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Sentido homenaje en la FAD a nuestros queridos artistas y profesores

Por medio del Instituto Nacional del Teatro Representación Mendoza, en la Facultad de Artes y Diseño de la UNC, se realizó un homenaje conmemorativo a diversas personalidades del ámbito académico y artístico.

Redacción
28/04/2022 13:45
A sala llena | Foto: Francisco Bañados

 

La pandemia por covid-19 se llevó consigo más de lo meramente cuantificable. Rodeados de incertidumbre y temor, tuvimos que encerrarnos en nuestras casas durante extensísimos periodos de tiempo. Entre encierro y encierro, algunos queridos ciudadanos dejaron su lugar, y en su lugar un hueco inllenable. Murieron nuestros padres, nuestras madres, hermanos, hermanas, amigos… Entre tanto abandono, nos fuimos acostumbrando a despedirnos sin despedirnos. Los ritos desaparecieron también; la posibilidad de sellar la muerte con su reconocimiento; saludar a la muerte venidera, hacerle frente. Fueron muchos los que, esperando durmientes, quedaban sin su merecidísimo saludo final. El día de ayer se hizo justicia: nuestros entrañables artistas tuvieron un réquiem, aunque amistoso y nada solemne.

 

Amigos y parientes de los homenajeados | Foto: Francisco Bañados

 

En una ceremonia pedestre —como bien podría decirse sin perder el respeto—, comandada por el actor, dramaturgo, docente y escritor Sacha Barrera Oro, hubo lugar para todos y, por supuesto, para la emoción desatada. Fue una reunión amistosa, plena de respeto y sin afectación, en la que amigos, amigas, hijos y docentes se despidieron a su vez de los difuntos (y que, según se dijo repetidas veces, «todavía andan por algún rincón de la facultad»).

 

Sacha Barrera Oro frente al auditorio | Foto: Francisco Bañados

 

Luego de unas breves palabras de Sacha, Alé Sosa,  hijo del reconocido poeta y humorista Jorge Sosa —quien llegó acompañado por su familia—, dio apertura al evento con un texto que contaba sus vivencias particulares por haber sido el hijo de «el de la tele»; escrito que plasma emotivamente la semblanza de un padre: «Para mí mi papá es mi papá (...) Yo no conocí a Jorge Sosa». Luego, remataría diciendo: «Un día de agosto, un 4 de agosto mi padre se desplomó en una calle del centro; un 4 de agosto papá perdió la vida luego de una breve lucha en Emergencias. El día 4 de agosto murió mi padre, el mismo día en que nació para mí Jorge Sosa. Ahora lo conozco. Por ustedes, que lo recuerdan, lo he conocido. Por ustedes, que lo recuerdan, sigue vivo».

 

Alé Julián Sosa, hijo de Jorge Sosa | Foto: Francisco Bañados

 

Luego, en una seguidilla que tuvo como oradores a colegas y profesores, se abrió paso a la viva leyenda que es Ernesto «el Flaco» Suárez. Como buen conocedor del ambiente artístico —lo que lo llevaría a consagrarse en 2014 como embajador cultural de Mendoza—, el Flaco contó todo tipo de anécdotas en un discurso que duró más de media hora. Los relatos sobre Claudio Martínez, Jorge Sosa y Gladys Ravalle, fueron desopilantes y plenos de afecto. ¡Qué cosas no vivió este hombre de nuestra historia local! Entre risas y lágrimas, todo el auditorio de la sala Galina permaneció atento a sus historias, coronándolas al final con sentidos aplausos.

 

Ernesto Suárez contando anécdotas | Foto: Alé Julián Sosa

 

Para concluir la ceremonia, volvió a recordarse al escritor Jorge Sosa, pero en dicha oportunidad haciendo hincapié en lo musical. El ya «mendocinizado» puntano, Lisandro Bertín, artista con más de 15 años de experiencia e íntimo amigo de Jorge, presentó la primera canción que hicieron juntos: Al oeste de la zamba. «Con Jorge comentábamos que Mendoza tenía todo tipo de canciones en su honor, pero no una zamba… Nos propusimos, como primer trabajo, dedicarle una zamba a esta provincia», decía Lisandro con una inmudable sonrisa en su rostro. Después de su introducción, bañó el recinto con sus dulces melodías.

 

Lisandro Bertin entonando «Al oeste de la zamba» | Foto: Alé Julián Sosa

 

La iniciativa también tuvo como objetivo plantar tres árboles en conmemoración de los homenajeados para que sus presencias físicas —que tanto se extrañan— estuvieran presentes de modo simbólico. Allí estarán siempre erguidos, regando su sombra amable en el verano y esparciendo en el aire los ecos silenciosos de sus palabras.

 

Los árboles que serán plantados | Foto: Alé Julián Sosa