La selección argentina marcha invicta en la clasificación mundialista cuando ya jugó la mitad de los partidos (nueve), se mantiene en el segundo puesto cuando son cuatro los equipos que van directamente al Mundial de Qatar y un quinto al repechaje, acaba de ganar la Copa América a Brasil en el Maracaná, pero queda apenas un año y un mes para la máxima cita y necesita enfrentarse con equipos fuertes para saber dónde está parada y entonces el compromiso de las próximas horas en el Monumental ante Uruguay asoma como una primera prueba en este sentido

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Los “celestes” de Oscar Tabárez se encuentran en una fase de transición en su camino de renovación que se completará seguramente después del Mundial de Qatar cuando vayan saliendo, por veteranía, los Diego Godín, Luis Suárez o Edinson Cavani, pero la continuidad de trabajo y las buenas performances como la de Rusia 2018, lo convierten todavía en un equipo complicado y que supo sacar buenos resultados de escenarios complejos.

En este momento, en el contexto sudamericano, Uruguay, como Colombia y en especial Brasil –que ganó todos sus partidos en la clasificación- son los equipos que pueden dar una medida de la situación del conjunto argentino, pero queda la gran duda, luego de jugarse las semifinales de la Liga de las Naciones de la UEFA en Italia, sobre dónde se ubica la selección nacional respecto de los europeos, con los que cada vez es más difícil medirse entre Mundial y Mundial debido a que se fueron cerrando entre ellos para evitar viajes largos de sus jugadores, como reclaman los clubes poderosos, que son los que mandan en estos tiempos en los que circulan millones desde los maletines fáciles.

Lo visto en las semifinales de la Liga de las Naciones, tanto en el Italia-España como en el Francia-Bélgica, reafirma el sentido de lo ocurrido apenas cuatro meses atrás en la Eurocopa, acerca de que se trata de otra dinámica, otro tipo de juego más ofensivo, otro marcaje, y será fundamental, una vez consumada la clasificación para Qatar, ir a enfrentar a esta clase de equipos.

El conjunto italiano dirigido por Roberto Mancini decidió desde hace un largo tiempo un saludable cambio en su juego. Así como en 2004 Luis Aragonés tomó la fuerte medida de ser torero y no toro con la selección española, lo que luego derivó en los años dorados entre 2008 y 2012 completados desde el banco por Vicente del Bosque, ahora los “azzurri” parecen haber aprendido la lección tras haber tocado fondo con la ausencia en el Mundial de Rusia, e intentan tener el mayor porcentaje posible de posesión de pelota pero para administarla bien, con un criterio estético, y a partir de contar con jugadores como Lorenzo Insigne (su mayor estrella), o delanteros como Federico Chiessa o goleadores como Alessandro Belotti o Ciro Immobile y nacionalizando a un jugador de gran categoría en el medio como Jorginho, acaso la máxima figura de la Eurocopa.

Claro que Italia había sufrido ante España en la semifinal de aquella Eurocopa que ganó en Wembley, incluso más que en la final ante los ingleses, que fueron locales. Ante los de Luis Enrique Martínez habían tenido que correr detrás de la pelota, algo a lo que últimamente no habían estado acostumbrados, y terminaron sacando adelante el compromiso por penales.

Esta vez, en el San Siro de Milan, fue igual pero quedaron pronto con un jugador menos, algunas ausencias los perjudicaron en su andamiaje, y los dos goles de Ferrán Torres (más nueve fijo que en el Manchester City) le alteraron completamente los planes y aunque descontaron al final, siempre fueron a remolque y acabaron perdiendo un invicto de 37 partidos.

La selección española, por su parte, es una de las más completas, con una nueva generación que apenas se apoya en muy escasos pilares del pasado como Sergio Busquets, su capitán, pero ni siquiera Sergio Ramos es convocado (más allá de su lesión actual que impidió por ahora su debut en el PSG) y en todo caso, acompaña Jordi Alba, pero se trata de un equipo joven, lleno de figuras que insiste con su plan de tener siempre la pelota y atacar todo lo que se pueda, y su talón de Aquiles parece su zaga central, que por ahora no encontró a los dos marcadores definitivamente titulares y en cualquier momento puede ser vulnerable.

