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Los héroes de la central de Cacheuta

Cada enero recordamos de las mayores catástrofes de la provincia: el aluvión de 1934.

Domingo, 29 de Setiembre de 2019
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Domingo, 29 de Setiembre de 2019 | Cada enero recordamos de las mayores catástrofes de la provincia: el aluvión de 1934.


Arriba y hacia el sur de Puente del Inca, por dar una ubicación conocida, a alturas superiores a los 4000 m, se encuentra el Glaciar del Plomo que da lugar a varias corrientes de agua, entre ellas el Río Plomo y el Río Blanco que desembocan en el Tupungato. Éste a su vez se junta con el Río Cuevas a la altura de Punta de Vacas para dar lugar a nuestro muy conocido Río Mendoza. Según las condiciones del clima, hay veces en que el mismo glaciar tapona con sus hielos las salidas y se producen acumulaciones de agua, grandes lagunas que crecen y presionan a la masa de hielo que las endican, hasta que rompen la barrera y entonces todo lo acumulado se vuelca súbitamente sobre los ríos nombrados.
El aluvión es inevitable. Esto es lo que ocurrió el miércoles 10 de enero de 1934. Las aguas bajaron a gran velocidad y el cauce del Río Mendoza, subió 7 metros sobre su nivel normal. A las 19.30 se comunicó desde la estación Zanjón Amarillo, muy cerca de Punta de Vacas, que el agua bajaba a 30 km por hora. A su paso, la enorme masa líquida destruyó el camino y las vías del Ferrocarril Trasandino.
Por telégrafo se dio aviso a las estaciones ferroviarias de Uspallata, Potrerillos y Cacheuta. Al anochecer el torrente de agua llegó, con su iracundo paso, a la central eléctrica de Cacheuta. La población de esa localidad, que en su gran parte eran turistas que pernoctaban en el Hotel de Cacheuta, sintieron de pronto que el río empezó a rugir furiosamente. El ruido del enfurecido torrente creció amenazante y en pocos minutos el edificio entero se estremeció con el golpe del agua, que llevó gran parte del hotel con sus muebles, equipajes y varias vidas humanas. Juan Kelesi y Ciriaco Ortiz, estaban a cargo de la central eléctrica que suministraba la electricidad a gran parte de Mendoza. Se dio la orden de evacuación de algunos edificios. Kelesi y Ortiz desoyeron la orden y continuaron con su trabajo. A las 22 hs el torrente llegó a su máximo cauce sobre el cajón de Cacheuta, con tal violencia que cubrió la usina eléctrica quedando prisioneros los dos operarios. Sabiendo del peligro que corrían, siguieron operando la central para que los abajeños no se quedaran sin luz e informaron constantemente, mediante el telégrafo, lo que estaba ocurriendo. Sus informes fueron reproducidos por emisoras de radio de la época.
Mucha gente se enteró y se salvó gracias a estos avisos. En su última comunicación Kelessi anunció: "Me ahogo". El agua los apretujó contra el techo del edificio. Sus cuerpos se encontraron al día siguiente. Fueron enterrados con honores cerca de la central. Dieron sus vidas por salvar la vida de sus hermanos, se entronizaron como héroes, también como mártires de los comunicadores, porque sus avisos evitaron una tragedia mayor.
Abajo los daños fueron enormes, el dique Cipolletti resistió de milagro y con ello los mendocinos se salvaron de un desastre mayor. De todos modos los daños en fincas, casas, vías y caminos dimensionaron el hecho como una de las catástrofes más grandes de la provincia. Las víctimas fatales fueron más de 50.

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