Los groseros errores del VAR en la pasada jornada de partidos de ida de los octavos de final de la Copa Libertadores de América, con fallos siempre favorables a los equipos brasileños ante adversarios extranjeros, vuelven a colocar a la Conmebol en una más que incómoda situación, que profundiza la crisis de credibilidad que ya venía arrastrando la cuestionada entidad futbolística sudamericana

Por Sergio Levinsky, desde Buenos Aires. Especial para Jornada

Durante la pasada semana, Atlético Mineiro se vio favorecido ante Boca Juniors con un insólito cambio de parecer del árbitro colombiano Andrés Rojas, quien primero cobró gol tras un cabezazo de Diego “Pulpo” González y lo ratificó ante las airadas protestas de los jugadores brasileños, en especial de su capitán, el argentino y ex River Ignacio “Nacho” Fernández, quien al igual que varios de sus compañeros, se negó a sacar del medio tras el 1-0 e insistió en que la jugada fuera chequeada por el VAR.

Se conoció luego, emitido por la Conmebol, el diálogo que sostuvieron Rojas y el VAR (mientras el juez colombiano era seguido a escasos centímetros de distancia por varios jugadores de ambos equipos, que continuaban tratando de presionarlo cuando observaba la jugada en la pantalla desde el campo de juego) y en el que luego de darle vueltas a la imagen en varias oportunidades, decidieron que hubo una falta indetectable de Norberto Briasco, que motivó la anulación del tanto, y el empate final 0-0 complicó a Boca, que ahora debe viajar a Brasil para la revancha.

La Conmebol intentó un lavado de cara con la suspensión por tiempo indeterminado tanto de Rojas como de quien estuvo a cargo del VAR, el paraguayo Derlis López, que no es otro que quien estuvo en el mismo puesto la noche de la semifinal de la Copa América pasada, cuando no llamó de oficio al árbitro para chequear un posible (para nosotros, indudable) penal para Perú por mano de Thiago Silva, defensor brasileño, dentro de su área, cuando ante un remate que iba camino al arco, desvió la pelota sacando el codo.

Tanto en el Brasil-Perú de semifinales de Copa América como en el Boca-Atlético Mineiro de la Copa Libertadores, a lo que hay que sumar un increíble gol anulado al argentino Mauro Boselli para Cerro Porteño ante Fluminense en Asunción, también por la Copa Libertadores, cuando le cobraron fuera de juego descuidando que lo habilitaba largamente un defensor del conjunto tricolor carioca (Samuel Xavier), que se encontraba del otro lado de la jugada (el árbitro fue el argentino Facundo Tello), los beneficiados fueron siempre los equipos brasileños.

Por si fuera poco, en la misma semana, el árbitro uruguayo Andrés Matonte cobró un más que discutible penal para Palmeiras (otro equipo brasileño) en Santiago de Chile ante la Universidad Católica, luego de que un remate del delantero Deyverson rebotara primero en el cuerpo y luego en el brazo del defensor argentino Germán Lanaro, que además estaba de espaldas a la jugada y por lo tanto –por sentido común- no podía observar la trayectoria de la pelota como para tener una mínima voluntad de desviarla. 

Tal como en Boca-Atlético Mineiro, el VAR estuvo a cargo de un paraguayo, Carlos Benítez, y el conjunto paulista se impuso con el gol producto de este penal, que convirtió Raphael Veiga.

Si el veterano entrenador de Boca, Miguel Russo, afirmó que “nunca en la vida” vio algo parecido a lo ocurrido en el gol primero cobrado y ratificado (el árbitro Rojhas dijo “gol confirmado” tocándose el auricular ante las protestas de los jugadores de Atlético Mineiro) y al rato anulado, el entrenador de Cerro Porteño, Francisco “Chiqui” Arce, calificó lo ocurrido con su equipo ante Fluminense como “robo a mano armada”.

“Se invierte tanto, nos invitan a participar de charlas y seminarios, pero nos robaron a mano armada en nuestra propia casa”, dijo Arce tras el partido, en referencia a la ciudad de Asunción, vecina de la sede de la Conmebol en la ciudad de Luque.

Más sarcástico fue el uruguayo Gustavo Poyet, director técnico de la Universidad Católica, cuando recordó tras el partido ante Palmeiras que “pasó en la Bombonera y en Asunción, donde se beneficiaron los dos equipos brasileños, y también acá”.

