Jorge Sosa CONTRATAPA Miercoles, 11 de Setiembre de 2019

Se cayó el sistema

Pensar que hace cincuenta años la computadora era casi un elemento de la Ciencia Ficción, algo más raro que japonés pelirrojo.

Miercoles, 11 de Setiembre de 2019
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Miercoles, 11 de Setiembre de 2019 | Pensar que hace cincuenta años la computadora era casi un elemento de la Ciencia Ficción, algo más raro que japonés pelirrojo.


Cuando vimos sorprendidos en "2001, Odisea del Espacio", la Hall 9000, pensamos: "Este Kubrick tiene una imaginación desmesurada. Hasta es capaz de hacernos creer que es posible que Argentina vuelva a ser el granero del mundo".

 Y ahora resulta que si no sabés manejar una computadora podés quedar más desubicado que Trump haciéndose atender en una clínica de La Habana.

Las computadoras nos mandan, nos ordenan, nos auscultan, nos entretienen, nos encuestan, nos informan, nos comunican. El analfabeto de la segunda mitad de este siglo ya no será quien no sepa leer ni escribir, sino quien no sepa manejar una computadora.

En la actualidad si no sabés algo de sitio, CD-room, megabytes, ramp, megarramp, enter o efe uno, te miran como diciendo: ¿Por qué no te internás en la terapia intensiva de algún anticuario, viejo?

Dice mi amigo el sicólogo Máximo Edipo, que es tan seductor el aparatito, que ejerce sobre el usuario tal encamotamiento y tantas satisfacciones da, que se ha transformado en una nueva forma de onanismo, o en ciertos casos de homosexualidad. Cosa que está bien reflejada en la primera persona del presente del singular del verbo computar: yo com"puto", que es casi como decir yo con"trolo".

Las computadoras se han metido con nosotros de tal manera que mandan en nuestras angustias y nuestras felicidades. Podés encontrar a un tipo contento porque se conectó mediante su computadora con una empresa de Alaska que fabrica heladeras, o podés escucharlo insultar en arameo. imbécil. com, porque de golpe le vino una baja de tensión y se le borró el archivo que estaba escribiendo.

En la actualidad un negocio que no tenga computadora es como un shopping sin escalera mecánica, como un inodoro sin agujero. Nos estamos transformando en computadora-dependientes.

Hay familias que van a pasar el domingo al pedemonte y el tipo carga en el auto las reposeras, el equipo del mate, la nona, el choco, la carne, la parrilla y la notebook. Aparecieron los cibercafés, donde te sirven café en un disco rígido.

A tal punto se han metido con nosotros estos artefactos de microchipeados que han logrado inventar nuevas excusas. Uno va a pagar algo y se encuentra con un amontonamiento de gente tan grande que uno más que se acerque ya es atraque, y uno se extraña y pregunta, y entonces surge la nueva excusa de la posmodernidad: "Se cayó el sistema".

El sistema es una red de computadoras que abastece a esa oficina en la que uno cayó y que sin ese tal sistema es más inservible que ropero de Tarzán. Vuelva mañana, se cayó el sistema. Se cayó el sistema, no le podemos dar su resumen de cuenta. Hoy no le podemos tomar los datos porque se cayó el sistema. Y la excusa más grave de todas: "No le podemos pagar porque se cayó el sistema".

 Y como uno no entiende un soto, o dos sotos, del asunto, no sabe si realmente los chips y circuitos eléctricos se han declarado calientes, o es simplemente alguien que desenchufó los aparatitos con el objeto de que no hagan lo que deberían hacer.

Es peligroso, porque puede llegarse a límites insospechados. Mire usted si el día de mañana, en plena noche de bodas, su marido le dice con cara de decepción: "Lo siento, mi vida. Se me cayó el sistema".

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