La declaración de Independencia incluía a Bolivia en su momento, pues Bolivia era aún el Alto Perú adonde se dirigían las tropas argentinas como Ejército del Norte. Allá luchó la legendaria Juana Azurduy, y allí Belgrano libró sin suerte las dolorosas derrotas de Vilcapugio y Ayohuma

Por Roberto Follari, Especial para Jornada

  Lo cierto es que hoy, tantos años después, Argentina ha llegado a su fecha de la Independencia con una mochila lamentable: el descubrimiento de que el gobierno de Mauricio Macri envió pertrechos represivos al gobierno de Añez. Dicho de otro modo, que participó del apoyo al golpe de Estado –encubierto pero evidente- que se dio contra el gobierno de Evo Morales, quien había ganado por el amplio margen de 10 puntos la primera vuelta electoral.

 La presidencia no elegida de Bolivia se cayó en menos de un año, y hoy se procede a investigar las acciones de dicho gobierno de facto, que reprimió con muchos muertos para esos días, especialmente en Senkata y en Sacaba. Está presa la efímera presidenta, y lo estuvo en Estados Unidos Murillo, quien fuera el “hombre fuerte” de su gobierno.

 A sólo dos días del golpe a Evo Morales –quien pudo haber muerto si no se lo ayudaba a salir desde la acción concertada de México y el entonces presidente electo Alberto Fernández-, llegó un avión Hércules argentino con gendarmes que, se dijo, custodiarían la Embajada de nuestro país. Allí iba el armamento, que no era para guerra sino para represión, no para Fuerzas Armadas sino para policía. Sin embargo, es la Fuerza Aérea de Bolivia la que agradece al entonces embajador argentino en nota oficial con sello de esa Fuerza Aérea y otro de recibo de nuestra Embajada. Nota que ha sido exhibida ahora por el Canciller boliviano, para hacer denuncia pública de la participación del gobierno macrista en el golpe del año 2019. Ese embajador argentino es hoy ministro de trabajo del gobierno de Gerardo Morales en Jujuy, quien días antes había recibido a la hija de Trump en su provincia.

 Hubo un Plan Cóndor, y una activa participación de la dictadura argentina en la instalación de la tiranía represiva de García Meza en los años ochenta. En la misma saga se puede ubicar este hecho lamentable que ha de tener repercusión política y posible juzgamiento internacional, además de las acciones judiciales pertinentes en Argentina y en Bolivia.

 Son los mismos días de la Independencia nacional. Esa que la mayoría de la población valora, al margen de preferencias partidarias. Aún muchos votantes poco informados de la derecha argentina, no advierten qué pudo significar aquella frase humillante de “querido Rey”, en la que Macri lanzó la atrevida idea de que los congresales de 1816 estaban trémulos por no atreverse a dejar de depender de España. Los argentinos valoran la independencia, aunque no lo hagan algunos líderes ideológicos del neoliberalismo.

 Es contradictorio plantear independencia con negarla a un país vecino, al intervenir de modo oculto en la cesión de material represivo antidisturbios. Y hacerlo claramente en la órbita de la dependencia de la gran potencia del Norte, dado que “casualmente” el Ecuador de Lenin Moreno intervino de parecido modo. Quizá también de allí viene el asesinato en estos días del que era presidente de Haití, pues siempre el Caribe fue considerado “patio trasero” del imperio. O la presión que impide que el presidente electo Castillo sea reconocido en el Perú.

 Las palabras no son inocentes: como dijo Freud, quien cede en las palabras, cederá en los hechos. Así fue que Macri asumió en sólo cuatro años 100.000 millones de dólares de nueva deuda externa sobre los argentinos, hiriendo severamente nuestra soberanía nacional, obligándonos a penosas negociaciones que ahora están logrando demorar el pago. En su momento, Kirchner con Lavagna de ministro, habían logrado disminuir en 60.000 millones de dólares la deuda argentina: eso sí había sido resguardar soberanía, en una valiente defensa de nuestro erario.

 Mientras, el Dibu Martínez se convirtió en inesperada figura nacional, atajando tres penales de cinco, en un verdadero record histórico. Para eso, había bardeado a quienes patearían, en actitud que ayudó a poner nerviosos a los colombianos. Argentina ganó gracias a la calidad y la actitud del arquero que juega en Inglaterra.

 No faltaron aguafiestas: obviamente Castrili, hombre que en su momento se acercó al macrismo. Con apego ritual al reglamento, opinó que debió expulsarse del campo al Dibu, por sus palabras y sus gestos. Castrili el termidoriano que arruinó múltiples partidos, por ej. en uno echando a cinco jugadores del mismo equipo. Para él, eso era ejemplar: para casi todos, era autoritarismo y arbitrariedad. Porque le faltó analizar que el arquero es el débil en situación de penales: Dibu sólo trató de aminorar su situación de inferioridad. Y si tuvo un gesto ofensivo para Miná, es porque este se había burlado de los argentinos con un bailecito despectivo, y había lesionado al mismo Martínez con un golpe en el partido anterior.

  Esa es la actitud. Aun en la debilidad, defensa de lo propio. Defensa de la patria, de los colores con que nos identificamos. No la entrega de la soberanía nuestra, ni la intervención contra la soberanía de nuestros hermanos. Cualquiera sea el resultado en la final con Brasil, lo del Dibu es memorable. Como memorables son los abandonos a la defensa de nuestra soberanía que hemos padecido en el período de 2015 a 2019 y las heridas a la soberanía ajena, como lo descubierto con la intervención en la represión al pueblo boliviano.-

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