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Leonardo Favio: Crónica de un niño solo

Texto escrito por Jorge Sosa 

Redacción
05/11/2021 13:45

Lo bautizaron con los nombres Fuad Jorge, Jury, el apellido. Los argentinos mal informados dirían “turco hasta la médula”.

Fue en Las Catitas, allá por mayo de 1938. Las Catitas era un poblado pequeño donde los nacimientos se notaban varios meses antes de ocurrir. Nadie de los que vio la panza prominente de Laura, su madre, hubiera imaginado que allí adentro latía quien iba a ser uno de los grandes nombres de la cultura nacional, ni Fuad, ni Jorge, ni Jury, el prefirió llamarse como lo conocemos: Leonardo Favio.

En Luján de Cuyo fue niño de pueblo, andador de calles y de fincas, conocedor de pájaros y canales, amigo de muchos amigos, fumador de  Fontanares y peleador de ocasión, estudiante remolón, a veces, necesitadas veces ladronzuelo de pocas monedas.

Lo hicieron preso por niñez humilde en algunos centros de albergue de infancia díscola. A veces apuntó para cura, pero era demasiado silvestre para eso, por ahí tuvo veleidades de marino. Se enroló y un día vestido de marino le dijo adiós a sus veleidades y se puso a pedir limosnas en la estación Retiro de Buenos Aires con uniforme y todo.

Su padre se la “cafishió” a la vida y lo dejó colgado de su madre. Laura escribía radioteatros, cuando el género era lo bueno de todas las radios. Ella conseguía diminutas actuaciones, que entonces llamaban “bolos”, para Leonardo. Fueron sus primeros pasos en el mundo de la ficción de quien, con el  tiempo sería, uno de sus mejores abanderados.

Los contactos de Laura lo acercaron al cine. De los bolos de radioteatro pasó a ser extra de películas. Su primer intento: “El Ángel de España” del cineasta peruano Enrique Carreras.

Basby Torre Nilsson era, entonces, el más reconocido director de cine argentino, ganador de premios internacionales y admirado en cada entrega. Torre Nilsson vio con premonición: “ese flaquito puede dar mucho”, y¡ Vaya si dio! Leonardo empieza a llenar su currículum de actor con “El secuestrador” en 1958 y una de las más grandes de Basby: “Fin de Fiesta” de 1960.  Nilsson lo empuja, lo anima, lo prueba, le enseña:- Poné la cámara vos, Leonardo. ¿Cómo harías esta toma? Tratá de darle luz de encanto a la escena.

Leonardo aprende, registra, se nutre hasta que un día se anima. “El señor Fernández” se llama su opera prima nunca terminada. Pero termina “El amigo” en 1960. Ya el cine estaba adentro de él como el radioteatro adentro de su madre. Ya integraba una familia de artistas. Cinco años después con Luis Destéfano en la producción y Torres Nilsson en el padrinazgo, estrena “Crónica de un niño solo”, comenzaba una nueva época para Favio y para todo el cine argentino. Había llegado un innovador de paisaje, no de los de afuera, que esos están bien diseñados por Dios, sino de los de adentro en donde Dios es socio de la creación.

Ni se imaginaba el Leonardo de aquellos tiempos que estaba creando un cine de culto, que su película sería proyectada miles de veces, ya no para ser admirada, sino para ser discutida, entendida, contagiada, casi como una religión.

Leonardo siente el impulso y también siente que le sobran ganas y coraje. Entonces, en 1967,realiza la que tal vez es su película más famosa, la más admirada: “Romance del Aniceto y la Francisca”.

Ya tenía calibre de director. Su llamado era escuchado. Lo escucharon y lo atendieron Federico Luppi, Elsa Daniel y María Vaner que ya eran nombres consagrados de la escena nacional. Muchos me cuento entre ellos, considerara “El romance

del Aniceto y la Francisca” como la mejor película argentina de todos los tiempos. Ya no sólo era reconocido, era un consagrado. Llegan premios de acá nomás, acá a la vuelta, pero otros con olor a mar y otros continentes. Los cinéfilos lo incluyen en la pequeña lista de los directores que renovaron el cine argentino. Entonces sube al podio con Torre Nilsson y Fernando Ayala.

Lo dijimos: familia de Artistas. Resultó que su hermano Zuhair Jury, se le anima a la escritura. Más tarde se le animaría también a la actuación y a la dirección. Zuhair escribe un cuento y Leonardo se mete en él con cariño de hermano ya admiración de colega. Resulta “El dependiente”, que cosecha las primeras manifestaciones hostiles de una argentina que poco apoco iba cayendo en manos de las charreteras.

Pero, minga de achicarse. Leonardo no tiene plata para filmar, debe buscar otros recursos. Encuentra uno en la pared de su casa: su guitarra. Canta, se muestra, sorprende, graba y se transforma en un éxito de Latinoamérica. ¿Quién no guarda en su memoria algún pasaje de “Fuiste mía un verano” o “Ella ya me olvidó”. Favio  compositor, autor e intérprete. De la pantalla al micrófono y las grandes multitudes sin butaca de los recitales. Éxito, siempre éxito... Su debut como cantante le llevó a La Botica del Ángel, a manos de Eduardo Bergara Leumann.

