La Historia del boxeo. Capítulo XIII

Especial Diario Jornada

La leyenda de Mike Tyson, el púgil que desde que llegó al mundo del boxeo causó sensación en todos los aspectos, pudo haber alcanzado su final después de ser humillado por un modesto púgil irlandés llamado Kevin McBride. El propio Tyson, de 38 años, fue el que con la sinceridad que siempre ha tenido en todas sus acciones, tanto buenas como malas, admitió que ya no tenía “estómago” para seguir boxeando.

Tyson cayó por tercera vez en sus cuatro últimas peleas, las tres por la vía del nocaut, y la retirada y una vez más las fuerzas se le agotaron en forma dramática a medida que transcurrían los asaltos.

McBride puede haber pasado a la historia por ser el último púgil que peleó contra “Iron” Mike y al que obligó a retirarse después de finalizar el sexto asalto de un combate programado a 10, ante la frustración de cerca de 16.000 aficionados que llegaron al MCI Center con la esperanza de ver resurgir al boxeador que durante más de una década fue el “terror” en el cuadrilátero.

A partir del quinto asalto, el ex campeón del mundo se había quedado a merced de los golpes y mejor boxeo de McBride, y se fue a la lona con un simple empujón que le dio el púgil irlandés, quien comprobó que Tyson no tenía ningún tipo de energía.

La imagen de un Tyson sentado, con su cabeza metida entre la primera y la segunda cuerda, fue patética. Tardó varios segundos en reaccionar e incorporarse, para reconocer que había llegado el final.

Tyson caminó lento hacia su esquina, se sentó y cuando el árbitro de la pelea, Joe Cortez, lo fue a revisar, los preparadores del ex campeón del mundo le dijeron que todo había concluido, no iba a salir para el séptimo asalto.

McBride, también sentado en su esquina, vio cómo Cortez le levantaba el brazo, declarándolo vencedor para comenzar la celebración, que era observada con una mirada impávida de Tyson.

“Pude haber continuado, pero pensé que me estaban dando una paliza”, reconoció Tyson. “No creo que vaya a continuar en esto”.

Para tener una mejor visión de la vida de este fenómeno del boxeo, voy a citar al escritor colombiano José Arteaga y su magnífica obra Momentos trágicos del deporte, donde se narra la difícil niñez de Tyson y de cómo del segundo plano llegó al primero… “Él se dejaba empujar y salía corriendo del triste apartamento donde vivía para llorar desconsolado. Con los pómulos húmedos y los párpados hinchados, subía a la terraza y les daba de comer a sus únicas amigas, las palomas. El día que los muchachos de la cuadra se enteraron de su afición por el boxeo fue el hazmerreír de todos. Los chicos malos decidieron entonces hacerle la vida imposible, tirando piedras a las palomas. Incluso hubo uno que le quiso quitar la favorita. Tyson no se dejó, abrió las manos, la paloma voló y mientras el otro miraba, la otra mano de Tyson le quebraba la nariz al grandulón.

Aquella pelea lo volvió, de la noche a la mañana, un líder, y fue llamado a integrar una banda. Su función, en un comienzo, consistía en montar guardia mientras los otros atracaban. Luego cargaría con las tijeras y los destornilladores cuando había redadas policiales.

“Finalmente comandó una banda en sus jornadas nocturnas. Se había hecho líder a puñetazo limpio, poniendo ojos morados y rompiendo dientes, pero aún nadie podía decir que Michael Tyson sería boxeador. Su comportamiento en las calles continuó de mal en peor hasta que en 1979, Tyson saboreó por primera vez el boxeo en un reformatorio, donde fue recluido por cometer algunos robos y atracos a mano armada.”

Su vida dio un vuelco al conocer a Bobby Stewart, un antiguo boxeador y preparador físico que descubrió en Tyson un modelo de púgil muy interesante, a quien sólo había que entrenar para ratificar su hipótesis. Por eso contrató a un entrenador profesional. En 1980 salió de prisión bajo la custodia de Cus D’Amato, quien le enseñó todos los golpes y la táctica del boxeo.

