Decidimos invitar a Paula Vázquez a mostrar su arte, a contarnos su elección de vida y a darnos detalles de su historia. Ella tiene una pasión artística que alimenta cotidianamente y una historia tan fuerte como interesante.

Paula cuenta con su propia vos lo que hace y su vida ligada a las telas, los colores, la tinta, los rodillos, los tacos y la prensa de grabados. Paula es entusiasta, apasionada, estudiosa y atenta observadora. Una artista que crece junto a su pasión, a sus personas amadas, sabiendo de donde viene, pero sobre todo, diseñando su destino construido con esfuerzo y trabajo. Una artista que invita a saber de qué se trata su arte.

“Soy Paula Vazquez, tengo 40 años, y mi vida gira entre la familia, los afectos, la escuela donde trabajo, el mundo audiovisual y mi taller, donde pinto y grabo hace varios años…” dice como presentación formal.

Y ahora nos da detalles: “elegir la profesión fue mucho más sencillo de lo que pensé. Sin embargo lo más difícil ha sido mantener las motivaciones, tener cierta disciplina y no abandonar en el intento”. Paula hace una confesión interesante: “no nací con el talento innato para el arte, lo mío ha sido aprender constantemente, probar y ahondar en técnicas y maneras de hacer, mantener viva la pasión y amor por lo que hago, pero sobre todas las cosas creer en lo que hago, y la sensación permanente de que tengo todavía mucho por recorrer“.

Un retrato de familia

Crecí en una familia donde el arte no estaba presente, mi abuelo materno Froilán quiso estudiar en la Academia de Bellas Artes, lugar donde yo hoy trabajo como docente, y no lo dejaron. El vínculo con mi abuelo fue muy fuerte y quizás muchas veces gracias a él valoré la oportunidad que me dieron mis padres de elegir libremente que hacer”.
Desde muy chica tenía el pensamiento de que el destino es inesquivable, entonces me he esmerado mucho en hacer que algunas cosas sucedan más allá del destino, y tener claro que una de las cosas más importantes es la actitud que uno toma frente a las cosas que nos suceden. Soy afortunada de haber aprendido esto desde muy chica, mi papá murió en la guerra de Malvinas, era un piloto apasionado y voluntariamente se ofreció para llevar a cabo una misión muy difícil y no volvió. Crecer con esta historia ha sido una experiencia fuerte y llena de emociones, agradezco la fortaleza de mi madre que siempre nos hizo mirar para adelante y aprender a mirar con amor el dolor, suena raro pero creo que el arte en este punto tiene todo que ver.

La contención familiar, no me ha faltado nunca, mi mamá se volvió a casar y la dosis de amor de padre la he tenido en doble medida. Y a pesar de no tener recuerdos de mi papá, lo que aprendí de él es como un tesoro que abrazo como si lo abrazara a él, querer apasionadamente lo que uno hace, elegir libremente y vivirlo con alegría.

La formación y la elección de vida

Paula en la cumbre, tocando el techo del cielo.


Paula Vázquez estudió Artes Plásticas en la Universidad de Cuyo, enfocada en sus planes. “En esa época traté de no distraerme mucho, pensaba que tenía que aprender demasiadas cosas en poco tiempo… pero alguna vez tenía que descontracturar, y el destino me llevó a trabajar varios años haciendo temporada en la montaña trabajando en un campamento de altura. El Aconcagua acarició mis sueños más profundos y me regaló experiencias inolvidables”.

Trabajo en el taller

“Aprender a estar sola, y con mucha gente al mismo tiempo, descubrir los verdaderos amigos, tener las estrellas sobre tus ojos, los paisajes más hermosos y reír hasta llorar, mientras lavábamos platos y cacerolas hasta tarde en la noche. Durante esos años también el miedo a vivir de mi profesión se fue evaporando y volví al ruedo, despacio pero sin aflojar, y con algunos dolores de espalda!”, así describe Paula Vázquez esa etapa.

Paula y el resultado de su tarea artística

Remolino de ideas

“Mis pensamientos son una vorágine de ideas, proyectos, ganas pero al mismo tiempo son incertidumbres, miedos y desafíos. Por ahí me preguntan, cuando voy a tener un estilo. ¿Por qué no me concentro en algo particular?. Y la verdad es que quiero seguir andando libremente por todos esos mundos donde transito. También siento que cada cosa que hago responde a mi revolución interior, que tengo bastante asumida, no me siento cómoda en mi zona de confort durante mucho tiempo. Soy bastante inquieta, física y mentalmente, pero también tengo en claro que momentos son para estar con los pies sobre la tierra. El grabado por ejemplo, me permite trabajar en otros tempos, planificando, pensar en cada paso y ser muy cuidadosa, disfruto mucho del oficio, también me pega varios cachetazos, siento que todavía estoy lejos de donde quiero estar, pero eso también motiva. En cambio la pintura me compromete corporalmente, de arranque dejo salir casi inconscientemente una catarata de pinceladas que más bien son producto de una necesidad física, ahí se me viene la noche, porque después del terremoto, que me encanta, viene la calma, y de a poco voy construyendo un escenario donde los elementos visuales empiezan a dialogar.

Y ahí es donde lo material, lo pictórico empieza a jugar en otros planos más significativos, narrativos y hacia un mundo estético. Los temas en mi cabeza son recurrentes, los recuerdos, la infancia, lo que pasa a mi alrededor, y cómo lo veo, mis propias experiencias, lo que no se ve a simple vista, la profundidad de las cosas.

El proceso creativo

pintura en el caballete

Empezar un trabajo me implica dejar por un rato afuera del taller a los artistas que admiro, las obras que me encantan, los materiales a lo que no tengo acceso y los conocimientos que todavía no he adquirido, porque se transformarían en boicot. Porque creo que hay momentos para pensar y otros para hacer. Dejarlos afuera me permite mirar sin miedo las ideas propias, animarme a cruzar límites, dejar seguridades y confiar también en el instinto, por ahí se abren puertas muy interesantes para trabajar, ¡después los dejo entrar a todos!.

Sensaciones y dificultades

el grabado y su taco


“Los tiempos de trabajo a veces son eufóricos y acelerados, condicionados por fechas de muestras, entregas de algún encargo, un proyecto grupal, o exceso de motivación, a esos momentos trato de estrujarlos, porque tal vez después vengan momentos donde no puedo pasar mucho tiempo en el taller y el trabajo pasa a un plano más creativo más mental igual de agotador, aunque siempre prefiero estar con las manos en la masa! Pero los procesos creativos requieren de las dos cosas, ese punto de equilibrio es difícil. La vida cotidiana me ha ido marcando estos espacios y yo me he adaptado un poco a esos tiempos sin rabiar.

Soledades, trabajo en equipo, amigos y familia

Si bien trabajo muy solitariamente en mi taller, el arte me ha permitido trabajar en proyectos compartidos que disfruto mucho, con colegas y amigos y hacerlo de manera colectiva. Formar parte de sus ideas, de su arte, donde por ahí tu trabajo es muy importante pero pasa más desapercibido. Me encanta la vida que tengo con sus desafíos y dificultades, la familia que construyo con Juan Pablo, y nuestro gran compañeros de aventuras, Cipriano a él le gusta todo lo que hago, claro, soy la madre.