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El Bruja, el alumno especial del que todos se burlaban en 1957

Mendoza acuña historias asombrosas y desconocidas en las que los protagonistas están silenciados por el paso de los años, la falta de reconocimiento y el escaso ejercicio de mover recuerdos. La presente narración le pertenece a una docente que, en ese año, tenía solo 18 y enseñaba con profunda vocación

Redacción
23/11/2022 10:30

En 1957 Mendoza era testigo de la reforma de la Constitución Nacional Argentina que cambiaría radicalmente la situación de muchas personas con la incorporación del Artículo 14 Bis referido a los derechos del trabajo. En la provincia cuyana, marcado por la vitivinicultura que demandaba largas horas de labores bajo el Sol.

Un céfiro de esperanza se abalanzaba sobre las mentes que con claridad buscaban un presente mejor por el que debían trabajar aún en situaciones desconocidas, por no decir adversas. Claro, la reforma constitucional de 1957 se produjo durante la tercera dictadura instalada en la Argentina y no era fácil abonar esperanzas en medio de una situación nacional poco clara y que prometía no aclarar hasta varios años después.

Pero en 1957 había que vivir, planear y defender los buenos propósitos como los que perseguía en su juventud Emma Serre, quien a sus 18 años ya abrazada la profesión docente, dando clases a adultos, muchos que no sabían leer o escribir pero querían avanzar entre tantos cambios que acontecían.

“Esta historia me aconteció cuando iniciaba el ejercicio de mi carrera. Tenía 18 años, inicié dando clases para adultos que no hubieran terminado la primaria. En la primera semana apareció en el aula un hombre adulto, cohibido con una apariencia que me asustaba un poco, su cabello abundante e hirsuto, su piel oscura y manchada, no tenía dientes, tenía una voz muy grave y muchas veces no se podía expresar con claridad. Además no tenía documentación, no sabía su edad y al parecer sufría de amnesia u otro trastorno no diagnosticado”, repasó en su memoria Emma Serre.

La hoy la experimentada docente mendocina jubilada continuó: “A pesar de todas sus limitaciones él deseaba estudiar, participar y yo nunca le negaría esa oportunidad a alguna persona. En el pueblo era muy polémica su presencia al no conocer su nombre. Lo apodaban “El Bruja”. Con él tuve que comenzar desde la educación inicial con palitos y círculos, pues no sabía contar ni tenía ningún tipo de alfabetización”, admitió.

Pero valorando que “tenía una excelente conducta, respetaba las reglas y consignas en el colegio, en ciertos momentos se alteraba y yo desconocía la causa. Con el tiempo descubrí un grupo del curso que se burlaba de él y le hacían bromas muy pesadas. Comencé a realizar un seguimiento de la situación y no permitía que hicieran este tipo de acciones en la escuela”.

“Un día llegó al colegio fuera de sí yo no hice ningún comentario y comencé con la clase. Al fondo del curso alcancé a escuchar un susurro y toda la clase comenzó a reírse a carcajadas. Parece que habían estado burlándose de él antes de ingresar al colegio. De repente, ante esta situación, explotó con furia y se dió vuelta sacando un cuchillo grande de su bolso amenazando a los hostigadores. Yo me quedé impávida ante tal situación pues él se sentaba en el primer banco cerca de mí”, prosigió.

Serre recordó que, “inmediatamente comprendí que yo era la responsable y debía resolver la situación. Le hablé calmadamente. Le pedí que me entregara el cuchillo aduciendo que no era la forma de resolver este conflicto. A su vez, comencé a increpar a esos insolentes diciéndoles que si no cesaban en sus burlas llamaría a la policía y los denunciaría y además que los suspendería de la clase en forma definitiva”.

“Eso logró calmar a mi alumno aunque nos sorprendió a todos pues nunca lo vimos actuar de forma tan agresiva. Calladamente guardó su arma, sin entregármela, lo cual produjo un escozor en los acosadores por lo cual se les borro la risa y la burla definitivamente”, aclaró.

A partir de ese momento, “no volví a tener problemas con mi alumno especial. Aunque esa situación me hizo plantearme si yo estaba preparada para realizar esta difícil tarea, la cual era formar adultos con capacidades diferentes. Hoy en día, esta es una carrera con formación aparte de la docencia tradicional, pero en el año 1957, cuando yo comencé a ejercer, esta formación no existía. Los docentes debíamos afrontar todo tipo de situaciones y salvarlas con la finalidad de dar lo mejor y de ayudar en la medida que podíamos”.