Jorge Sosa CCONTRATAPA Jueves, 28 de Noviembre de 2019

Chirolas

Por Jorge Sosa

Jueves, 28 de Noviembre de 2019
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Jueves, 28 de Noviembre de 2019 | Por Jorge Sosa

Dicen que fueron los fenicios los inventores de la moneda, aunque hay otras versiones que le dan nacimiento mucho antes que estos moradores de Mierditerráneo.

Después las monedas se fueron popularizando en el mundo entero y valían por lo que valían, es decir, su peso en oro, o en plata. Ese era su valor.

Algunas comunidades de Centroamérica usaban granos de cacao como moneda o la concha de ciertos preciados moluscos. No tenían monedas de metal. Por lo tanto no honraban a héroes o reyes de las regiones porque es muy difícil tallar la cara de una persona en una pepa de cacao.

En América del Sur tenemos un antro que recuerda la fabricación de monedas que hicieron los españoles, y las vidas que se llevaron a cuestas por semejante propósito. Es la Casa de la Moneda de Potosí, Bolivia, donde tuve oportunidad de ver cómo fabricaban con la plata de su fabulosa mina, los redondeles valiosos que terminaban generalmente en España.

Hubo un momento de nuestra historia en que las monedas tenían valor, precisamente, como dijimos, cuando estaban elaboradas con metales preciosos. Pero después se diluyó esta práctica y fueron a ser representativas de algún tesoro guardado en algún lado, pero no tenían un valor intrínseco, un valor provocado por ellas mismas.

Cuanto tenían valor uno las cuidaba, llenaba alcancías, las guardaba en un lugar especial de las casas porque con ellas se podía saciar el hambre. Uno cuidaba hasta las monedas de menor monto, porque para comprar algo servían.

Los mendigos, que siempre existieron, tal vez no tanto como ahora, pero siempre existieron, pedían que les diéramos una monedita, con eso se conformaban, y les servía para amortiguar toda la injusticia que los había llevado a esa situación morosa de todo.

Se jugaba al truco por unas monedas, porque se jugaba algo importante. Se llenaban los bolsillos de monedas y eso dio lugar al nacimiento de un adminículo que ahora ya no se usa: el monedero. Todos tenían uno y lo atesoraban con cuidado, era algo que nos podía sacar de cualquier apuro.

En un determinado momento comenzamos a llamarlas "chirolas". La voz es derivada tal vez de la onomatopeya del ruido provocado por una pequeña pieza metálica al caer, o tal vez sea una variantes "girola" es decir, algo pequeño que gira. Aunque otra explicación la da como derivada del italiano chirela o chirera, que fue usada largamente en Brasil para designar un tipo de harina gruesa de maíz hecha para alimentar los animales y que la población de escasos recursos compraba por una moneda para su propia alimentación.

Cualquiera sea su origen el lunfardo argentino le dio como principal significado el de moneda, casi siempre de poca cotización. También usada para significar cosas pequeñas, "Son las doce y chirolas" se llegaba a decir cuando habían  pasado poco minutos de las doce.

Pues están desapareciendo. Ahora dicen que van a imprimir nuevas monedas de valores de 10, 20 y hasta 50 pesos y entonces tal vez vuelvan a tener preponderancia.

Ahora no te sirven ni para pagar el micro y es muy difícil que alguien pague algo con ellas, aunque el refrán te incite a devolver una afrenta de la misma manera en que se la recibió: "Pagale con la misma moneda".

Eran simpáticas, tal vez vuelvan a serlo, tal vez podamos sostener un día con un pequeño puñadito de ellas. No sé que pensará el nuevo gobierno de la reedición, tal vez la cumpla y aparezcan otra vez los monederos.

(sosajorgeluis45@gmail.com)

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