El neurocirujano se desligó de la muerte del Diez en su declaración ante la fiscalía.

El neurocirujano Leopoldo Luque negó este lunes haber estado a cargo de la internación domiciliaria donde falleció Diego Armando Maradona, deslindó responsabilidades en la empresa de medicina prepaga, pidió la realización de una nueva junta médica y aseguró que nunca se representó la posibilidad de la muerte del “10” porque las patologías que presentaba surgieron en la autopsia y no en los chequeos médicos que se hizo en vida.

“Lamento profundamente el deceso de Diego Armando Maradona. Era mi paciente y mi amigo”, afirmó Luque en unas de las primeras frases del descargo por escrito de 85 páginas que presentó este lunes en la Fiscalía General de San Isidro, donde era indagado desde este mediodía por los fiscales de la causa.

Luque reconoció que “la Dra. Cosachov y yo sugerimos, conforme se venía evaluando y había sido solicitado formalmente, una internación domiciliaria y les explicamos los riesgos del fracaso de la misma” y agregó que “si bien la realización de la internación domiciliaria fue una sugerencia mía y de la Dra. Cosachov, yo no formaba parte de la misma, ni mucho menos, estaba a cargo de la misma. Carezco de la estructura, habilitación, inscripción y conocimientos para hacerlo. Lo mismo para supervisarlo”.

Y aseguró que su “función específica durante la internación domiciliaria fue el seguimiento neuroquirúrgico del paciente”.

Leopoldo Luque y Diego Maradona

En ese sentido señaló que “la realidad de los hechos, que además se desprende de la prueba producida en el expediente, es que había un grupo médico de internación domiciliaria completamente independiente y ajeno a mí, el cual contaba con médicos asignados, y no eran, tal como lo plantean los Señores Fiscales meros médicos interconsultores”.

Y sentenció: “No caben dudas de que tanto los médicos clínicos, como los enfermeros y la coordinación médica, eran quienes decidían los elementos necesarios que la internación requería”.

Luque es el principal imputado en la causa en la que se investiga la muerte de Diego Maradona, fue el séptimo indagado en la causa y ratificó la declaración espontánea que presentó por escrito en diciembre pasado

Al igual que el resto de los imputados, Luque fue indagado por “homicidio simple con dolo eventual”, un delito que prevé una pena de entre 8 y 25 años de cárcel.

El equipo creado y coordinado por el fiscal general de San Isidro, John Broyad, e integrado por sus adjuntos, Patricio Ferrari y Cosme Iribarren, y por la fiscal de Benavídez, Laura Capra, eligió esa figura penal tras seis meses de investigación, en los que concluyó que los médicos de Maradona no solo fueron deficientes, sino que se representaron la posibilidad de que el “10” podía morirse y no hicieron nada para evitarlo.

Cuando lo citaron a indagatoria, los fiscales escribieron que “Luque, en su carácter de médico de cabecera, violando las reglas del buen arte de curar a las que en definitiva despreció porque tenía pleno conocimiento de la sintomatología presentada por el paciente en el último período, evitó asistir y/o al menos propiciar la debida atención médica a Diego Armando Maradona”.

“No garantizó su debido seguimiento con controles y estudios cardiológicos, ni convocó especialistas en materia cardiovascular, hepática y renal, conforme su cuadro requería, librando su destino a su suerte”, dicen los fiscales.

Además, señalan que “en forma sistemática, ignoró y menospreció los síntomas y signos compatibles con la insuficiencia cardíaca que le eran informados por personas ajenas al equipo médico y que personalmente tuvo la oportunidad de evaluar”.

También aseguran que Luque no confeccionó “una historia clínica de la víctima” ni asentó “los datos relevantes de diagnóstico, terapia y enfermedad del paciente”.


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