Por Sergio Levinsky

Si la Copa Libertadores tenía que recomenzar la semana pasada pasase lo que pasare, con árbitros reemplazados por positivos de Covid-19, y clubes al borde de no poder presentar un equipo medianamente competitivo, no es para nada distinto lo que ocurre con las selecciones nacionales sudamericanas, que deberán jugar nomás, entre el 8 y el 13 de octubre próximos, por las dos primeras fechas de la clasificación para el Mundial de Qatar 2022 porque otra vez nadie se le pudo plantar a la Conmebol para impedirlo.


De nada sirvió la advertencia del presidente de Lanús, Nicolás Russo, acerca de que en estas condiciones de la pandemia en todo el continente sudamericano ya no es que no se podía jugar, sino que el sistema iba a chocar contra la realidad en los continuos viajes: países que no tienen abiertas sus fronteras o cuyo nivel de exigencia de cuarentena desde la llegada de extranjeros complicaría a los equipos participantes.


Nada de esto parece importarle a la Conmebol, que no sólo logró hacer jugar la Copa Libertadores entre los clubes participantes, sino que consiguió también que ningún Estado de los diez del continente se interpusiera con los partidos de la clasificación mundialista, y que hasta la FIFA-lo impensado- sucumbiera ante la exigencia de la entidad sudamericana para que a los clubes europeos les cayera la obligatoriedad de ceder a sus jugadores para estas dos fechas, cuando se pensaba que eso sería inviable porque en un principio, y ante el temor por la pandemia en Sudamérica, y a un posible contagio de sus jugadores, desde Zurich esta vez habían habilitado a que tuvieran libertad de decidir si los cedían o no.


Ya llamó la atención cuando Jornada consultó con fuentes ligadas a la Unión Europea de Fútbol (UEFA), que responsabilizaron completamente a la FIFA en cuanto a la decisión sobre si respaldar o no al pedido de la Conmebol para que las selecciones dispusieran de sus jugadores de clubes europeos (en los casos de las más fuertes, la gran mayoría de sus planteles) cuando para eso, Zurich tenía que desdecirse y dar un viraje de 180 grados y por eso, en el zoom de la Conmebol con la FIFA del pasado martes, se pasó a un cuarto intermedio de dos días hasta que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, consultara la situación con la poderosa ECA (Asociación de Clubes Europeos) y sorpresivamente, su respuesta fue favorable.


La gran pregunta vuelve a ser la misma de siempre. Teniendo en cuenta que la propia FIFA acordó con la Confederación Asiática y con la del Norte, Centroamérica y del Caribe (CONCACAF) pasar los partidos de clasificación mundialista para marzo de 2021|, ¿cuál era el apuro de la Conmebol para que en Sudamérica las fechas no se demoraran tanto y todo comenzara ya, pese a los cientos de miles de infectados y fallecidos?


Por supuesto que el negocio, y en este caso, doble, porque además de querer cumplir con las cadenas televisivas que ya pagaron parte de los derechos de transmisión (que de todos modos, jamás perderían porque una postergación no es una suspensión definitiva), aquí estaba en juego otra cuestión, que es el hecho de que si en marzo la situación sanitaria no mejora, se corría el riesgo de tener que rediseñar la clasificación mundialista con menos tiempo para los partidos, y entonces tal vez tener que dividir a las diez selecciones en dos grupos (tal como ocurrirá con la Copa América prevista para 2020 y postergada hasta mediados de 2021, que tendrá dos llaves de cinco selecciones cada una (una sur, por jugarse en la Argentina, y otra norte, en Colombia), pero a su vez, eso implicaría que se jugaran no más de ocho partidos cada una (ante sus cuatro rivales, ida y vuelta) con la suma de algún repechaje.


De esta forma, jamás se llegaría a los dieciocho partidos que cada equipo nacional debe jugar en un torneo de todos contra todos, tal como se viene realizando desde la clasificación para Francia 1998, sistema que, además, conviene a las grandes potencias como Argentina, Brasil o Uruguay, que suelen tener planteles de más cantidad de jugadores de calidad y entonces, a la larga, aunque puedan atravesar una mala racha, se terminan imponiendo en el tiempo.


Lo que tampoco se entiende es por qué la Conmebol no aceptó, como sus pares asiática o centroamericana, jugar desde marzo de 2021 cuando otra posibilidad que aparecía era jugar no de a dos sino de a tres partidos por mes, en cada una de las ventanas de selecciones de FIFA, para tratar de optimizar los días de concentración de los equipos, pero el negocio siempre puede más.


Más allá de alguna zozobra como la que atravesó Argentina para Rusia 2018, o Brasil para Japón-Corea 2002, o un par de veces Uruguay, que terminó jugando varios repechajes, el sistema los favorece y sumado a las exigencias de la TV, se apuró el inicio de la clasificación por lo que la selección argentina que conduce Lionel Scaloni va a debutar el 8 de octubre ante e nuevo equipo ecuatoriano que conduce el ex Boca y Huracán Gustavo Alfaro, que de esta manera regresará a la Bombonera, aunque esta vez vacía. Y el 13 de octubre, el equipo nacional deberá viajar a la altura de La Paz para enfrentar a Bolivia en un escenario siempre complicado.


Lo que cuesta más entender es cómo nadie osa plantarse a la Conmebol. Las autoridades políticas argentinas, por ejemplo, y acertadamente (algo con lo que acuerdan la AFA, los entrenadores y el sindicato de futbolistas), desaconsejan que se practique el torneo local de primera División, pero no obstaculizan que en esos mismos escenarios sí se disputen la Copa Libertadores o la clasificación mundialista.


¿Por qué la Liga no pero la Libertadores o la clasificatoria sí? Es algo que deberían aclarar porque suena a enorme contradicción: Boca, River, Racing y Defensa y Justicia, del AMBA (Ámbito Metropolitano de Buenos Aires) no pueden enfrentar a otros equipos que apenas si deberían de desplazarse si son de la misma zona, y con razón. Pero esos mismos equipos, y Tigre, que tampoco está jugando por el Nacional B, sí pueden jugar por la Copa Libertadores ante equipos que tienen que viajar provenientes de otros países o deben desplazarse en condición de visitantes. ¿Cómo se explica? Desde la falta de una posición más dura y clara.


La AFA, en cambio, votó en contra del regreso de la Copa Libertadores y perdió 7-1 en aquella votación, mientras que no parece fácil volver a oponerse en soledad y además, esto no obstaculizaría que todo siguiera su camino en la clasificación mundialista.


Lo que sorprende es que ni el Gobierno, ni la FIFA, ni la ECA se imponen a la Conmebol, que sigue adelante, sin oposición, y con los negocios primero, muy por encima de la salud. Y el contradictorio fútbol argentino sigue andando.