Es como si nos agarrara una somnolencia  o un sopor interno. Estado en el que se tiene sensación de cansancio, pesadez, sueño, embotamiento de los sentidos y torpeza en los movimientos

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Estamos pero no estamos y las ganas se nos vienen abajo como prenda íntima de señorita de vida licenciosa. No tenemos ganas de nada ni de nadie y simplemente dejamos que pase el tiempo.

El problema es cuando este estado nos agarra en el momento en que uno tiene cosas importantes qué hacer. Pues han de quedar relegadas esperando que a nosotros nos vuelva el ánimo.

Le suele pasar a todos en algún momento del día, o en el día entero. Ya cuando la cosa abarca varias semanas es para consultar con alguien que pueda sacarnos de ese abatimiento.

Hasta caminar nos da cierta pereza y entonces no vamos a dónde deberíamos ir y el trámite queda en suspenso.

Pasan cosas importantes a nuestro alrededor pero para el tipo pareciera que no pasara nada, le da todo lo mismo. Nada lo incentiva para volverlo a la acción.

Es que las ganas no pueden estar siempre en estado de latencia, por ahí sentimos que nos sobrepasan las ganas de hacer cosas y por ahí hacer cosas queda muy por debajo de nuestras ganas.

Es cuestión de reponerse, de encontrar adentro de uno los motivos que lo impulsen a realizar, a volver a la actividad con toda la enjundia que la actividad necesita.

Es el desgano, la modorra palaciega que nos ataca y nos deja indefenso en manos de la negligencia. Suele pasarnos, somos humanos y cuestiones así tienen que ver con nuestra vida cotidiana y no son hechos para lamentar o para vencer.

No tiene que ver con el descanso que todos necesitamos porque hemos trabajado mucho o porque hemos tenido que resolver menudos problemas en nuestro andar. No tiene que ver aunque son parecidos. El desgano nos puede ganar de mano en cualquier momento y entonces todo lo que tenía sentido lo pierde en un santiamén.

Podemos recibir el aliento de afuera, o el ejemplo. Todos están haciendo algo entonces es lógico que nosotros también lo hagamos. Pero no nos acompaña el espíritu, el espíritu se quedo apoltronado en el sillón y no tenemos ganas de articularlo.

De nosotros depende salir de este estado y volver a la actividad de una manera plena. La cuestión es encontrarle sentido a las cosas y entonces valorizar lo que hacemos para que esas cosas sean posibles.

Vivificarnos, empaparnos de la vida y cumplir con los encargos que la vida nos hace y no quedarse a contemplar la vida para ver lo que hace ella por cuenta propia.

Somos nuestros artífices y nadie puede reemplazarnos en la tarea de hacer, de impulsar, de avanzar.

El desgano nos deja afuera de la carrera, el mundo sigue andando pero sin nosotros y nosotros somos importantes para nosotros y para el mundo.

El lunfardo porteño la llamó “fiaca”, que es el estado en el cual vegetamos mientras los paisajes siguen pasando.

Se trata de vivir y para eso hay que tener ganas de vivir.

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