estilo. “Sólo hay que tenerle temor a Dios y a mí, un poquito. Por lo menos los funcionarios que dependen de mi nombramiento”, llegó a decir CFK, quien alguna vez se mostró identificada con “la Evita del puño crispado”.

Ella misma, que cuenta con innumerables frases célebres, en 2011 avanzó contra el poder privado: “Las corporaciones de turno no pueden ocupar nunca más la Casa de Gobierno para tomar decisiones (…). El que quiera hacerlo que abandone la corporación y cree un partido político”.

El cambio de color político no acalló voces. Mauricio Macri pasó de prometer “pobreza cero” para ganar una elección, hasta decir que los argentinos deberíamos “dejar de andar en patas”, en invierno, por las decisiones que tomaría frente a los subsidios energéticos que finalmente no llegaron a concretarse del todo.

Éstos son sólo algunos ejemplos que marcaron la vida de los argentinos en las últimas décadas.

Hoy parece que se termina la Argentina del relato. Parece que llega el momento de empezar a sacar adelante al país con menos palabras y más hechos.