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Daniel Altamirano: La canción del pueblo

14/11/2020 20:34

Por Jorge Sosa / Mendocinos Famosos


TRES EN BUSCA DE ESCENARO

Un día, en pleno festival, llegan a Cosquín tres muchachos mendocinos, de la Consulta, un lugar de canto ancestral y tonada profunda. Tres hermanos de vida y de canto. Buscan su oportunidad, se contactan con la organización, piden, ruegan, se ofrecen. Logran tres minutos sobre el escenario mayor, solo una canción. Eso sí, a las cuatro de la mañana. Eligen “Nombrando vidalas”, donde incluyen coplas, pequeñas poesías y una variedad de vidalas trascendentes. El público los consagra de una, de una sola canción. El Festival los elige como “Revelación Cosquín 69”. Fue el bautismo de un grupo que iba a pedir un lugar privilegiado dentro del folklore: “Los Altamirano”, porque los hermanos eran Julio, Daniel y Mario Altamirano, consultinos de piel de sol. Daniel pinta a su pueblo, con sus palabras llenas de poesía.

RECUERDOS DE INFANCIA

“Mi casa es una casa antigua con paredes de adobes silenciosos, un zaguán que da a la calle y fresca sombra por la siesta con mi madre, como un sol, arreglando sus macetas.

Mi pueblo está donde siempre: la plazoleta, la iglesia, aquel molino de Bustos con el rostro derruido quién sabe por qué tristezas.

Por ahí anda Don Fernando con su carguita de sueños, cruza la plaza de tilos, se detiene, la contempla y piensa con alegría: ‘La Consulta es una rosa que nace día tras día cruzando por un túnel muy verde de álamos y sauces viejos’.

Siempre esperándote están los paisanos de mi pueblo, de mi pueblo que está cerca, muy cerquita, ahí a la vuelta.

La Consulta es una rosa, una ventana abierta cuando se aroma su gente de serenatas y fiesta”.

En la Casa de los Altamirano la música no era invitada, simplemente era de la familia. Entró a la casa por vocación de padre y madre y se quedó a vivir. Padre cantor y guitarrero, madre amante de la música, el resultado estaba cantado. El pueblo se hizo más de todos con ese canto de los pibes de los Altamirano.

“Mi niñez fue maravillosa allí en La Consulta, Mendoza. La calle siempre estaba llena de niños que jugábamos hasta altas horas de la noche, claro; era de tierra y no pasaban tantos autos. Evoco aquellos árboles a los que, por las siestas, nos subíamos a comer frutas, cerca del canal donde nos bañábamos. Nosotros fuimos seis hermanos, cinco varones y una mujer, mis padres eran cordobeses. De muy jóvenes se radicaron en Mendoza, donde nacimos todos. Mi padre cantaba y tocaba la guitarra, del él aprendimos todos; mi madre amaba la música, escuchaba radio todo el día y cantaba muy bien, al igual que mi hermana, nuestros padres siempre nos apoyaron y alentaron con el canto”.

UN GRUPO CON APELLIDO

El nacimiento es similar al de muchos grupos. Primero cantar para los amigos, en las reuniones familiares, cumpleaños, casamientos, alguna peña barrial, menudencias de la vida cotidiana. Después la pregunta en serio: ¿Y si nos largamos? Lo hicieron y con el grupo golpearon las puertas de la trascendencia.

“En principio el grupo fue integrado por los cuatro hermanos mayores, nos llamábamos ‘Los de Mendoza’. Viajamos varias veces a la ciudad capital de la provincia para hacernos conocer. Hicimos TV, radio, participamos en infinidad de concursos, que, por aquellos años, eran muy comunes, auspiciados por casas de comercio”.

