Jorge Sosa CONTRATAPA Miercoles, 2 de Octubre de 2019

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Miercoles, 2 de Octubre de 2019
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Miercoles, 2 de Octubre de 2019 | (sosajorgeluis45@gmail.com)

Ciudad distinta la de Mendoza. Distinta desde el nacimiento. En aquel momento de la conquista española, de los primeros pasos de la invasión, se fundaron muchas ciudades en el  territorio de América. La única ciudad que no se fundó al borde de un río fue Mendoza. Mendoza se fundó a la orilla de un río que hicieron los hombres, a orillas de una acequia, o de cuatro si ustedes quieren ser más fieles con la historia. Empezamos a ser distintos desde que empezamos.

Tal vez convencida de que aquí el agua debía obedecer porque si no obedecía el agua, no era posible convencer a la vida. Las acequias forman parte de nuestra identidad. Aquel mendocino que no se haya caído en una acequia alguna vez en su vida, no es mendocino.

De toda la historia que nos compone hay lugares que son especiales: el campamento del Ejército de los Andes, allá en El Plumerillo, la casa de San Martín, el canal del Cacique, la Toma de los Españoles, y tantos otros.
 
Camino por las calles de la Cuarta, vos sabés, la de fierro, la del inicio, de la fundación. Tiene la fama un poco deteriorada la Cuarta, salvo para la AMEN, Asociación Mendocina de Poetas Nostálgicos.

Uno tiene que predisponerse, que prepararse. Llevar una red para pescar Historia e historias, tener los oídos sin prejuicios para que puedan ser invadidos por voces y cantos de color sepia, andar con los pasos atrevidos para que se metan a caminar por algunas veredas de tierra y de pasado.

Hay casas viejas, muchas casas viejas. Todas están llenas de relatos. Si uno se detiene a escucharlas podrá entender el amor de los tules; las cenas jocundas de vino patero; la soledad mordida de silencio y las quejas largas de la vida ausente.

Las viejas casas de la vieja Cuarta. Cuando la piqueta se mete con ellas, cuando las ataca el virus de la modernidad, el barrio se muere un poco. Es cuando el catastro se transforma en catástrofe. Con cada casa vieja que cae la nostalgia pierde un refugio. Las casas vieja de la vieja Cuarta.

Hay paisajes que son patrimonios de la humanidad, hay barrios que deberían ser declarados enciclopedias de adobe.

Suelo pasear por la Plaza Fundacional y se me pone la gallina de piel. Porque imagino que en esos mismos lugares que piso, que ando, que transcurro, anduvieron los primeros, los llamados fundadores, pero antes de ellos los verdaderos primeros, tal vez la primitiva huella de un tal Allayme, pero también Luzuriaga con la preocupación de un gobierno encima, pero también Godoy Cruz con la mejor noticia que dio Tucumán, pero también Fray Luis Beltrán buscando bronce para hacer la gloria, pero también el Molinero Tejeda tratando de que alguien, al menos él, confiara en sus alas. Pero también José Francisco, tal vez mirando la montaña antes de empardarle su altura.

Cada vez que cruzo por la Plaza Fundacional, me parece que hay todavía algo de todo aquello esparcido en el aire. Tal vez sería bueno que de vez en cuando abriéramos ese cofre donde se guarda la historia y nos diéramos un chapuzón de pasado para entender el presente. Tal vez nos vendría muy bien abrevar un poco en la vieja fuente.


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