Fue Estados Unidos el que lanzó la advertencia de que está fuera de control y podría caer en cualquier parte del planeta

China lanzó el jueves 29 de abril el módulo Thiane, el primero de los tres de su futura estación espacia. Ese elemento fue propulsado por el cohete Long March 5B, cuyo cuerpo es el que aterrizará en los próximos días, aún no está claro cuándo ni dónde. Fue Estados Unidos el que lanzó la advertencia de que está fuera de control y que representa un riesgo. Pekín no dice lo contrario, pero sin embargo minimiza el peligro.

Tras la separación del módulo espacial, el cohete lanzador comenzó a orbitar el planeta en una trayectoria irregular, perdiendo altura lentamente. Esa situación hace casi imposible cualquier predicción sobre su punto de entrada a la atmósfera, y por tanto de su punto de caída.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, dijo esperar que el objeto caiga en un lugar deshabitado “donde no dañe a nadie” e insinuó que fue una negligencia por parte de China dejar que el cuerpo del cohete saliera de órbita.

“La mayoría de los componentes se destruirán” al entrar en la atmósfera, respondió este viernes el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Wang Wenbin. Explicó también que “la probabilidad de que cause daños es extremadamente baja” y que las autoridades de ese país “informarán de la situación de manera oportuna”. “China está prestando mucha atención a la reentrada del cohete en la Tierra”, aseguró.

Disputa espacial

China ha invertido miles de millones de dólares en su programa de exploración espacial para seguir los pasos de Estados Unidos, Rusia y Europa. Así, el espacio se convirtió en el más reciente escenario de enfrentamiento entre Pekín y Washington.

El lanzamiento del primer módulo de la estación espacial china “Palacio Celeste” en abril pasado, con equipo de soporte de vida y espacio habitacional para astronautas, marcó un hito en los ambiciosos planes de China de establecer una presencia humana permanente en el espacio.

El presidente Xi Jinping lo calificó como un paso clave en “la construcción de una gran nación de ciencia y tecnología”.

Con el retiro de la Estación Espacial Internacional (ISS), previsto para después de 2024, la de China pasaría a ser la única estación espacial en la órbita terrestre. Las autoridades espaciales chinas dicen que están abiertas a recibir colaboración extranjera, aunque no han dejado claro el alcance de esa cooperación. La Agencia Espacial Europea envió astronautas a China para recibir capacitación que les permita trabajar en la estación espacial china cuando entre en funciones.

China también anunció en marzo planes de construir, junto con Rusia, una estación lunar. Esa instalación, planeada para la superficie o la órbita de la Luna, estará equipada para realizar investigaciones experimentales y será el mayor proyecto de cooperación espacial de China hasta la fecha.

El caso del Long March 5B no es el primero que genera controversia sobre supuesta la falta de control de lo que China envía al espacio. Su laboratorio espacial Tiangong-1 se desintegró al reingresar a la atmósfera en 2018, dos años después de que dejó de funcionar. Las autoridades chinas negaron haber perdido control de la nave ante la denuncia de que ese fue el motivo de lo ocurrido.

La puja entre Washington y Pekín se refleja en los medios. El portal tecnológico Sina acusó a la prensa taiwanesa y occidental de sensacionalismo y de intentar “embaucar” al mundo. “Aunque nada tiene cero riesgos, las posibilidades de que los restos impacten con alguien son ínfimas”, sostiene ese sitio web.

Otro portal, Guanwang, coincide en que las “exageraciones” en torno al caso del Long March 5B “solo buscan desacreditar” a China. Y agrega: “Cuando los restos del Falcon 9 estadounidense cayeron en marzo sobre una granja, los medios occidentales dijeron que habían llegado para ‘iluminar el cielo nocturno’. Pero cuando se trata de China, utilizan frases como ‘¡atentos, un cohete chino está a punto de caer con violencia!’”.

Qué hay que saber sobre la caída

Expertos occidentales coinciden en que “la posibilidad de que los restos causen heridos o bajas es extremadamente baja”. Sostienen que lo más probable es que los restos caigan fuera de áreas habitadas y que se desintegren durante su reentrada a la atmósfera.

Varios organismos monitorean desde hace días el retorno a la atmósfera terrestre del gigantesco objeto espacial chino. El mismo tiene una masa estimada de entre 17 y 21 toneladas y un tamaño de aproximadamente 30 metros. Así se lo puede denominar uno de los trozos más grandes que vuelven a la Tierra.

La NASA y del Departamento de Defensa de Estados Unidos siguen con atención la trayectoria del cohete. La red de sensores y radares del Servicio de Vigilancia y Seguimiento Espacial de la Unión Europea está observando el objeto “de cerca” y ha reducido su ventana de entrada a la atmósfera terrestre a un periodo comprendido entre los días 8 y 9 de mayo. Expertos militares estadounidenses acuerdan con la predicción de que el Long March 5B podría caer en la Tierra entre el sábado y domingo.

Los datos de los especialistas europeos revelan que el objeto lleva una inclinación que sugiere en principio que los restos o “escombros” del mismo caerían en una región de la Tierra cubierta en su mayor parte por el océano o áreas deshabitadas. Además, indican que la probabilidad estadística de un impacto en suelo en áreas pobladas “es baja”.


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