Pero eran todos Altamirano, los conocidos le decían “Los Altamirano”, hasta que el apellido se impuso. La provincia empezó a quedarles chica de sisa. Sus ojos de jóvenes con ansias empezaron a vislumbrar el horizonte de Buenos Aires. Todos sabían que por ahí pasaba el meridiano de la fama y en una de esas…

“Todo el crecimiento de Los Altamirano se produce en Buenos Aires, donde viajamos a probar, tuvimos la suerte de conocer a la gran santiagueña Fanny, que tenía la peña mas bohemia de Capital Federal, allí por Ecuador y Córdoba, una gran casona donde vivimos nueve meses. Para mí fue toda una vida, donde mamé la cultura “under” de aquellos años. Allí llegaban Armando Tejada Gómez, Mercedes Sosa, Hugo Díaz, Goyeneche, Olmedo, y también psicólogos, sociólogos, periodistas, no alcanzaban los ojos para mirar y retener aquellos momentos, no alcanzaban los oídos para tanta música, todo era mágico. Agradezco a Dios que me haya permitido vivir todo aquello. Entonces se cimentaron los pilares de mi vida, como músico, como autor y como ser humano. Encontré a mis grandes referentes y a mis maestros: Atahualpa Yupanqui, Horacio Guaraní, Armando Tejada Gómez, Neruda y otros tantos”.

Nunca imaginaron los hermanos que una sola noche coscoína les fuera a dar tanta trascendencia. Por suerte para ellos, cerca del escenario, a esa hora de la madrugada, todavía quedaban productores artísticos y gestores de sellos discográficos. Llorando de la emoción los tres dicen que sí a los ofrecimientos. Graban su primer LP, “Los Altamirano, revelación 69”. El trabajo estalla en todas las radios del país, se vende como pan casero. Además los incorpora DOCTA, la empresa de representación de artistas más importante que ha tenido la historia del folklore. Partieron de La Consulta con una mano atrás y otra adelante, y en pocos meses tenían las dos adelante, y aplaudiendo. Este dato prueba lo meteórico de la carrera del grupo: en 1970, un año después de haberse subido en puntas de pie, humildemente, al Atahualpa Yupanqui, Cosquín los nombra “Consagrados”.

“Mientras tanto yo crecía como autor y compositor bebiendo todas las experiencias de los lugares adonde iba, su gente, sus costumbres. En el año 1970 me casé con mi novia de La Consulta, Mariel, mi mujer, madre de mis tres hijos, compañera de siempre, de vuelo, de sueños”.

LOS DE SIEMPRE

Después llegaron “Los de Siempre”. Entonces la vivencia social, el parentesco íntimo con el pueblo del que ellos mismo habían surgido, se hace inquilino de sus canciones. Cuando “El Cordobazo”, el grupo estuvo siempre, animando, cantando, participando, ejerciendo su identidad de pueblo.

“‘Los de Siempre’ fue esa necesidad de cambio en la música y la composición. Durante años fui escribiendo versos sueltos que decían las cosas desde otra óptica. El inicio del grupo fue asunto de camarines. Julio Sáenz era músico de Guaraní. Nos hicimos muy amigos en las giras, mientras esperábamos en los festivales y hablábamos mucho sobre política, música, pintura. La vida. Una noche le mostré mi canción ‘He vuelto a madrugar’. Le gustó mucho, la cantamos y nos dimos cuenta de que nos faltaba una buena voz. Vino el Pelado Coco Martos, a quien le gustó la idea. Así nacen ‘Los de Siempre’. Las primeras canciones eran temas que yo había escrito mucho antes. Fue un éxito. Fuimos los primeros folkloristas que salieron al escenario con equipo de sonido, batería, bajo. Comenzamos trabajando en boliches bailables. Después en todos lados”.

“Los de Siempre” se transformaron en un clásico del folklore. Daniel obtuvo el Disco Triple de Platino en 1974 con “Dios a la una” y el Disco de oro por la venta de sus trabajos grabados. Con la placa “Fábulas de loco y Los de Siempre” vendió más de un millón de discos, hecho asombroso en toda la historia de nuestro folklore. Más tarde recibió otro Disco de Oro por su tema “Serenata del amor callado” y además lo laurearon con el Premio Prensario al Intérprete Creativo.