Pero si se tiene en cuenta que en la semifinal de la UEFA Nations League no estuvieron ni Álvaro Morata, ni Pedri, ni Daniel Olmo, ni Alba, entre otros, es claro que España será un rival a vencer en el Mundial. Más allá de que pudo haber tenido un bache en la clasificación mundialista y que fue ayudado por resultados fortuitos luego de caer ante Suecia en su grupo, no hay que olvidar que “La Roja” llegó a semifinales de la Eurocopa (en la que cayó por penales), a la final de los Juegos Olímpicos ante Brasil y ahora a la final de la Liga de las Naciones.

De Francia, con señalar que es la actual campeona del mundo, ya podría alcanzar, pero hay más. Didier Deschamps, su entrenador, más allá de una Eurocopa en la que el equipo no acabó de dar la talla y fue eliminado por una creciente Suiza en un enorme partido, reemplazó a un más estático y pivoteador Olivier Giroud por un crack de la talla de Karim benzema, líder del ataque del Real Madrid, que sumado a Antoine Griezmann y a Kyllian Mbappe, pueden hacer estragos.

Los “Bleus” tienen cracks, y de los mejores del mundo, en todos los sectores. Pueden atravesar algunos baches pero ante Bélgica, en la remontada de 3-2 tras ir perdiendo 2-0, demostraron que cuando se concentran y todos dan el máximo, es muy difícil ganarles, y sin N’Golo Kante, una de sus grandes figuras, con Covid y por eso reemplazado por Rabiot, volante de la Juventus.

Los “Bleus” tienen cracks, y de los mejores del mundo, en todos los sectores. Pueden atravesar algunos baches pero ante Bélgica, en la remontada de 3-2 tras ir perdiendo 2-0, demostraron que cuando se concentran y todos dan el máximo, es muy difícil ganarles, y sin N’Golo Kante, una de sus grandes figuras, con Covid y por eso reemplazado por Rabiot, volante de la Juventus.

En cambio, la selección belga parece desperdiciar una y otra vez la oportunidad histórica de ganar un título con una magnífica generación que cuenta con jugadores de la talla de los Lukaku, de Bruyne, Hazard, Mertens, Witsel o Courtois. 

Decepcionó en el Mundial de Rusia, cuando tras eliminar a Brasil en cuartos de final alimentó el sueño de muchos, luego de un enorme partido, y volvió a caer en la pasada Eurocopa ante Italia cuando la excepcional dupla Chiellini-Bonucci maniató a Lukaku, a quien conocen de tiempos en la Serie A, y volvió a perder una oportunidad ante Francia en la semifinal de la Nations League en Turín, cuando estaba 2-0 adelante y se durmió una larga y pesada siesta para despertarse con la pesadilla del 2-3.

Más allá de las circunstancias de cada una de estas cuatro selecciones, cada una aporta una riqueza especial, así como Inglaterra (de muy buena Eurocopa), Portugal (con grandes individualidades en todas sus líneas y con Cristiano Ronaldo y Bruno Fernandes en sus líneas), Países Bajos (en este caso, con más jugadores que equipo, luego de algunas experiencias colectivas negativas aunque ahora encontrando un orden con el regreso del veterano Louis Van Gaal), Alemania (que comienza una nueva etapa con el ex entrenador del Bayern Munich Hans-Dieter Flick tras muchos años con Joakim Low), República Checa (con muchas figuras de las ligas inglesa y alemana) o Croacis (con un estilo más cercano al sudamericano).

Será necesario cotejar con estos equipos para no suponer algo que acaso sea distinto y que tantas veces ocurrió con los equipos argentinos en el pasado: creerse los mejores sin haberlo probado en el campo, y en cambio tener la certeza a partir de una suposición, del producto de la imaginación.

Por eso, es tan importante esta posibilidad de la nueva Copa Euroamericana que se jugará en Wembley ante Italia, campeona de Europa, en junio de 2022, aunque a ese partido habrá que agregarle todos los que se puedan, si se quiere llegar al Mundial de Qatar 2022 con más certezas que ilusiones.

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