Podemos enfermarnos todos. Y, sin duda, los de más edad somos los que sufrimos más peligro. También los hombres, un tanto más que las mujeres. Y ciertamente los pobres, bastante más que los acomodados y que los ricos.

Porque los pobres se enferman más fácil. Bien lo muestra lo que está sucediendo en el Barrio Carlos Mugica (antes llamado Villa 21) de Capital Federal. La compañía de agua los dejó sin este decisivo elemento en plena pandemia por semana y media: son gentes que viven en fuertes condiciones de hacinamiento. El gobierno de Rodríguez Larreta, sin reacción. El resultado, son los crecientes infectados en la zona que incluyeron el caso de muerte de Ramona, una dirigente y militante local ligada a la organización La Poderosa, la cual es de permanente trabajo con los sectores sociales más castigados.

Ahora estamos cerca de los 400 contagiados diarios en Capital Federal, de los cuales el porcentaje perteneciente a barrios pobres es altísimo, cuando en la población de la gran ciudad, por contraste, ese porcentaje es minoritario, en tanto es en el conurbano –más allá de la General Paz- donde más se concentra la pobreza.

“Pobres hubo siempre”, suele decirse. Lo que se dice menos, es que no siempre hubo el mismo número de pobres, ni fue igual la intensidad de esa pobreza. En la llamada “década infame” de los años 30 a los 40 del siglo pasado (cuando los negociados de las carnes con los ingleses llevaron al suicidio de Lisandro de la Torre), la pobreza se incrementó; luego, con el peronismo entre 1945 y 1955, bajó considerablemente, y esos sectores se constituyeron en sujetos de derecho.

Tras el menemismo y el pésimo gobierno de De la Rúa, y luego del interregno de Duhalde, la pobreza llegó al record histórico de 52%. El país había arribado al colapso en el 2001, en lo económico y lo político. Néstor Kirchner inició la recuperación en el año 2003, y cuando su esposa Cristina Fernández dejó la presidencia, la pobreza se había reducido a 27%.

El macrismo volvió a aumentar la pobreza, retomando en lo económico el privatismo neoliberal de Menem y de la dictadura. Subió esa pobreza al 36%, cercano a los 10 puntos de aumento en solamente cuatro años. El macrismo sabe de marketing y maquillaje publicitario, pues sobre eso los instruyó el inefable Durán Barba: suele declarar que de los 36 puntos de pobreza que dejó, “27 eran del kirchnerismo y sólo 9 han sido propios”. Qué buena manera de hacer las cuentas contra natura. Si contamos los puntos que dejaron, el kirchnerismo dejó con 27 y el macrismo con 36 (no con 9). Y si vamos a ver qué hizo cada gobierno, el tan denostado por la tv mejoró en 25 puntos, el macrismo empeoró en 9 puntos. Es cuenta fácil de realizar, acorde a insospechables estadísticas de la Univ. Católica Argentina, que por ideología obviamente es más cercana al macrismo que al gobierno que lo antecedió.

Y llegamos a la situación actual, en que la necesaria cuarentena impone costos económicos que serán fuertes a nivel planetario. La llamada torpe a abandonar el aislamiento y salir a contagiarse, consigue pocos seguidores: está en medio la propia vida con la de los familiares y demás seres queridos, de modo que los llamados ideologizados a romper la cuarentena, encuentran escaso eco. Tanto, que algunos de los que vienen llamando a romperla, empiezan ahora a decir todo lo contrario, con singular descaro. Así, cierto discurso de derechas ahora se queja de que aumenta el número de muertos, como si eso fuera evitable cuando el número de muertos inicial se ha logrado mantener sumamente bajo.

Pero de esos que están muriendo, la mayoría son pobres. Porque la enfermedad elige y golpea sobre los más débiles, los pauperizados, los que viven en los bordes, los que no tienen acceso casi a nada, y no nacieron en cuna de oro. Los que no tuvieron ni tienen casa donde haya para cuatro raciones diarias. Y donde a veces no hay para ninguna.

Llegó en avión la peste: la trajeron los de arriba. Pero la padecen más los de abajo. Esos que desprecian a los pobres, a “los negros”, ojalá se dieran por enterados. Qué fácil es despreciar a los demás desde la comodidad de la pandemia vivida en casa, con calefacción y todos los servicios. Los otros, los de abajo, los golpeados de siempre, son los que más cargan con el peso del dolor, de la angustia, del contagio y de las muertes.-

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