SOLITO Y CREANDO

Después Daniel se asumió como solista, ya conocido, claramente identificable y deseado por todos los escenarios. Pero atrás del intérprete aplaudido, elaboraba el autor prolífico. Ojos abiertos, oídos alertas, corazón latiendo al compás de la gente simple que siempre impulsó los motivos de su poesía. Daniel se hizo necesario por canto pero también por creación. Siempre le gustó meterse a conocer la esencia, la dura pobreza, el modo de vida de los que han habitado y habitan “el abajo”.

UNA ABUELA, OJOS DE CIELO

Oma quiere decir abuela en alemán. Los gringos se hicieron fuertes en el Chaco, a pesar de la miseria, lograron vivir con dignidad. Un día lo llevaron a Daniel a conocerla.

Marta Hoffner de Rabe vivía en el Chaco, a pasitos largos de San Bernardo. Por su raigambre alemana en la zona la conocían como “La Oma”. Para el 25 de mayo de 1975 Mauro, un mendocino médico afincado en la zona, le pidió a “La Oma” que le preparara un chivito para agasajar a los amigos cantantes que llegaban de Mendoza. Daniel y Mauro recorrieron cinco kilómetros de una picada bordeada de altos árboles hasta llegar a aquel rancho humilde, de barro, afirmado en rollizos de quebracho colorado. A Daniel lo impactó la mujer y el escenario que la cobijaba. Pensó en todos los inmigrantes que habían llegado a hacernos país y las estrofas comenzaron a nacer libres, sueltas, con olor a bosque, con ojos claros. Pedro Favini, baluarte del “Trío San Javier” y prolífico compositor, leyó la poesía y ahí nomás se puso a vestirla de música. “Los Cuatro de Córdoba” reclamaron la primicia y se hizo bondadosa pandemia en todo el país y sus fronteras cercanas. Nacía una de las canciones más difundidas del folklore argentino: “La Oma”.

“La Oma es una de las canciones más queridas por la gente de todas las edades. Yo soy el más sorprendido, pues nunca imaginé que esta simple letra produciría un milagro de tanta admiración y apetencia de los diferentes públicos del país por escuchar el tema y por saber si es cierto o no que La Oma existe”. 

“La Oma es una mujer

de setenta y pico de años,

vive en los montes chaqueños

cerquita de San Bernardo.

Tiene los ojos azules

como el agua de los mares

porque vino de muy lejos

y el cielo quedó en su sangre”.

Basta un tema para identificar al autor, un solo tema. Nadie recuerda otros temas de Edmundo Zaldívar hijo, pero todos lo ligan a “El humahuaqueño”; seguramente el mendocino Luis Profili escribió otros temas pero su brillo estalla en “Zamba de mi esperanza”; son numerosos y exquisitas las canciones que gestó Ariel Ramírez, pero su mayor trascendencia se la dio “Alfonsina y el mar”. “La Oma” es la canción emblemática de Daniel.

 “Pasaron los años y sigue siendo una de las canciones con que más me identifica el público. Lo de ‘La Oma’ fue muy curioso, porque yo prácticamente no la hacía. En realidad una vez estaba cantando en Jujuy y el público empezó a pedir que hiciera ‘La Oma’ y yo, el autor, no recordaba toda la letra. Habían pasado como cinco años desde el momento en que la escribí, pero no la tenía en mi repertorio. Lo que pasó es que la grabaron Los Cuatro de Córdoba y fue un éxito bárbaro de ellos, pero yo ni me había dado cuenta de que la gente la tenía tan presente. Así que desde ese momento empecé a cantarla”.

A SOLAS CON DIOS

Son muchos los títulos que Daniel le ha dado al repertorio popular de América Latina. En algún escenario de esta noche estará sonando “Signos” sostenida en voces por “Los Nocheros” o “Fue mía una noche” expresada, visceralmente, por Luciano Pereyra. Pero tal vez el tema más conocido de este consultino ilustre sea “Dios a la una”.