Los mejores KO de Mike Tyson

Como boxeador “amateur” fue brillante, con una constelación de triunfos que le abrieron las puertas al profesionalismo en 1985.

La suerte estaba echada y comenzaron a llegar las victorias, sin muchas emociones. Tyson se trepaba al cuadrilátero y demolía a sus oponentes en un abrir y cerrar de ojos. Los fanáticos se acostumbraron a ver a un ganador sin ninguna competencia y no disfrutaban como era debido de la reyerta.

La fama creció notablemente el 22 de noviembre de 1986, cuando con sólo 20 años se convirtió en el campeón mundial de los pesados más joven de la historia. Venció a Trevor Berbick por nocaut en el segundo round y consiguió el cinturón de la WBA (World Boxing Association o Asociación Mundial de Boxeo). En 1987 unificó el título de las tres entidades de boxeo: AMB, IBF y WBC, y se mantuvo como el mejor del mundo en 37 defensas consecutivas.

Posteriormente, en 1990, perdió su título ante Buster Douglas por nocaut en el décimo round. En 1991 fue acusado de violar a Desirée Washington en un hotel y cumplió una condena de prisión por seis años. Recuperó su libertad el 29 de marzo de 1995. Volvió a pelear en 1996 y le ganó en el tercer round a Frank Bruno por nocaut para recuperar la corona del CMB.

Después de entrenar poco, en 1997 pierde con Evander Holyfield por descalificación al morderle una oreja. Al poco tiempo, se accidenta con su motocicleta. Sufre fractura de costilla y se perfora un pulmón, lo que lo obliga a pasar algunos años sin boxear. En 2003 se divorcia de su segunda esposa, con quien tuvo dos hijos, y se declara en quiebra económica. Finalmente, el 11 de junio pelea con Kevin McBride, lo que marca su final como boxeador.

Es poco lo que Mike Tyson conserva hoy de aquella época de gloria y esplendor en el ambiente boxístico. Ganó más millones de dólares que ningún otro boxeador, hasta ese momento, unos 300 millones. Su mansión de Illinois hizo olvidar su mejor vida desde que se declaró en quiebra, a pesar de venderla por nada menos que U$S 17 millones. Lo cierto es que su deuda alcanzaba los U$S 37 millones y aún le quedaba mucho por saldar.

Las desprolijidades de la carrera de Tyson le impidieron disfrutar del día después que le dio el boxeo, y por eso acepta resignadamente las entrevistas por cotizarlas mucho (cobra alrededor de U$S 60.000 para la TV).

Su vida cotidiana es bastante opaca y rutinaria. Llegó a tener en su mansión seis tigres, que según él le ayudaban a mejorar sus reflejos. Hoy, como en su triste infancia volvió a las inofensivas palomas, de las cuales tiene más de 200 en un cerrado palomar. Conformándose a que un cuidador le cuente la cantidad de kilómetros que recorren los sábados, cuando las suelta entre 4 y 5 horas.

Terminó opinando que para ser feliz no es necesaria la plata, durante un largo tiempo huyó cuando querían hablarle de boxeo y de sus épocas gloriosas de campeón, se interesaba por la lectura de historia latinoamericana y adora al Che Guevara, Mao Tsé-Tung, y de vez en cuando firmaba contratos para divertirse por U$S2 millones para entretenerse filmando una película porno en Europa. Pero mientras tanto sus deudas se acrecentaban, y la vida se le iba escapando entre los dedos de sus otrora poderosas manos. Pero hace unos meses anunció que volvería al ring. Se viene preparando intensamente. Tiene 54 años y hace quince que no pelea, sin embargo, está superentrenado y se vuelve a considerar “una bestia”.

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