Luque pasó más de 11 horas en la Fiscalía General de San Isidro, respondiendo preguntas la mayor parte del tiempo

Leopoldo Luque, el neurocirujano indagado por la muerte de Diego Maradona, defendió al abogado y apoderado del “10”, Matías Morla, y a sus colaboradores, pero admitió que “no hacen nada que no sea por dinero”, mientras que criticó a los familiares del exfutbolista al asegurar que, si bien se comprometieron a acompañar al paciente, después “desaparecieron todos”.

Al margen de que presentó en la fiscalía un descargo de 85 páginas por escrito en el que negó haber estado a cargo de la internación domiciliaria durante la cual falleció Maradona, pidió una nueva junta médica y afirmó que nunca se representó la posibilidad de la muerte del “10”, Luque pasó más de 11 horas en la Fiscalía General de San Isidro, respondiendo preguntas la mayor parte del tiempo.

El médico abordó otros temas a lo largo de las 54 fojas que contienen las respuestas a las consultas que ayer le formularon los fiscales generales adjuntos de San Isidro, Cosme Iribarren y Patricio Ferrari, y la fiscal de Benavídez, Laura Capra, el equipo fiscal a cargo de la causa.

Uno de ellos, fue la relación que el neurocirujano tenía con Morla y con el entorno del abogado, entre ellos su hermana Vanesa Morla, y el esposo de ella y cuñado del letrado, Maximiliano Pomargo, quien era asistente personal y convivía con Maradona en la casa de Tigre.

Los fiscales le preguntaron si alguno de ellos había influido en las decisiones médicas y en especial en la determinación de no internar a Maradona en una institución, sino en el domicilio de Tigre y bajo su control.

Luque contestó: “Ellos no influyen en la decisión médica. Puede que hicieran recomendaciones o comentarios. Yo, para ganar confianza, por ahí les seguía la corriente en algunas charlas, pero todo lo que actué respecto de Diego fue basado en bibliografía científica y en mi convicción de que lo estaba ayudando”.

Cuando le exhibieron mensajes en los que Pomargo que le decía “por favor que no se lo lleven ellas a su casa”, por el temor que tenía de que Diego se fuera a vivir con alguna de sus hijas, o “si logro zafar ésta, hay plata para todos”, Luque dijo que el cuñado de Morla era “una persona preocupada por su trabajo” y que “acostumbraba a mandar mensajes de ese estilo”, pero que “no influyeron” en sus decisiones como médico.

En otro tramo, Luque explicó que en 2019 él no cobró nada pero que en 2020 fue Vanesa Morla quien le propuso “ganar un sueldo” y que “el monto eran 100 mil pesos por mes” y que “nunca hubo aumentos”.

Cuando los fiscales le preguntaron por los supuestos “retornos” que el imputado le debía pagar a la hermana del abogado, el neurocirujano explicó que la mujer le pidió una “colaboración mensual” de 10.000 pesos por ayudarlo a gestionar los estudios o turnos médicos para Maradona.

Estas personas no hacen nada que no sea por dinero. Todos los que estaban cerca de Maradona estaban cobrando dinero”, dijo Luque y aclaró que, si fuese por él, “hubiese estado sin cobrar”.

Cuando los fiscales le preguntaron en forma directa si se vio impedido en hacer algo con su paciente, por pedido o indicación de los Morla, de Pomargo, del sobrino Johathan Espósito o de los empleados de seguridad, Luque volvió a defenderlos: “Jamás. Desde que lo conocí a Diego, jamás me vi impedido de realizar algo que le correspondía y que fuera por su salud. Nunca un allegado bloqueó algún tratamiento”.

En ese punto hizo una crítica que también incluyó a la familia: “Uno espera que la familia colabore. Yo a veces no sentí colaboración, pero no que me entorpezcan“.

Pero fue en otra parte de la indagatoria, cuando se refirió a la reunión del 10 de noviembre en la Clínica Olivos donde se barajaban las opciones de externación de Maradona, donde el médico fue lapidario contra los familiares y el entorno.

Luque recordó que en dicha reunión participaron las hijas Dalma, Gianinna y Jana, “Kity” y dos hermanas más de Diego, la expareja Verónica Ojeda, el abogado Víctor Stinfale, Pomargo, el kinesiólogo Nicolás Taffarel, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Diaz y él.

Lo que noté es que prevalecieron los conflictos personales. Era más importante que no entre Verónica Ojeda a pensar qué hacer con ´mi papá´. Saber dónde estaba Matías Morla, a qué vamos a hacer con ´mi papá´. Para mí debieron haber estado todos los que lo querían y se preocupaban por él”, reflexionó Luque dando a entender que el apoderado debía haber estado presente.

El único que estuvo todo el tiempo fui yo. Y soy el único que ahora está acá declarando”, dijo Luque en un tramo de su declaración en la que, según fuentes judiciales, se quebró en llanto.

“Lo único que sé, es que había mucho conflicto, la salud de Maradona quedó relegada a los profesionales, y eso fue así puesto que sólo querían culpables si pasaba algo. Es mi opinión. No hubo consenso. Se hablaron pavadas”, agregó.

“Yo les pregunté si sabían el problema que él tenía o si lo acompañaron al médico alguna vez. Yo sí lo hice, todos los controles le dieron bien. Hablaron de un centro de rehabilitación pero como él no quería, quedaron en que no. La conclusión que se llegó era que había que acompañarlo. Dijeron que si, pero desaparecieron todos después. No lo logré”, señaló.

Pese a todos los escritos que había presentado su defensa, ayer, por primera vez y ante las preguntas directas de los fiscales que lo investigan, Luque admitió ante Iribarren, Ferrari y Capra que él fue el médico “de cabecera” de Maradona pero, cuando le consultaron qué acciones adoptó como tal en la internación domiciliaria, reiteró que la misma estaba bajo la responsabilidad de la obra social y la empresa de cuidados domiciliarios.


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