Es uno de los lugares más bellos y reconocidos de nuestra provincia. Pertenece al Departamento de Las Heras y fue declarado Reserva Natural desde el año 2000. Forma parte del Programa Refugios de la Fundación Vida Silvestre de Argentina. Se halla a 50 km de la ciudad de Mendoza entre las depresiones del Valle de Uspallata y las planicies orientales de la precordillera

Por Jorge Sosa / Mendoza te cuenta

En su territorio se encuentra el origen del Agua Mineral Villavicencio con más de cien años en el mercado de bebidas sanas. Nace en un lugar único donde la naturaleza adorna, incomparablemente, a las vertientes del agua termal, de características únicas y de gran pureza. El agua de lluvia o nieve se infiltra desde los picos nevados de los cerros del lugar al corazón de ellos. Llega, en su recorrido, a grandes profundidades donde las rocas le aportan sus minerales. Luego sube a la superficie en forma de manantial, a 1750 m sobre el nivel del mar.
La zona tiene una superficie de 62 mil hectáreas. Sus cerros van de los 900 a los 3.200 m de altura. Dentro de su flora se advierten variedades de chañar, zampa, jarilla, retamo, algarrobo y aguaribay. En cuanto a su fauna la reserva está habitada por guanacos, chinchillones, gatos del pajonal, pumas, zorros colorados y grises, maras, águilas moras, cóndores y choiques.
Al Oeste de la reserva se han encontrado fósiles de trilobites del período Cámbrico, también plantas vasculares como las lycophytas, de la era Paleozoica.


También son de admirar los petroglifos de Canota, en el pedemonte oriental de la precordillera. Conjunto de grabados con figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas esculpidas sobre tres grandes bloques. Se calcula su origen entre los siglos IV y X de nuestra era.
Villavicencio no solo tiene bellezas incomparables, también posee una rica historia. Su origen se remonta a la llegada de los conquistadores. Entonces, en 1650 se creó la Estancia de Canota. Fue propiedad del Capitán Joseph Villavicencio, uno de los oficiales que acompañó a Pedro del Castillo, quien descubrió en la zona minas de oro y de plata, allá por 1680 y también le vio al lugar posibilidades para la ganadería.
Muchos años después, otro emprendedor, el ganadero Ángel Velaz, compró las tierras en 1923 y fundó la empresa Termas de Villavicencio. Sabedor de las excelentes condiciones del agua de la zona hizo construir un acueducto para llevar el agua a la ciudad. Uno de sus grifos estaba frente al edificio citadino de la empresa, en la calle Videla Correa.
El Gran Hotel fue su idea y se construyó en apenas seis meses. Fue pensado y construido a todo lujo y para la clase de los pudientes. La intención de Ángel era promocionar su agua, pero también sumarle a las atracciones propias de la zona posibilidades de permanecer en el lugar y de recrearse con altos beneficios.

Su inauguración ocurrió en 1940, sin embargo ya en 1920 se ofrecía un circuito turístico por Villavicencio. El aluvión de 1934 que destruyó las construcciones y el camino en Cacheuta tal vez lo alentó a edificar su sueño. Se ha perdido el nombre del arquitecto que diseñó el hotel, sí se sabe que la Capilla fue creación del Arquitecto Daniel Ramos Correa.
El Hotel era pequeño comparado con los que se construyeron en la época. Tenía 30 habitaciones con baño privado y agua termal. Los muebles y las aberturas se hicieron con madera de alta calidad. En sus paredes se mostraban cuadros de famosos artistas plásticos argentinos y extranjeros. Contaba con un piano y en algún momento orquesta propia, porque en sus amplios salones se ofrecían bailes para los turistas y los mendocinos que se allegaban a él. En su exterior disponían sus inquilinos temporales de una cancha de bochas, otra de tenis y con el correr del tiempo se agregó una piscina de modestas dimensiones. Su estilo era del europeo alpino, coherente con el paisaje en el que estaba enclavado. Trabajaban alrededor de cien empleados permanentemente. Como fue la intención de su inspirador, los turistas que lo visitaban eran adinerados, gente que partía de Buenos Aires o del Litoral y que ni siquiera pasaba por Mendoza, llegaban directamente al hotel.

Ángel falleció en 1943 y sus sobrinos vendieron la empresa a Héctor Greco en 1979. Cuando Greco quebró también quebró el Hotel. Pero ya había sufrido un gran golpe por el trazado de la nueva ruta 7. Hasta la década del 50 los que iban a Chile debían pasar por Villavicencio. Con la apertura del nuevo camino, por Potrerillos, el tránsito se hizo mínimo.
Actualmente la zona pertenece al grupo Aguas Danone de Argentina. Fueron varios los intentos por rescatarlo de su abandono, hasta ahora todos fallidos.

La reserva cuenta con la vigilancia de guardaparques, y sus 14 ha de jardines son atendidas por jardineros especializados. El paseo por las orillas del hotel es magnífico.
En la reserva se encuentra el monumento de Canota, lugar que señala el sitio donde se dividió el Ejército de los Andes en su objetivo de liberar a Chile. La columna comandada por el General Las Heras, pasó, precisamente, por el corazón de la zona de Villavicencio

Otro de los atractivos del lugar es el camino de los caracoles, serpenteante sendero de cornisa que en otro tiempo fue el paso obligado de los viajeros que iban o venían de Chile. Fue construido entre 1936 y 1942. Tiene, según los contadores de historias, 365 curvas.
Algunas eminentes personalidades recorrieron la zona de la actual Reserva: Darwin (1835), y también O’Higgins, Sarmiento, Mitre, y muchos más
La Reserva de Villavicencio se muestra a todo el país a través de la etiqueta de la conocida agua mineral. Es un orgullo de los mendocinos que debemos cuidar y desear para él el mejor futuro.

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