Por Mauricio Runno

Argentina es líder en derechos transgénero. En 2012, otorgó a las personas la libertad de cambiar su género sin tener que someterse a procedimientos judiciales, psiquiátricos y médicos. Historia de una deportista.

La jugadora de fútbol Mara Gómez está preparada para convertirse en la primera mujer transgénero en jugar fútbol profesional en Argentina.

Alta y atlética, Gómez recuerda su romance con el fútbol. “Cuando comencé estaba muy mal”, confiesa.


Pasó años jugando en ligas locales de mujeres en la provincia de Buenos Aires antes de ser fichada recientemente por Villa San Carlos en la primera división. Ahora la deportista de 22 años espera la decisión de la AFA, que podría llegar en días, mientras su celular suena constantemente con mensajes de personas que se acercan a ella. Muchos apoyan su intento de jugar fútbol profesional, otros sostienen que es injusto para las mujeres no transgénero en la liga.


“Los derechos de los atletas transgénero y las demandas sociales para integrarlos en las competiciones desafían y amenazan seriamente los derechos de las mujeres en el deporte”, dijo Juan Manuel Herbella, un ex jugador de fútbol que es médico deportivo. “Los atletas que nacieron hombres, si mantienen sus condiciones básicas, comienzan con una enorme ventaja”.

Juan Cruz Vitale, el entrenador de Villa San Carlos, rechaza la idea de que Gómez tendría una ventaja injusta.

El entrenador dijo que le llamó la atención con su velocidad y sus goles en dos torneos seguidos. Pero dijo: “Si hablamos de fuerza, tengo al menos cinco o seis chicas que son más fuertes que ella. De ese lado no veo que haya una ventaja”.

En medio de la controversia, Gómez recuerda cómo a los 10 años comenzó a hacer preguntas. “Me di cuenta de que quería ser mujer porque me gustaban los hombres y quería que me vieran de otra manera”.

Ella dijo a los 13 años le comentó a su madre que iba a perder a su único hijo. Ella le dijo: “Quiero ser mujer y si no lo aceptas, me voy a ir de casa”.

Aunque su madre la aceptó, Gómez dijo que estaba atormentada por la discriminación después de asumir el género con el que se identifica. Estuvo a punto de quitarse la vida. Entonces encontró el fútbol. Comenzó a jugar en un terreno baldío frente a su casa.

“Lo usé como terapia, tratando de aceptarme”, dijo. “Hubo un montón de emociones que me estaban haciendo sentir psicológicamente mal. Me di cuenta de que cuando juego al fútbol esa carga desaparece”.

Uno de sus peores días fue durante un torneo, en la que la pusieron como defensora. Hice un gol en contra. Cuando terminó la primera mitad descubrí que el otro equipo se había quejado. Dijeron de que no debería jugar porque era una desventaja.
Gómez aprendió a vivir con los insultos de los fanáticos y las quejas cuando a los 18 años, respaldada por la ley, obtuvo su nueva identidad.

“Esto me dio la confianza de ser quien soy“, dijo Gómez, que tiene un balón de fútbol tatuado en la pierna y mantiene el cabello largo recogido cuando juega.

Las solicitudes de entrevistas que ha estado recibiendo recientemente la han obligado a alterar su rutina de entrenamiento y los turnos de trabajo como manicurista y alisadora de cabello, a lo que se dedica para ganarse la vida mientras estudia enfermería.

Villa San Carlos está en el último lugar en el actual torneo de primera división y lucha para no descender.

La AFA no tiene regulaciones sobre los atletas transgénero, por lo que persiste la duda sobre lo que dictaminará en medio del debate sobre si las mujeres transgénero deberían jugar en las ligas de mujeres profesionales.