Por si algún absurdo faltara vivir de parte de cierto sector opositor cristalizado, esta semana llegamos al climax: la Cámara del Crimen, en Capital Federal, decidió declarar inconstitucional algo que no existe. O que, al menos, no existe aún.

Por Roberto Follari, Especial para Jornada.

Se trata de la Reforma judicial. Como los camaristas se oponen a cualquier reforma que en algo pudiera afectarlos, hacen una insólita “acordada preventiva”, y dictaminan sobre lo inexistente. En fin, del ridículo no se vuelve. Pero no les importa, seguramente: de lo que se trata es de formular una amenazada nada velada a los legisladores: “legislen nomás, que nosotros le vamos a declarar inconstitucional lo que decidan”. Aviso hecho, no sin monumental papelón que ubica a nuestro país en el macondismo más acendrado.

 Pero no crean que este sinsentido jurídico hace problema a muchos que –en la medida en que se creen políticamente favorecidos- miran para otro lado. Total, en el macondismo ya navegamos hace rato, al menos para una parte de la actual oposición: una periodista de chismes que ahora dice serlo de política, se toma en cámara lo que –ella dice- es un remedio no autorizado para el coronavirus; un conocido comentador, hijo de otro también conocido, levanta el puño en señal de victoria estando en cámara, cuando le dicen que el número de contagiados ha aumentado: como es opositor, eso lo hace feliz. Los que ayer clamaban por liquidar la cuarentena, hoy claman porque hay muchos contagios, sin ton ni son. El gobierno arregla el modo de pago de una deuda que el macrismo produjo, y varios macristas van a la TV a decir que el arreglo es menos bueno que el que ellos no hicieron, pero dicen que hubieran hecho. Vicentín le debe millones de dólares al Estado (algunos recibidos días antes de que Macri dejara el gobierno), y se manifiestan diciendo “todos somos Vicentín”. Ya sólo falta que algunos manifiesten diciendo “todos somos el virus”. Carnaval total para un cierto sector del país que ha hecho del ataque permanente su herramienta, sin argumentación, sin proyecto ni estrategia. Da la impresión de que algunos protestan contra la elección presidencial: no parecen tolerar haberla perdido, de modo que no saben de qué se trata, pero van contra el gobierno. 

  En aquellos tiempos del “boom” literario de los años 60 y 70, desde el Sur frío y un poco europeizado de Latinoamérica, nos enterábamos de los floripondios del Trópico: en su “realismo mágico” cabía la mezcla de realidad y fantasía en  superposición inescindible. Con aquella gran metáfora de las miles de guerras del Coronel Buendía, o la de Remedios la Bella ascendiendo a los cielos, García Márquez nos llenaba con el aire proliferante de las tierras calientes, con la desmesura de sus sueños y borracheras, con esa ficción que ayudó siempre a superar la triste presencia de las compañías bananeras extranjeras, ese poder que atenaceaba brazos y gargantas, pero que nunca pudo impedir la fantasía exacerbada como compensación de la explotación y del dolor.

  Hoy, desde los más altos espacios del dominio geopolítico y en algunos casos empresarial, se apunta contra el gobierno que los argentinos eligieron. Algunos no digieren su existencia y ensayan una ristra interminable de ataques, cuanto más absurdos más fáciles de sostener y de continuar contra toda evidencia. Así tenemos a un fiscal como Stornelli, procesado y con testimonios reconocidos en su contra, deambulando tranquilo por los pasillos judiciales, y el Procurador interino Casal no se inmuta por ello, pero persigue a la fiscal Boquín, porque esta ha sostenido que el grupo Macri debe pagar lo que debe al Estado por el Correo. O el dictamen de una auxiliar de Casal, por el cual los dineros no abonados por multinacionales al Estado podrían ser “perdonados” (pretendiendo ser parte de lo que Macri dejó de exigir a los capitales que reingresaron cuando entraron los de su propio hermano). O el mismo Macri diciendo que “el default no es bueno”, cuando él fue al FMI cuando ya nadie en el mundo le prestaba. Macondo a pleno entre nosotros, aquel otro Macondo se quedó corto.

  Claro que no es la sobreabundancia vegetal del Trópico lo que nos rodea: son los contagiados por el virus cuyo número puede crecer a pesar de los cuidados, es la pobreza que ya existía e inevitablemente ha acompañado a la pandemia, es un país donde hay millones a quienes el Estado está acompañando, pero sufren. Y que merecen algo mejor que ese circo que ciertos sectores mediáticos y políticos sostienen.-


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