¿Será casualidad que tanto en el Brasil-.Perú de Copa América, y en tres de los partidos disputados por equipos brasileños en la Copa Libertadores, y los tres en condición de visitantes, hayan sido beneficiados y en todos los casos, con jugadas de fallos netamente opuestos a los tomados, y con tiempo y tecnología para repetir las acciones, y siempre favoreciendo a ,los equipos brasileños, cuando el presidente de la Comisión de Árbitros de la Conmebol es el brasileño Wilson Luiz Seneme –por cierto, primo por parte de madre del goleador portugués Cristiano Ronaldo-?

Seneme ya fue duramente discutido por Lionel Messi en la anterior Copa América de 2019, cuando la selección argentina fue derrotada 2-0 por Brasil en la semifinales el estadio Mineirao en la que hubo dos claras jugadas de posible penal para Argentina, que ni siquiera fueron chequeadas por el VAR ni el árbitro fue convocado de oficio, aunque sea para que con la ayuda de la tecnología, se pusiera aventar cualquier duda.

La Conmebol está tocando fondo. Va perdiendo toda credibilidad ya desde hace tiempo, como cuando hizo jugar los torneos sudamericanos de clubes de 2020 en plena etapa dura de la pandemia sin importarle nada de los casos de Covid, negociando con cada gobierno nacional de loa países participantes una eximición de leyes de entrada y salida con la presentación de una “burbuja sanitaria” pese a lo que casi todos los equipos tuvieron casos y jugadores que se perdieron de participar en varios partidos.

Asimismo, hubo esperpentos como los vividos por River (obligado a participar con un jugador de campo en el arco –Enzo Pérez- ante la falta de arqueros), o Independiente (una buena parte de su plantel quedó varado en el aeropuerto de Bahía porque no dejaban pasar a sus jugadores, que durmieron en colchones traídos desde el hotel por los compañeros que sí fueron habilitados a ingresar al país) o Flamengo (que a cuatro horas de jugar en Guayaquil ante Barcelona, no sabía si volar o no desde Río de Janeiro porque la alcaldía suspendió el partido pero la Conmebol insistió en que se jugara, cosa que finalmente ocurrió).

Y por si fuera poco, la frutilla del postre que fue la previa de la Copa América, suspendida in extremis por el gobierno colombiano y retirada la sede de Argentina al enterarse la conducción del dirigente paraguayo Alejandro Domínguez que Alberto Fernández iba a anunciar la renuncia del país a organizar la parte que le tocaba. Se recostó entonces en Jair Bolsonaro, y en cuestión de horas se decidió jugar en cuatro sedes, con estadios que no tenían el césped en condiciones, porque varias ciudades (en un Estado federal) no quisieron ser sedes.

No alcanzó siquiera con el anuncio de que la Conmebol recuperó desde Suiza 1,7 millones de dólares (de los 4 millones totales) que se encontraban en dos cuentas bancarias del ex dirigente argentino Eduardo Deluca, como parte del FIFA-Gate (sistema de sobornos de las más grandes empresas mediáticas latinoamericanas a los anteriores dirigentes de la entidad futbolística sudamericana para obtener a bajo costo los derechos de transmisión de los principales torneos organizados por la entidad hasta la próxima Copa América de Ecuador 2024).

A Deluca –suspendido de por vida como dirigente para cualquier actividad ligada al fútbol y con una causa por lavado de dinero- se le encontró dinero en varias cuentas en el banco privado “Pictet & Cie” con sede en Ginebra y en la institución financiera “Ticino BSI”,, ahora cerrada, según informó el medio suizo “Blick”.

Sin embargo, el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, fue tesorero del ex presidente de la entidad, su compatriota José Ángel Napout –condenado a nueve años de prisión por fraude y asociación ilícita por el FIFA-Gate-, cuando era titular de la Asociación Paraguaya de Fútbol, como recordó el ex arquero paraguayo José Luis Chilavert, un duro opositor a la actual conducción del fútbol sudamericano.

“Convengamos en que la anterior Conmebol era conocida por las malas prácticas. Era como un secreto a voces. Todos sabíamos que las cosas que se hacían acá eran de malas prácticas, pero nadie tenía el poder ni tenía la forma de transformar esto”, reconoció Domínguez en 2020 a Radio “La Red”.

“Yo llego aquí (la presidencia de la Conmebol) como una cuestión casi fortuita, porque la verdad, llegó en un momento en que todos estaban presos (por el caso FIFA-Gate) y había una oportunidad, porque no había más de dos candidatos. Era yo y otro”, siguió el dirigente, que parece no reparar en que su entidad cruje y que necesita, con urgencia, recuperar la credibilidad perdida en estos año y que de nada sirve fingir que hoy las cosas son diferentes, cuando todo sigue igual o peor.

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