“Mi canción más conocida es ‘Dios a la una’, tema que me ha dado grandes satisfacciones, muchas preguntas y miles de respuestas. De eso se trata la letra en sí. Todas son preguntas, las preguntas que todos nos hacemos, el deseo de todos de conocer a Dios, estar con Él, cenar y charlar, tenerlo para uno. El tema nació cuando yo vivía en Buenos Aires y notaba a partir de la 12 de la noche estaba en silencio el barrio donde vivía. Realmente se sentía el silencio y quedaba el preciso momento donde se necesitaba la charla con el amigo. Ese amigo yo quería que fuera Dios. Así nace el tema”.

“Dios esta noche cenaremos juntos,

habrá buen vino y estará en la mesa

lo más querido de mi vida entera

y algún recuerdo que golpeó a mi puerta.

Dios esta noche cenaremos juntos,

no tardes tanto que la vida apura

no tiene tiempo y partirá a la una”.

DESTINO DE PALABRAS

Escribir siempre, escribir como una manía, tener necesidad de papel en blanco para borronearlo con ideas. Siempre con el corazón abierto hacia los otros, especialmente a los otros que muchas veces no son considerados “nosotros”.

“A mí me gusta escribir y pensar e imaginar lo que otros viven, es decir a través de andar por el país. Veo cosas que trato de reflejar en mis letras. Jamás voy a escribir nada que no tenga que ver con lo realmente sucede, por eso nace la Oma. Su vida es un ejemplo para todos: una mujer que se las arreglaba sola en el monte cuando hay muchachos que se drogan a los 20 años en la ciudad. Lo mismo ocurrió cuando escribí “Che, Gomecito”, allí relaté lo que sucedía en el Chaco en los años 60 hasta los años 80 y pico. Yo no hablo estupideces, es decir, estoy hablando de gente a las cuales vi en sus carros que eran sus casas, y lo más importante para ellos, en ese momento, era comprarse una radio para escuchar chamamés. Con todas esas vivencias se hace el folklore”.

FUENTES SECAS

Daniel bebió de las fuentes más puras de nuestro folklore. Si uno se detiene a considerar a quien él considera sus maestros, se dará cuenta de la profundidad de la causa y las palabras que la cuentan. Por eso, en la actualidad de nuestro folklore hay cosas que le duelen.

Nuestro folklore es un tesoro y una herencia que hay que respetar, observar y estudiar, no se puede comparar o mezclar un rock con folklore. Yo también he sido culpable de tratar de imponer costumbres modernas con ‘Los de Siempre’, pero siempre creo que a la gente se la debe respetar a través del conocimiento, se le debe enseñar también que nuestro folklore es lo que nace de la tierra donde la gente vive mal con hambre y pocas cosas, y a pesar de todo ello, crea coplas y crea música y pensamientos. En cambio en las ciudades se crea porquería, suciedad. Allí lo que importa es lo que deja dinero”.

Pero no solamente en las ciudades Daniel nota una deformación de la esencia, la nota también en aquellos escenarios que siempre fueron baluartes de la música nativa y que, sin pausa, van girando hacia otra forma de cantar a la tierra, incluso en aquel festival que un día del 69 consagró a tres pibes que venían hambrientos de horizontes desde La Consulta.

“Cosquín ha cambiado mucho, como han cambiado varios aspectos del ambiente folklórico. El mercado incide mucho más que antes. Cuando yo vendía centenares de miles de discos, grababa lo que quería, nadie me decía qué tenía que grabar porque supuestamente iba a funcionar. Eso sí, Horacio Guarany siempre me aconsejaba incorporar algunas canciones de otros autores reconocidos. Hace unos cuantos años que no voy a Cosquín. La verdad es que ya no me dan tantas ganas como antes. Algunas cosas se han desvirtuado mucho. El público escucha cada vez menos; se le pide palmas y gritos desde el escenario; se puede subir a cantar en ojotas y bermudas; hay festivales folklóricos donde se tocan cumbias con algunos retoques para que parezcan otra cosa… ¡qué sé yo! Hay algunas cosas que no deberían cambiar. Por ejemplo, para un cantor no puede haber nada más importante que el silencio, y sin embargo a veces son los mismos cantantes los que alientan el bullicio. Además, hay algunas figuras que apenas cantan tres canciones y otros cantantes, que están empezando, se quedan un largo rato en el escenario. No sé; creo que juegan distintos factores, incluso intereses. Supongo que, ya que hablamos de Cosquín, van a tener que replantearse algunas cosas, porque el actual festival no reivindica demasiado al folklore, precisamente”.