Ese mismo día un ejecutivo de la CBS le propuso grabar un disco, resultando el primer sencillo de Favio,  Quiero la libertad, un gran fracaso. La productora entonces le aconsejó grabar Fuiste mía un verano y O quizás  simplemente le regale una rosa; íconos de su primer álbum, también titulado Fuiste mía un verano (1968).

El disco resultó emblemático, constituyendo el más clásico de sus repertorios. Tras su participación en el Festival Internacional de la  Canción de Viña del Mar, en Chile, Leonardo consolidó su fama internacional.

La plata que cosecha de las canciones va a ser sembrada en el campo del cine. Por eso en 1973 nace una de las películas cumbres dentro de sus cumbres: “Juan Moreyra”, la que tal vez le venía picando desde la época del radioteatro que le enseñó a amar su madre. Como reiteración del modo y los contenidos populares lanza en 1975 “Nazareno Cruz y el Lobo”, basada en los guiones radiales de un grande del teatro radiofónico: Juan Carlos Schiappe. El pueblo sabe que se trata del pueblo, las dos películas resultan las más vistas del cine Argentino.

En el año 2000, el Museo Nacional de Cine Argentino realizó una encuesta entre cien críticos, historiadores e investigadores de cine de todo el país. La consigna era «Cuáles son los 100 mejores films del cine sonoro argentino», dando como resultado Crónica de un niño solo el mejor film (con más del 75% de los votos). En1998 la revista Tres Puntos (Argentina) hizo una encuesta a cien personalidades del ambiente cinematográfico (desde directores y actores hasta reflectoristas y escenógrafos) con la consigna «Elija las cinco mejores películas argentinas de la historia y el mejor director cinematográfico». La película ganadora resultó ser El Romance del Aniceto y la Francisca y Favio el elegido como mejor director, ambas distinciones por amplia mayoría.

Leonardo siempre fue peronista, aún antes de nacer. Sabía que iba a nacer pobre y desamparado. Coherente con su pensamiento, el tiempo no le rebajó ni una feta a su peronismo, lo llevó siempre con orgullo y lo defendió con su obra. “Yo no soy un director peronista, pero soy un peronista que hago cine y eso en algún momento se nota. En ningún momento yo  planifico bajar línea a través de mi arte, porque tengo miedo de que se me escape la poesía”.

Lo habitaba una concepción popular de la religiosidad católica y del culto a la Virgen María sosteniendo que para él Dios está al centro de todo; a la izquierda suelo llevar a la gente y a la derecha la estética».

 

 

Participó de hechos trascendentales de la vida de ese partido de pensamiento y sangre: viajó junto a Perón en el avión que lo trajo de regreso al país, y condujo la fallida y trágica bienvenida de Ezeiza, cuando Perón retornaba del todo. Favio desde el escenario fue el espectador de uno de los días más tristes del movimiento peronista. Trató de apaciguarlos ánimos pero hablaron más fuerte las balas.

María Vaner fue su amor de entonces. María era una notable actriz con ideas de izquierda. Tuvieron dos hijos. Se separaron en 1973. Un año después María fue expulsada del país a puras amenazas de la espantosa Triple a (es justo en todo caso escribir “a” con minúscula).

España la recibe como a tantos. Leonardo comenzaba a sentir el olor a la distancia. 1976, ya todos sabemos de qué se trata. La mano autoritaria de los “salvadores de la patria” no podía permitir que ese señor peronista, comprometido ,querido y famoso ,viviera en el país que ellos planeaban. El exilio lo convocó junto con otros  notables artistas y pensadores argentinos. La ciudad de Pereyra en Colombia lo albergó con gusto.

Desde ahí Leonardo, otra vez envuelto en canciones, realizó giras por numerosos países. Pero el cine no había muerto en él. Lo dejaba para el regreso y el regreso se produjo. Argentina en democracia, los soñado de lejos había que trabajarlo de cerca. Filma entonces, en 1987, “Gatica, el mono”. Tres años demoró en terminar el documental “Perón, sinfonía del sentimiento” donde relata en cinco horas y cuarenta y cinco minutos los acontecimientos ocurridos entre la Primera Guerra Mundial y la muerte de Perón.

Favio fue peronista sin internas, sin caminos interiores, peronista entero. Sus simpatías más fuertes pueden encontrarse en la dedicatoria de la película “Perón, sinfonía del sentimiento”, en ella menciona a Héctor J. Cámpora, Hugo del Carril, Ricardo Carpani, Rodolfo Walsh, los trabajadores, los estudiantes y el Grupo de Cine Liberación que integraban Fernando Pino Solanas, Gerardo Vallejo y Octavio Getino.

 

El Aniceto y la Francisca seguían la tiendo en su interior. Procura un segundo intento que tituló “Aniceto”. Favio canta al final del film una obra de su hijo, el músico y compositor Nico Favio. Lo dicho: familia de artistas.

La muerte se disfrazó de neumonía para llevárselo, en una clínica de Buenos Aires, el5 de noviembre de 2012.

“Te lo juro. A la muerte la veo como una hermana que ya va a venir. Sólo le temo a la humillación de la decrepitud. No pido ni un minuto más ni un minuto menos, que venga. Eso sí, con dignidad quiero irme”.

Cumplido está, maestro.