Jorge Sosa Martes, 20 de Agosto de 2019

INODORO (que no es Pereyra)

Generalmente son blancos. Puede que haya de otros colores pero el blanco es el que prima, el que prevalece, tal vez porque el blanco es sinónimo de pureza o tal vez porque para que le vas a dar otro color si lo hacemos blanco de nuestras necesidades.

Martes, 20 de Agosto de 2019
Diario Jornada Diario Mendoza. Buscanos en Facebook, Twitter e Instagram

Martes, 20 de Agosto de 2019 | Generalmente son blancos. Puede que haya de otros colores pero el blanco es el que prima, el que prevalece, tal vez porque el blanco es sinónimo de pureza o tal vez porque para que le vas a dar otro color si lo hacemos blanco de nuestras necesidades.

Es el inodoro, palabra que no condice con las acciones que en él se realizan, porque inodoro es algo que no tiene olor y sin embargo de él emanan olores que mejor no descubrir.

Son antiquísimos. Ya los romanos los usaban en sus baños suntuosos o los colectivos para la plebe. Algunos son muy primitivos, como ocurre en ciertos lugares del campo, donde está el retrete, no confundir con retreta que es una variedad del sonido, aunque el inodoro tiene sus sonidos propios y descriptivos.

Con al advenimiento del agua corriente se hicieron de uso masivo aunque la pobreza del mundo es tal que en la actualidad hay millones de personas que no tienen un inodoro a mano, o a nalga sería mejor expresión.

Lo usamos de parado o sentado los hombre y sentadas siempre las mujeres. No conviene hacer malabarismos con ellos porque todo puede terminar para el dorso que es para lo que precisamente está.

Antes tenían una cadena que hacía descender el agua de un tanque colocado a cierta altura para que el agua adquiriera energía cinética y llegara con fuerza al depósito. Se fue abandonando el adminículo, aunque todavía muchos recomiendan "tirar la cadena", por más que la cadena haya sido reemplazada por un botón.

Tienen doble tapa para hacer más higiénico el trámite pero a veces complican la tarea, porque el hombre que tiene la precaución de levantar la tapa cuando orina, por una cuestión de buena educación y de algún modo de salud pública, está parado viendo lo que está haciendo, ya que generalmente uno mira y la nota que  la tapa se le cae, entonces tiene que hacer maniobras arriesgadas para mantener la tapa en alto y cumplir con el servicio.

Nos sentamos en él durante varios minutos por día y sobre él meditamos de aquellas cuestiones que nos preocupan o nos entretenemos con los mensajes del teléfono celular. Somos capaces de llamar a nuestro amor y decirle palabras dulces mientras estamos en estos menesteres. No se condicen.

Algunos leen y son capaces de estar largos minutos encerrados en el baño, porque entonces el baño se cierra herméticamente. Uno quiere estar solo con sus intimidades, sin observadores que analicen su faena.

Tiene por compañero, no en todos lugares, al bidet, que es un invento francés tendiente a hacer más pulcra la limpiada que suele sobrevenir después del hacer. "Bidet" viene de caballito porque uno lo monta al bidet, y es dócil, a pesar de lo que uno le ofrece ni siquiera cacarea.

El inodoro no ha sido reconocido en toda su dimensión, que no es muy grande, y debería serlo porque en algún momento del día nos encontramos con él y hasta nos da ganas de saludarlo.

Tal vez usted esté leyendo esta nota sentado en el inodoro, de ser así trate de que el diario vuelva entero a su lugar, no lo destroce en procura de limpiezas totales.

Diariamente nos olvidamos del inodoro, pero cuando tenemos alguna revolución expulsativa en el estómago deseamos enfrentarnos con uno para nuestro alivio. Entonces adquiere la categoría de imperioso.

Eso sí, a pesar de que  abundan en muchos lugares, no hay inodoro como el de casa.

Seguí leyendo