Mendoza te cuenta LOS TINGUIRIRICAS Domingo, 18 de Agosto de 2019

Pigmeos en Mendoza

El coronel Manuel José Olascoaga tiene una participación holgada en la historia del país. Más allá de la intervención en las luchas políticas y de las campañas de extermino de los llamados "Indios de la Patagonia", Olascoaga fue un prolífico escritor.

Domingo, 18 de Agosto de 2019
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Domingo, 18 de Agosto de 2019 | El coronel Manuel José Olascoaga tiene una participación holgada en la historia del país. Más allá de la intervención en las luchas políticas y de las campañas de extermino de los llamados "Indios de la Patagonia", Olascoaga fue un prolífico escritor.

Entre sus obras son dignas de destacar "Juan Cuello", publicada en 1874, "El Brujo de la Cordillera", de 1895, y "Patria y Facundo", años después. En muchos de sus escritos Olascoaga rescata leyendas que recogió de boca de algunos miembros de los pueblos originarios.
Una de ellas es la que nos ocupa. Dice Olascoaga que los pehuenches le dijeron que en el valle conocido hoy como Valle Hermoso, en las entrañas de Malargüe, vivía una raza de pigmeos. Hombrecitos que no superaban el metro treinta de altura. Eran cazadores recolectores pero también buenos mineros, y ostentosos de tal virtud, a tal punto que los proyectiles que arrojaban con sus hondas (principal arma de la tribu) eran bolas de oro. Muchas de las tribus aledañas intentaron vencer a los pequeñitos y apropiarse de su tesoro, pero fracasaron en su intento. Eran conocidos como "Los Tinguiriricas". Cercano a la zona a que nos estamos refiriendo, existe, ahora del lado chileno, el volcán Tinguiririca (en mapundungun: "cuarzo resplandeciente"). Tal vez de esa zona proviene esta leyenda.
Varias incursiones de las comunidades indígenas de la zona se hicieron contra los pequeños, pero su valentía y ferocidad las rechazaron a todas. Hasta que llegó una comitiva de los quichuas, enterados de las riquezas de los pigmeos, y luego de fracasar en su intento por doblegarlos, pusieron en práctica otro ardid.
Construyeron alrededor de la tribu un cerco hecho con piedras lajas de dos metros de altura que los diminutos no pudieron superar. Murieron de inanición y los invasores pudieron apoderarse del oro reunido y la propiedad de las minas.
Seguramente la escuchada por Olascoaga es una leyenda sin fundamento, pero como la voz que contó y la voz que contó lo que le contaron nos pertenecen, también nos pertenece esa leyenda. Dicen, algunos avezados exploradores, que en Valle Hermoso hay todavía cavernas con extraños dibujos. Dicen...

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