Jorge Sosa Miercoles, 7 de Agosto de 2019

Desorientados

Estábamos en clase en la facultad, en una especie de coloquio con grupos de alumnos. Intercambiando ideas pero también conociendo el pensamiento de cada uno, sus preocupaciones, sus ilusiones.

Miercoles, 7 de Agosto de 2019
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Miercoles, 7 de Agosto de 2019 | Estábamos en clase en la facultad, en una especie de coloquio con grupos de alumnos. Intercambiando ideas pero también conociendo el pensamiento de cada uno, sus preocupaciones, sus ilusiones.

A más de las preguntas de funcionamiento de la cátedra, de los temas que estábamos tratando, traté de ir más allá. "¿Cómo se sienten con la facultad, con la universidad, con lo que les está pasando?", me atreví a preguntar.

Primero hubo un silencio significativo, elocuente, que estaba demostrando que les costaba desatar el nudo que tenían en sus interiores. Entonces incentivé el encargo, y renové la pregunta.

La respuesta, en muchos casos, fue abrumadora, conmovedora, poco menos que aterradora. "La facultad parece una guardería para adolescentes", me dijo uno. Otro confesó: "Estoy acá porque es el lugar que menos daño me produce". Tragué saliva con vocación y todo. "No sé y creo que no me interesa". Fue la respuesta de otros.

Me quedé sin palabras, había esperado respuestas duras, conozco el paño y sé que muchos están por estar, porque hay motivaciones en sus vidas que los impulsan a estudiar, pero no porque ellos realmente lo quieran. Tragué saliva y me pareció saliva amarga.

Tienen entre 20 y 22 años. En otras épocas a esa edad uno ya tenía historia, seguramente familia, seguramente responsabilidades, seguramente algunos objetivos cumplidos.

Ahora, en muchos casos lo que menos hay es seguramente, lo que hay es dudablemente, vacilantemente, dispersamente. Pero no es un estado que adquieran en la Universidad. La Universidad puede que les sirva de colmo, porque bueno, más allá de la Universidad parece no haber nada más.

Entonces es el colmo que dentro de ella se sientan fuera de ella o quieran estar fuera de ella. Pero no es un contagio universitario, vienen así del ciclo de enseñanza media.

Creo que no nos hemos puesto a estudiar el caso con la responsabilidad que el caso requiere. Esto no se arregla ni con un decreto, ni con un seminario de perfeccionamiento docente, ni siquiera con una ley federal. Esto se arregla comprometiéndonos hasta la médula todos aquellos que tenemos que ver con el asunto.

Son nuestros pibes. ¿Se acuerdan? La esperanza de la patria, el futuro de la nación, el porvenir del país y un montón de proclameses más. Son nuestros pibes, están desorientados, pero creo que es más que eso, están desorientados en un país de desorientados.

Eso es lo grave. Por eso digo: esto no se arregla con diez minutos de preocupación diaria, ni con terapias convencionales ni alternativas, ni vení, charlemos un ratito, ni llevate el auto si querés, ni acá tenés plata para fernet.

Esto no se arregla ni siquiera siendo un buen docente, ni un buen padre, ni un buen ministro. Es indispensable que cumplamos nuestra parte pero no es suficiente. Si no le ponemos amor esto sigue siendo un remiendo, no un vestido.

 A esto lo arreglamos entre todos y de una buena vez o terminará desarreglado para siempre. Hace un tiempo tuve un coloquio con mis alumnos de la facultad, por un momento sentí que yo no servía para nada. ¿Y saben qué? De ser así, quiero empezar a servir. Ojalá podamos servir todos.

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