LAS RAZONES DEL ÉXITO

Sus canciones no solo recorren el triangular territorio argentino, sino el del triángulo más grande, América del Sur. Hay algo que conecta al creador con sus creados y con la inspiración, con los que ayudan a crear. Hay algo especial, un fluido mágico que hace que lo que uno genera sea aceptado por una gran mayoría, y aplaudido, y difundido. Lo más hermoso ocurre no cuando escuchás que en una radio están pasando una de tus canciones, ocurre cuando ese desconocido que pasa a tu lado sin mirarte, la va cantando”.

“No creo que exista una fórmula. Supongo que pasa por la decisión del público, que cree o no en lo que uno hace. Yo empecé a saber de lo que llaman éxito cuando era muy joven, en el trío con mis hermanos, a partir de ser revelación en Cosquín en el ‘69. Pero después, tanto con ‘Los de Siempre’ como cuando decidí ser solista, he sido siempre muy sincero en lo que hago. Lo que escribo y canto forma parte de la realidad, de modo que siempre hay quienes estén dispuestos a escuchar”.

Al final coincidimos con él. Tal vez ninguna de las cientos de canciones que hizo pueda competir en popularidad, en trascendencia, con “La Oma” y “Dios a la una”, pero tanto a Daniel como a nosotros una de sus canciones nos conmueve, nos eriza la piel y también nos llena de orgullo.

HAY OTRO MARADONA

Esteban Laureano Maradona, como no podía ser de otra manera, nació en Esperanza, Santa Fe, allá por 1895. Fue niño en el campo y el destino de su familia lo trasladó a Buenos Aires donde estudió medicina. En 1928 se instaló en Resistencia (entonces Territorio Nacional del Chaco). Perseguido por la política se refugió en Paraguay y participó en la “Guerra del Chaco” que enfrentó a Bolivia y Paraguay. Siempre atendió a heridos de ambos bandos, porque según decía “el dolor no tiene fronteras”. Después se reintegró a su país. Un día viajaba en tren de Formosa a Tucumán. El tren se detiene en un pequeño pueblo formoseño, Estanislao del Campo. Le comentan de una parturienta que se debatía entre la vida y la muerte. Maradona cumple con su juramento, salva al niño y la mujer. Los lugareños le piden por favor que se quede ahí, que ellos no tienen quién los cure. Se quedó 25 años. Allí conoció las penurias de los pueblos originarios de la selva chaqueña, tobas y pilagás. Ellos, que habían sido dueños de la tierra, andaban mendigando mendrugos de piedad. El doctor consiguió terrenos y fundó una colonia. Les enseñó a sus habitantes faenas agrícolas, el cultivo del algodón y a construir sus casas, humildes, pero dignas. Era su instigador pero nunca dejó de ser su médico. Invertía el escaso dinero que ganaba para comprar herramientas y semillas. Levantaron una escuela, la primera bilingüe del país, entonces también fue maestro. En 1981, el país de afuera del dolor lo reconoció con el premio “Médico Rural Iberoamericano”. Luchó contra la lepra, el mal de Chagas, el cólera, escribió varios libros y se autodefinió con crueldad: “Soy el médico más zaparrastroso que existe”. En su memoria el país instituyó el 4 de julio, día de su nacimiento, como el “Día Nacional del Médico Rural”. Cuando Daniel se enteró de su historia, escribió una de sus canciones más desconocidas, pero para nosotros, y para Daniel, su canción más hermosa:

