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Naturaleza: Lo verde

“Si lo verde tuviera otro nombre, debería llamarse rocío”, dice el queridísimo Armando Tejada Gómez en una de sus zambas más emblemáticas, que tramó con la música del Cuchi Leguizamón: “Zamba del laurel”.

Redacción
22/10/2022 22:35

El verde siempre fue aliado de la vida. Verde es la naturaleza, verde es la esperanza, lo que crece es verde, primavera es verde y son verde son los mapas cuando indican vegetación. Y no es mucha la superficie del verde en nuestra provincia.

Sólo el 5% de nuestra provincia está cultivado, el 95% sigue estando en manos del desierto y de la montaña. Les costó mucho a nuestros ancestros domesticar el agua para que el verde fuese posible en el Cuyúm Mapú de los mapuches, el “País de las Arenas”.

Nosotros disfrutamos de su legado. Los turistas ven los vergeles mendocinos y exclaman: “¡Cuánto verde! ¡Qué pródiga es la naturaleza aquí!”. Nada que ver mi amigo. En esta tierra no sembró el viento ni regó la lluvia, sembraron y regaron los hombres. Cada verde en Mendoza tiene encerrada la historia de algún abuelo. El verde es un aliciente de vida.

Pero no es solamente una ligazón intelectual, es también sensitiva, de los sentidos. Cuando estamos rodeados de verde, cuando vemos verde, comienza a funcionar en nuestro interior un código de placidez, de bonanza, de bienestar. Cuando vemos verde vemos algo bueno. Entonces en el interior, dicen que en el cerebro, donde se resuelven los sentidos, ocurren cosas que nos reconfortan.

No nos damos cuenta porque la habitualidad nos lo hace pasar desapercibido pero para el cerebro no, ver verde es mandarnos un buen mensaje de optimismo. A veces pasamos días enteros, por no decir semanas y meses lejanos del verde. Encapsulados en una oficina, un taller, un recinto monótono en donde cada una de nuestras miradas nos devuelve hostilidad.

Lo que vemos nos predispone a no ver lo bueno, nos condiciona a ser como eso que nos rodea, muebles y papeles en una oficina, máquinas y herramientas en un taller, cemento y asfalto andando por el centro. ¿Se acuerdan de Baldomero Fernández Moreno? “Setenta balcones y ninguna flor”. Yo he llegado a contar más de cien sin un verde, un minúsculo verde que le de noticias de la vida a la vida.

En Mendoza el verde es casi un milagro, si no fuera porque los hombres tuvieron mucho que ver. Cada verde en Mendoza es un monumento a la fe. Aquel que regaba cuando la plantita era minúscula ya estaba pensando en su estallido de verde de futuro. ¿Por qué piensa usted que la gente del campo es de otra forma, más apacible, más amable, más diáfana?

Puede haber muchas explicaciones pero una de ellas es el verde. Salir a encontrarse con el verde en los alrededores, en las plazas, en los parques, caminar por él, aprehenderlo en cada mirada, puede ser una buena terapia sin recetas y sin divanes. Dele de beber verde a su mirada. Acuérdese del Armando cuando decía: “Si lo verde supiera tu nombre / la ternura no me olvidaría / porque viene de vos, puro y simple el verdor, / como el simple verdor de la vida / Déjame en lo verde / celebrar el día / porque por lo verde / regreso a la vida...”

En Mendoza el verde es un monumento a la fe. Lo digo en una poesía, el que riega lo sabe / mañana es el mañana / y ha de llegar. Ahora avanzá, distraído, el semáforo ya se puso en verde.