No es lo mismo trabajar con una sala llena de espectadores que hacerlo con el 50% o menos de público. Es lo que está pasando en el regreso de los espectáculos en Mendoza

Por Jorge Sosa, Redacción Jornada

Por protocologo no se puede permitir la entrada libremente y entonces se debe guardar una distancia acorde entre los que concurren, lo que hace disminuir notablemente la capacidad de los edificios de cultura.

El aplauso es menos aplauso en estas condiciones, pero son las condiciones que dicta la pandemia y hay que hacerles caso de todas maneras porque se trata del cuidado de la salud de aquellos que concurran. Si van a ver un espectáculo que salgan contagiados de buena onda y no contagiados de otra cosa.

La gente, mucha gente, todavía tiene miedo de meterse en esos lugares donde acuden otros y se priva de concurrir. Por eso es raro el espectáculo que llene la totalidad de la capacidad permitida.

De todos modos, para el artista, es una experiencia maravillosa. Volver a confrontar con el público por mínimo que sea era una oportunidad que veníamos esperando hace muchos meses y ahora, con todo cuidado, se da esa posibilidad.

La pasaron mal muchos artistas. Durante largos meses les faltó público que es la justificación de su obra creadora. Muchos tuvieron que reconvertirse, buscar otros trabajos distintos para poder subsistir, debieron desviar sus miradas de los escenarios. Y eso es doloroso, porque el artista busca la confrontación, quiere que la gente esté ahí, junto a él para demostrarle todo aquello que ha pensado pensando precisamente en el público.

El regreso de las salas, aún de las grandes salas, permite que otra vez se vuelva a la práctica de artista y espectador, que se cumplan las reglas con las que siempre se ha regido el arte.

Volver a funcionar arriba de las tablas es un momento emocionante, otra clase de debut, pero un debut al fin. Volver es renovar las ganas de brindarse es justificar tanto trabajo acumulado sin respuesta es recuperar el tiempo perdido.

Fueron muchos los días sin esta posibilidad, día de estar en casa, encerrados, sin bocas de expendio, sin la posibilidad de subirse a un escenario a dar lo que íntimamente se había elaborado.

Esperando, porque solo quedaba esperar. Y es lo que se hizo, aguantar y aguantar hasta el momento en que se volvieran a abrir las puertas de los teatros.

Trabajando, porque nunca dejaron de trabajar, ensayando más de diez meses para ese momento en que las luces de escena volvieran a encenderse.

Es el momento. Las grandes salas prendieron los carteles luminosos de sus entradas y adentro hay artistas que después de tanto tiempo vuelven a encontrarse con su razón de ser.

Vamos a acompañarnos, aunque no llenemos teatros vamos a darle nuestra presencia para hacerles ver que los mendocinos sabemos apoyar a nuestros artistas y que nuestras manos, después de haber estado tanto tiempo sometidas al alcohol en gel no se han olvidado de aplaudir.

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