El viaje de Maradona

Dicen que viajaba a Salta
en el tren que llega a San Ramón de Orán
el que viene de Formosa
trayendo gente hasta Pirané
.
Iba sumido en sus pensamientos
el hombre joven, el doctor aquel
.
En Estanislao del Campo
sintió el llamado y bajó al andén
Y bajó al andén,
sin saber por quién
.
Ella alumbraba, ella solita
dolor de vida alumbrándose
.
El doctor con su pericia
tocó su vientre y nació un bebé
Y nació un niño, un niño hermoso
un niño indio y el tren se fue
.
Y el tren se fue, dejándole,
dejándole en el andén
Y el tren se fue, dejándole
un Cristo solo en el andén
.
Recitado:
”El Aníbal me decía, mirá… mirá che
un par de libros, hojas de yerba
un microscopio viejo, decime che
¡pucha qué rico en voluntad era este hombre!
fijate vos, fijate che, con pocas cosas
hizo tanto bien,
Y yo recordé a Filipa que allá en Formosa
me decía él… Don Maradona un santo
un Cristo nuestro, cantale che
pa’ que los niños de nuestra patria
sepan que hay hombres nobles,
humildes, buenos ejemplos para seguir…
Y yo me digo, creo que el destino
sabe adónde, por qué y por quién
se detiene el tren “
.
Esto me contó Venancio
el intendente de Estanislao
y Los Menchos que tocaban
chamamé maceta y vea usted.
.
Y el tren se fue, dejándole
un Cristo solo en el andén.

VOLVER AL PAGO

Daniel Altamirano, de los pagos de La Consulta. Siguió el dedo de su padre que le señalaba el futuro. Su padre no se equivocó, Daniel tampoco. Sigue amando lo que hace, siguen amando su oficio de cantor, y sigue amando a esa provincia que un día le pintó el primer amanecer.

“Mendoza es mi niñez, mis sueños más anhelados, mi libertad, el despertar al estado más hermoso y sublime de la vida: el Amor.

Mendoza es el verde más profundo donde el sol revienta sobre los álamos, y las montañas.

Mendoza es el lugar donde nací, viví y moriré”.

Gracias Daniel, pero gracias por todo, aún por lo que te falta hacer.


Los Altamirano

Por Roberto Suárez / Mendocinos Famosos

Describe tu aldea y serás universal, decía el gran escritor ruso León Tolstoi. Y eso logró Daniel Altamira con nuestra querida La Consulta. En varias de sus letras está reflejada la vida, la costumbre, la historia, la idiosincrasia de nuestro querido pueblo, desde hace unos años ciudad de La Consulta, como está reflejada en su canción “20 años después”.

Como habitante de esa querida tierra sancarlina me siento orgulloso de ser su coterráneo y de sus hermanos.  Cuántos recuerdos de infancia feliz, cuando ellos comenzaron, primero Daniel que cantaba algunos tangos, luego junto a Mario formando un dúo y luego los cuatro hermanos mayores, para definitivamente formar Los Altamirano Julio, Daniel y Mario. Qué imagen aquella partida y la despedida de todo un pueblo hacia Cosquín para lograr la consagración el 1 de enero de 1969. Luego el peregrinaje en busca del triunfo hacia Buenos Aires de la mano  del recordado Chiquito Hom. Actuando en peñas porteñas los descubrió Carlos Maharbiz y los acompañó hacia el éxito total. Luego vino el paso triunfal de Daniel con Los de Siempre, para luego consagrarse definitivamente como solista. 

Los Altamirano siguieron a la par de Daniel incorporándose Carlos, El “Nene”.

Era el más amigo mío por la edad y tuvimos el dolor de despedirlo de la vida muy joven. También el año pasado se fue Mario. Qué cantor. Su voz es  inolvidable, su potente registro de tenor alto creó otra manera distinta de ornamentar las melodías, su facilidad para agudizar y vibrar sus cuerdas vocales que le dieron el estilo a Los Altamirano sostenido por siempre. De aquel conjunto histórico han quedado Daniel, que sigue mostrando su talento creativo por todo el país, y Julio, que vive en La Consulta, habitando esa casa que para nosotros es un símbolo de nuestras mejores raíces. Algún día habrá que declararla patrimonio cultural de San Carlos.


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